Camboya reinventa el voleibol del barón de Coubertin

  • Sen Monorom (Camboya), 24 mar (EFE).- El barón Pierre de Coubertin, el padre de los Juegos Olímpicos modernos, no tiene muchos seguidores en los partidos de voleibol en Camboya, donde lo importante no es participar sino la bolsa de las apuestas.

Camboya reinventa el voleibol del barón de Coubertin

Camboya reinventa el voleibol del barón de Coubertin

Sen Monorom (Camboya), 24 mar (EFE).- El barón Pierre de Coubertin, el padre de los Juegos Olímpicos modernos, no tiene muchos seguidores en los partidos de voleibol en Camboya, donde lo importante no es participar sino la bolsa de las apuestas.

El dinero que se pone en juego supone una cantidad respetable para los camboyanos que viven, entre otras provincias del país, en Mondolkiri, en el oeste, donde la mayor parte de las familias subsiste con tres o cuatro dólares al día.

"Cada jugador paga 5.000 rieles (98 centavos de euro) y el equipo que vence se lo queda todo", explicó Visal, uno de los más reputados jugadores de Sen Monorom, la diminuta capital de Mondolkiri, demarcación cuya población pertenece, en un 75 por ciento, a diez etnias minoritarias.

Visal, antes campesino de profesión y ahora capitán de equipo de voleibol, añadió que "el envite va subiendo a medida que se solicitan revanchas y a veces llega a los 25 dólares por equipo".

Uno de cada tres camboyanos vive por debajo del umbral de pobreza y el noventa por ciento de los más pobres habita en las áreas rurales, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

No todo el mundo puede participar en el partido y cada equipo elige la alineación en función de la destreza del atleta, su forma física y las monedas que guarda en el bolsillo, porque hay que tener presente el capital que se necesitará para sufragar la revancha si no consiguen batir al rival en el primer enfrentamiento.

"Antes se apostaba poco, se jugaba más por diversión. Pero ahora sólo se juega por dinero, y lo hace mucho más interesante", señaló Visal.

Hasta tal punto llega la pasión por el juego, el de las apuestas, que "a veces, si un equipo es muy bueno, se acuerda que participe con un hombre menos", apuntó Veasana, otro joven camboyano que se reparte dentro de la cancha y fuera, como deportista y apostante.

Las propias autoridades se encargan de promover la práctica del balón volea en las escuelas de todo el país y no falta en los centros la típica pista con la alta red.

"Mi novio acude a diario a jugar y, si hay un día que no puede ir, regresa a su casa enfadado y se va directo a dormir", comentó la joven camboyana Sophean.

La campaña policial emprendida este año por el Gobierno con la finalidad de cerrar las casas ilegales de apuestas, que compiten con los grandes y lujosos casinos construidos cerca de la frontera con Tailandia, ha contribuido a aumentar el interés popular por el voleibol, que es para muchos el medio de sustento diario.

Dicen los camboyanos que la afición por el voleibol arrasa en su versión de suelo encharcado, una modalidad nada gratuita en un país que se pasa la mitad del año convertido en un barrizal por las lluvias que traen los monzones.

Ayuda para montar el campo la facilidad con que se encuentra una buena red en cualquier sitio de una nación que tiene en la pesca en ríos y lagos su principal fuente de proteína.

Listo el terreno de juego, camboyanos de todos los rincones del país se concentran cada día a partir de las cuatro de la tarde, cuando el sol se pone y el calor remite, para disputar el partido, pero no en el espíritu que inculcó Coubertin.

Jordi Calvet