¿Quién teme al 18 de julio?


  • La desaparición del miedo y de cualquier otro límite a la actuación política, no debería dar paso a la irresponsabilidad ni al desprecio al sentido común de los que hacen alarde los actuales líderes políticos.

  • Es posible y aun probable que la obstinada cerrazón a negociar obligue a unas terceras elecciones… Que los culpables de esa repetición electoral se aten los machos.

Santamaría dice que el Gobierno habla con ERC y CDC, pero insiste en que quiere pactar con PSOE y C's

Santamaría dice que el Gobierno habla con ERC y CDC, pero insiste en que quiere pactar con PSOE y C's MADRID | EUROPA PRESS

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Josep Piqué ha escrito, y ha escrito bien, que el miedo está en el origen del movimiento político supranacional que cristalizó en la Unión Europea. Los políticos europeos temían que la paz que siguió a la Segunda Guerra Mundial, resultara tan breve como la que se firmó después de la Gran Guerra Europea.

Por eso, en lugar de un Tratado de Versalles de 1919, que obligaba a la derrotada Alemania a pagar a los vencedores unas insoportables compensaciones de guerra, se obvió –en lo que se pudo, claro-- el concepto vencedor y vencido para afrontar juntos el futuro. Y ya en 1951 se constituyó la Comunidad Económica del Carbón y del Acero, antecedente directo de la Unión Europea.

El miedo de la Transición

Para mí tengo que el éxito de laTransición Política española tras la muerte de Franco, también se debió en buena parte al miedo: miedo por un lado, a repetir la escabechina de la Guerra Civil y miedo, por otro, a que los llamados entonces poderes fácticos tuvieran una oportunidad/excusa para interrumpir cualquier proceso hacia la democracia.

La generación de los políticos que protagonizaron la Transición –con la excepción de Santiago Carrillo y Manuel Fraga—había vivido bajo el síndrome del Después de Franco, ¿Qué?, y con la ambición de que políticamente España dejara de ser diferente.

Ese miedo explica la exhibición de la bandera tricolor española en la primera rueda de prensa, abril 1977, de Santiago Carrillo, con el PCE ya legalizado. Y, seguramente, la renuncia en 1979 al marxismo por parte del PSOE de Felipe González también se puede enmarcar en el escenario de no cabrear a nadie más de lo necesario.

Democracia vigilada

Pero después de la intentona del 23 de Febrero 1981, el miedo dejó de contar, porque la sociedad española apoyó abrumadoramente la Constitución del 78. En aquella fecha se rompió definitivamente la aprensión de que la democracia española fuera una democracia vigilada, en la que había tabús y poderes ajenos a los constitucionales que no se podían quebrantar.

Pero la desaparición del miedo y de cualquier otro límite a la actuación política, no debería dar paso a la irresponsabilidad ni al desprecio al sentido común de los que hacen alarde los actuales líderes políticos.

Un duro castigo

Evidentemente, las elecciones no han arrojado un resultado inapelable, pero precisamente esa falta de una solución aritmética, debería estimular a los políticos la aplicación de las cualidades necesarias para intervenir en la res publica, entre las que resplandece la flexibilidad.

Es posible y aun probable que la obstinada cerrazón a negociar obligue a unas terceras elecciones… Que los culpables de esa repetición electoral se aten los machos, porque el castigo de los electores puede ser memorable.