Se acabaron los empleos seguros


  • Aspirar a un trabajo seguro es tan legítimo como utópico. Y me temo que si los chicos no se enteran de esa evidente realidad es porque la sociedad no quiere.

  • Esta sociedad condena al fracasado y por eso inyecta en sus jóvenes el paralizante miedo al fracaso. La clave sigue siendo hacer las cosas mejor que los demás.

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¿Qué país europeo tiene los mejores expertos emergentes en ciberseguridad? España participa en el desafío MADRID | Portaltic/EP

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Casi dos tercios de los jóvenes españoles centran sus objetivos profesionales en encontrar un trabajo seguro; por encima de una retribución apreciable (30 por ciento) o de que le ofrezca oportunidades de crecer profesionalmente (29), según datos de la encuesta del Centro Reina Sofía sobre Asdolescencia y Juventud.

La tranquilidad de la oposición

Esa aspiración me recuerda a mi madre, que a pesar de ser ella misma una mujer pionera, de las primeras españolas que alcanzó una licenciatura universitaria en los años de la II República, no se quedaba tranquila con el futuro laboral de sus ocho hijos hasta que no “sacaban” alguna oposición.

De hecho, cinco de los ocho hermanos, tienen número de funcionario… Con sus nietos ya renunció al objetivo funcionarial, pero nunca olvidaré su sonrisa de satisfacción cuando uno de mis hijos le anunció que había empezado a trabajar en Banesto.

Banesto ya no existe

Hace veinte o treinta años Banesto y cualquier banco eran símbolo de estabilidad cuasi funcionarial –de hecho había academias que se dedicaban a preparar “oposiciones para banca”. Hoy Banesto no existe y nadie con sentido común apostaría a favor de la estabilidad laboral en un banco.

La estabilidad laboral, entendida como un empleo indefinido que, salvo catástrofe, durará hasta la jubilación ha desaparecido. Cualquier empresa, y por tanto cualquier empleo, está sometida a las incertidumbres de todo tipo: desde las derivadas del progreso tecnológico a las causadas por la liberalización de los mercados mundiales, pasando por la progresiva regulación a la que están sometidos los diferentes sectores.

Ni Google es segura

En otras encuestas Google es la empresa más admirada y la preferidapara trabajar en ella… Pues bien, además de desear larga vida a Google, lo cierto es que la desaparición de más de un gigante tecnológico obliga a poner en duda la supervivencia indefinida de los que hoy están en la cima.

Aspirar a un trabajo seguro es tan legítimo como utópico. Y me temo que si los chicos no se enteran de esa evidente realidad es porque el conjunto de la sociedad española no les transmite los mensajes adecuados. No me refiero a clases magistrales impartidas desde un estrado alto y lejano, si no a ese conjunto de mensajes no verbales que se transmiten en el día a día de una sociedad.

Perder miedo al fracaso

Por ejemplo y solo a título enunciativo: la sociedad española condena al fracasado y por eso inyecta en sus jóvenes el paralizante miedo al fracaso; se valora excesivamente el dinero, que aunque necesario no es la clave del éxito; se olvida que el diccionario es el único lugar donde éxito aparece antes que trabajo; para innovar no hace falta ser un inventor o un genio del algoritmo: como en el caso de Amancio Ortega basta con hacer las cosas mejor a como tradicionalmente se hacían.