Hay que descubrirse ante el tricampeón


Aficionados azulgrana celebrando el nuevo título de Champions

Aficionados azulgrana celebrando el nuevo título de Champions

Después, al final, el grito de la locura, el desmadre de la pasión y el desenfreno de la alegría fueron sensaciones reservadas sólo para los culés. Pero antes, señores, a este Barça de Guardiola hay que despedirlo puesto en pie y con una inclinación de cabeza en señal de repeto y admiración para uno de los equipos que mejor ha jugado al fútbol en toda la historia. Y eso que el arranque del partido fue preocupante. Qué miedo en el cuerpo nos metió un Manchester que desmentía todas las 'profecías' tácticas de los días anteriores y salía presionando arriba, apretando, no dejando salir al Barcelona y no dejando ni una posesión larga de los azulgrana en los primeros cinco minutos. Algo absolutamente inusual para el equipo de Guardiola.

Ferguson había conseguido su objetivo y había sorprendido a todos con un Manchester arriba que no dejaba un metro, recuperaba muy rápido y además tocaba. Daba toda la sensación de que el técnico inglés pensaba que, contra el Barça, el mayor riesgo del mundo es dejarles controlar el balón. Y por eso aceptó todos los riesgos que suponía empezar la presión arriba, abrirse a las banda para que los centrales no recibiesen de Valdés… cualquier cosa antes que dejarles salir jugando.

Así se pasó casi diez minutos. Con todos alucinando con la sorpresa de Ferguson. Y fruto de ella, tres disparos de Cristiano Ronaldo y una clara ocasión de gol a rechace de Valdés, que salvó Piqué in extremis. El Barça no había dado ni tres pases seguidos. No había quien lo reconociese, y, de repente apareció Iniesta. Condujo con alegría, en vertical, vio a Eto'o y le dio el balón para que el camerunés se inventase un regate y metiese la puntera que destrozaban todo la oscuridad que se cernía e sobre el Barcelona.

De un solo golpe el equipo de Guardiola lograba encender todas las luces de su inteligencia futbolística y de su saber, y encendían las luces del espectáculo yla maravilla.

No es que comenzasen a funcionar como un reloj, pero amenazaban con ello y el Manchester se perdía sobre el campo por minutos. Es verdad que los de Ferguson duraron unos minutos intentando mantener su propuesta futbolística. Incluso tuvieron una clara ocasión en un saque de falta de Cristiano, a la que respondió Messi con un gran disparo que se fue por poco. Pero según pasaban los minutos el Barça se iba pareciendo más a sí mismo, al toque, y el Manchester se iba conformando con buscar transiciones rápidas, casi siempre hacia un Cristiano que buscaba desesperado la derecha, la izquierda, el centro… pero no encontraba el balón casi ninguna vez.

Y así pasaron los minutos hasta que en el 24 llegó la primera lección magistral azulgrana. Más de minuto y medio seguido de posesión de balón, de toques… llegando al borde del área, dando la vuelta, y la revuelta, ahora a la banda para que pruebe Henry, ahora otra vez Iniesta, ahora al otro lado a ver qué hace Eto'o, vuelta a empezar… y falta al borde del área que a punto estuvo demarcar Xavi.

Empezaba la locura culé en la grada y la desesperación inglesa sobre el césped, que es la más grave. Porque el Manchester se volvía loco y demostraba que un gran equipo como él no está acostumbrado a correr por todo el campo detrás de un rival que hace diabluras con la bola y nunca la pierde. Y con esa desagradable realidad eran incapaces de encontrarse a sí mismos.

Y así llegaban al descanso. Los últimos minutos de la primera mitad eran sólo el preludio de una segunda parte en la que durante muchos minutos vimos y disfrutamos con el Barcelona de todo el año. El que convierte el fútbol en delicia, el toque en delicatesen y el balón en el más delicioso manjar. Sólo Berlusconi era capaz de preferir dormir a vivir este sueño, aunque un oportuno acceso de tos de nuestro rey le despertó.

Y ya le puede dar las gracias, porque haberse perdido la segunda parte azulgrana habría sido un auténtico delito. Cómo juegan los de Guardiola. Cómo empezó a tomar la batuta Iniesta, a conducir el balón, a tocar… a dar una fiesta a los ojos de todos los aficionados al fútbol.

Cómo fue de menos a más Xavi, con sus dos magistrales saques de falta, uno de ellos estrellado en el poste. Cómo guardaba Puyol su banda y cómo empezaba a subir, según pasaban los minutos, que casi parecía la reencarnación de Dani Alves. Cómo aprovechaba Henry los balones en la esquina del área para dar sus recortes y estar dos veces a punto de marcar.

ómo trabajaba Eto'o, con generosidad en defensa y con ambición en ataque. Y como aprovechaba Messi su posición novedosa, en el centro de la delantera y con más libertad de movimientos… Cómo estuvieron todos el día en que sólo los más grandes son capaces de dar la talla.

Porque si el Barcelona de Guardiola lleva una temporada dando exhibiciones sin parar, hacerlo en toda una final de la Champions y ante un rival tan potente como el Manchester es algo visto muy pocas veces en la historia del fútbol.