El Brasil más polifacético prepara un Mundial de dimensiones continentales

  • Río de Janeiro, 31 may (EFE).- El Brasil más polifacético prepara un Mundial de dimensiones continentales, con doce variopintas ciudades separadas por distancias de hasta 4.500 kilómetros, y con diversos climas que dificultarán la vida de las selecciones y de los aficionados.

Río de Janeiro, 31 may (EFE).- El Brasil más polifacético prepara un Mundial de dimensiones continentales, con doce variopintas ciudades separadas por distancias de hasta 4.500 kilómetros, y con diversos climas que dificultarán la vida de las selecciones y de los aficionados.

La mitad de las ciudades repetirá del Mundial de 1950: Río de Janeiro, sede de la final en ambas ocasiones, Sao Paulo, Recife, Porto Alegre, Curitiba y Belo Horizonte.

Para las otras seis, será toda una novedad: Brasilia, fundada una década después de aquel Mundial, las norteñas Fortaleza, Natal y Salvador, la amazónica Manaos y la occidental Cuiabá, que obligarán a enormes desplazamientos incluso superiores a los del Mundial de Estados Unidos 1994.

En su trasiego entre partido y partido, los equipos y seguidores serán testigos de un Brasil heterogéneo y podrán medir las diferencias, tanto culturales como urbanas, que dibujarán el Mundial probablemente más diverso que se recuerde.

Por ejemplo, se podrá comparar la mastodóntica y cosmopolita Sao Paulo, la mayor urbe de Suramérica, cuya área metropolitana suma 20 millones de habitantes, y Cuiabá, una pequeña ciudad rural enclavada en medio de un casi continuo paisaje de haciendas de soja.

Tampoco será para menos el contraste entre las ciudades del sur, con índices de desarrollo humano equivalentes a los de los países europeos, con el empobrecido norte del país.

Resaltarán las diferencias sociales y culturales de un sur con tintes alemanes, en el que predominan los cabellos rubios y ojos azules, con un noreste de rostro negro y cultura de raíces africanas.

En la fecha del Mundial, capitales como Recife y Salvador estarán sumergidas en medio de sus "fiestas juninas", que exaltan la vida campesina a ritmo de forró, una música tradicional que invita a bailar muy arrimado a la pareja con sus acordes de acordeón, tambor y triángulo.

Mientras que Río continuará con su efervescencia habitual, con sus siempre concurridos y esplendorosos espectáculos de samba a los que ni el fútbol, la otra pasión nacional, consiguen hacer sombra.

Pero, sin duda, lo que más chocará será la diversidad climática entre las diferentes regiones, que obligará a llevar en la maleta ropa de abrigo para el sur, bañadores para las playas septentrionales y preparación tanto para los aguaceros tropicales de la Amazonía como para el clima desértico del altiplano central.

En Porto Alegre o Curitiba, el rigor del invierno austral exigirá a las selecciones equipaciones de manga larga y hasta guantes, puesto que las temperaturas pueden rondar los cero grados en junio y julio.

En el otro extremo, en ciudades como Recife, Natal, Fortaleza o Salvador, el calor superior a 30 grados podría suponer todo un problema si los partidos se juegan por la tarde, aunque será toda una bendición para los aficionados que quieran disfrutar de sus playas tropicales.

El calor, acompañado de una atosigante humedad, pondrá a prueba el estado físico de los jugadores que disputen encuentros en la amazónica ciudad de Manaos, ubicada en el corazón de la mayor selva del planeta, en el punto en el que el río Negro desagua en el Amazonas.

En cambio, en las urbes del centro del país, como es el caso de Brasilia, Belo Horizonte o Cuiabá, el Mundial llegará en mitad de la estación seca, cuando se registran niveles de humedad saharianos, acompañados, eso sí, de temperaturas suaves.

En Río de Janeiro, probable escenario de la final, el invierno también es agradable, con máximas que oscilan entre los 20 y los 30 grados y mínimas nunca inferiores a los 15, clima que contribuirá a participar en el espectáculo de un país que ya promete entregarse enteramente al mayor evento futbolístico del planeta.