Juande Ramos, el estadista ensombrecido por el mejor Barça, se 'despide' con cinco derrotas consecutivas

MADRID, 31 (EUROPA PRESS)

Juande Ramos se 'despidió' hoy del Real Madrid, equipo al que llegó el pasado mes de diciembre, con la vitola de haber logrado 17 victorias en 18 encuentros hasta el enfrentamiento con el FC Barcelona, el que impidió remontada blanca, además de reconocer la labor del manchego.

El mejor Barça de la historia, campeón de todo, "ha ensombrecido nuestro trabajo". Así lo explicaba Juande Ramos ayer en rueda de prensa. Sólo la magnífica temporada de los culés, el eterno espejo en que mirarse, ha impedido que el técnico blanco acabase con medallas en su solapa.

Y es que Juande se despide del Real Madrid aunque tenga contrato hasta el próximo 30 de junio, ya que la llegada de Florentino Pérez a la presidencia supondrá un cambio de tercio, de proyecto y, sobre todo, de "ilusión", salvo sorpresa mayúscula, después de esta última campaña, en la que ha habido cambio de presidente, de entrenador y salida por la puerta de atrás del director deportivo Pedja Mijatovic.

Juande Ramos se marcha de la entidad merengue con un buen currículum a pesar de que los últimos cinco partidos los haya perdido, fruto ya de la desidia y desazón de un equipo que desde el 2-6 del Bernabéu ha deseado con todas sus fuerzas el final de la temporada.

Este récord negativo entra en la historia del Real Madrid, que sólo una vez antes había pasado por esta situación. Fue entre la jornada 34 y 38 de la temporada 2003/04 con Carlos Queiroz como inquilino del banquillo.

Pero datos al margen, el manchego se marcha en su experiencia como entrenador madridista con la espina de no haber sumado ninguna victoria en aquellos partidos ante rivales de entidad, de talla superior. Le pasó en su estreno liguero ante el Barça (2-0), en la vuelta, y en los dos enfrentamientos ante el Liverpool de Liga de Campeones (0-1 y 4-0).

Un balance que comenzó con el 3-0 al Zenit de San Petersburgo y con lo que parecía una transformación importante, pero que se quedó en un simple maquillaje con dosis de la inquebrantable fe de un equipo que guardó para el recuerdo victorias como las de Getafe (3-2) tras el gol del incombustible Higuaín en el descuento.