Pescado graso y ácidos omega 3 reducen el riesgo de fallo cardiaco en hombres

MADRID, 22 (EUROPA PRESS)

El consumo moderado de pescado graso y ácidos grasos omega 3, que se encuentran en el aceite de pescado, parece proteger a los varones del fallo cardiaco, según un estudio dirigido por el Centro Médico Diaconesa Beth Israel y la Escuela de Medicina de Harvard en Boston (Estados Unidos). Los resultados del estudio se publican en la revista 'European Heart Journal'.

Sin embargo, el efecto se observó sólo en los hombres que comen aproximadamente una ración de pescado graso a la semana y que consumían de forma moderada ácidos grasos omega 3 marinos, unos 0,3 gramos al día. Tomar más de esta cantidad no supuso un beneficio mayor y situaba las posibilidades de tener un fallo cardiaco al mismo nivel que el observado en quienes no consumían estos alimentos.

El estudio no proporciona pruebas de que tomar suplementos alimenticios que contengan ácidos grasos omega 3 marinos produzca diferencias. Los hombres del estudio conseguían la mayor parte de estos componentes a través de su dieta.

El equipo de investigadores, procedentes de los Estados Unidos y Suecia, siguieron a 39.367 hombres suecos con entre 45 y 79 años de 1998 a 2004. Registraron detalles sobre su dieta y siguieron su progresión a través de registros de hospitalizaciones y de mortalidad. Durante este periodo, 597 hombres sin antecedentes de enfermedad cardiaca o diabetes desarrollaron fallo cardiaco y 34 murieron.

Los investigadores descubrieron que los hombres que comían pescado graso como arenque, caballa, salmón, corégono y trucha alpina, una vez por semana, eran un 12 por ciento menos propensos a desarrollar fallo cardiaco en comparación con aquellos que no comían nunca pescado graso.

Aunque esta asociación no tenía fuerza estadística, los investigadores también descubrieron un asociación significativa con el consumo de ácidos grasos omega 3 marinos. Los hombres que consumían aproximadamente 0,36 gramos diarios eran un 33 por ciento menos propensos a desarrollar fallo cardiaco en comparación con aquellos que no consumían ácidos grasos omega 3 o lo hacían muy poco.

Los investigadores dividieron a estos hombres según su consumo de pescados grasos y ácidos grasos omega 3 marinos. Los resultados mostraron que el grupo de consumo intermedio, que tomaba una ración de pescado graso a la semana, tenía un 12 por ciento menos de riesgo en comparación con quienes nunca lo comían o aquellos que tomaban dos o tres raciones por semana.

En el caso de los ácidos grasos marinos, también los del grupo intermedio que consumían 0,36 gramos diarios tenían un 33 por ciento menos de riesgo de fallo cardiaco en comparación con los que consumían 0,46 o 0,71 gramos al día que tenían un riesgo similar a los que no tomaban nada o muy poco.

CONSUMO MODERADO, NO EXCESIVO

Según explica Emily Levitan, directora del trabajo, "nuestro estudio muestra que un consumo moderado de pescado graso y de ácidos grasos omega 3 marinos se asocia con menores tasas de fallo cardiaco en hombres y que aquellos que consumen cantidades mayores no consiguen más beneficios".

La investigadora señala que esta relación en forma de U entre el pescado graso, los ácidos grasos omega 3 marinos y el fallo cardiaco fue un descubrimiento inesperado. Según Levitan, la mayor tasa de fallo cardiaco en hombres que consumían las mayores cantidades de estos alimentos en comparación con el consumo moderado podría ser algo casual.

"Estos podrían ser hombres con mala salud que comieran más pescado para intentar mejorar y por ello los pescados grasos y los ácidos grasos parecen factores de riesgo para el fallo cardiaco. Sospecho que esta es la explicación más probable, pero no podemos estar seguros a partir de estos datos", añade la investigadora.

Estudios previos han mostrado que los pescados grasos y los ácidos grasos omega 3 ayudan a combatir los factores de riesgo de un amplio rango de trastornos cardiacos como bajar los niveles de triglicéridos, la presión sanguínea, la tasa cardiaca y la variabilidad en esta tasa. Esto podría explicar la asociación con un menor riesgo de fallo cardiaco que los investigadores han descubierto en el estudio actual.