Las pizarras de la final de mañana


Por eso, por la enorme personalidad de los técnicos, por el gran compromiso de los jugadores y por la capacidad de entrega hasta del  utillero, United y Barcelona presentan el mayor espectáculo del mundo en  las pizarras. El duelo técnico-táctico más atractivo del mundo en el momento actual.

Claro que si nos sentamos a analizar el encuentro parece que sólo hay análisis posible al 50%. Porque del Barcelona no hay muchas alternativas que plantearse. Mejor dicho, no hay ni una alternativa táctica sobre la que teorizar o discutir. Porque Guardiola va a hacer jugar a su Barça como sabe. Como ha jugado siempre esta temporada. Como afronta los partidos más fáciles y los más difíciles. Fiel a su estilo y seguro de sus posibilidades. Sabiendo que las sorpresas del juego las dan los jugadores sobre el campo, tanto a la hora de mover y mover a toda velocidad, como cuando llega el turno de correr y correr para robar lo antes posible.

Sin duda, es un partido en el que el Barcelona sabe a qué juega y el Manchester tendrá que elegir.

Porque en el otro 50% del análisis, por el contrario, nos encontramos con uno de los conjuntos tácticamente más ricos del planeta. El Manchester es un equipo híper trabajado (no más que el Barça) capaz de enseñar muchas caras e incluso de cambiarla varias veces durante los noventa minutos, según se vaya desarrollando el encuentro y moviendo el marcador.

En el análisis previo de Ferguson puede contemplar la posibilidad de que el Manchester juegue dominando el balón o incluso presionando arriba. Pero esta última posibilidad, conociendo las capacidades del  Barcelona, podría sonar a  locura.  Porque los azulgrana son unos genios convirtiéndose en el equipo más ancho del planeta. Abren los centrales descaradamente hasta las bandas, mandan arriba a los laterales, y aparecen  los tres mediocentros entre los centrales para subir el balón. Y como además tiene sobrada  capacidad para darse la vuelta, ‘escapar’ de cualquier presión y dar salida a la pelota a toda velocidad, el Manchester podría encontrarse demasiadas veces en inferioridad defensiva. La fórmula que suena más posible y posiblemente la mejor opción a priori, para el Manchester, sería esperar atrás y salir a la contra. Vamos, lo mismo que hizo el Chelsea, que probablemente ha sido el único equipo capaz de ponerle las cosas casi imposibles al Barcelona, y durante dos partidos diferentes.

La ventaja del Manchester sobre el Barcelona, a la hora de defender, es que los de Ferguson son capaces de pasarse veinte minutos encerrados atrás y achicando balones sin inmutarse. Sabiendo que pueden aguantar lo que haga falta. Pero este Barcelona jamás podría jugar así. No sería capaz de sentirse cómodo ni durante tres minutos. Los propios jugadores se verían muy, muy raros encerrados atrás, temiendo  que cada ocasión sea un aviso de gol demasiado serio.

Por eso el Barcelona jugará a la suya. Intentará ser fiel a sí mismo sabiendo que todo el equipo tiene una enorme fe en su sistema. Y sabiendo que enfrente tiene un equipo que táctica y técnicamente es muy bueno, que tiene velocidad y calidad, y que estará dispuesto a sorprenderle cambiando de cara varias veces durante el partido, gracias a las muchas alternativas que son capaces de desplegar sus jugadores. Lo que buscará el Manchester en su presión es que los cerebros del Barça no puedan recibir el balón, pues la única manera de evitar la circulación rápida y las arrancadas en diagonal de Messi. Pero no será una tarea nada fácil, y les obligará a elegir una zona concreta del campo para juntar las líneas y presionar con una fuerza e intensidad que no permitan despistes.

Además, intentarán frenar las salidas de Piqué con el balón, sabiendo que tiene criterio y es capaz de iniciar jugada, aunque no se preocuparán en exceso si el balón lo intenta subir Puyol, por ejemplo.

Lo importante para el Barça es impedir que la final se convierta en un partido de choque, porque ahí tiene las de perder. Los azulgrana son consciente de que ellos sólo saben defender teniendo la pelota, y por eso insistirán en recuperar rápido arriba e intentarán, como siempre, terminar todas las jugadas para que nunca les pillen a la contra.

El Barça sabe que físicamente no tiene nada que envidiar a los ingleses. Iniesta y Eto’o hacen muchísimos kilómetros en cada partido, y Xavi es, en casi todos los encuentros, el jugador que más corre de los veintidós. Tanto, que casi nunca baja de los diez kilómetros por partido. Y eso, que ya es muchísimo para cualquiera, le convierte en un portento físico si tenemos en cuenta que lo hace manteniendo un exquisito trato con el balón, mirando, mandando, repartiendo, y llevando el mando y el ritmo del partido.

La mayor preocupación barcelonista son las bajas en defensa. Y sobre todo la incógnita de Yayá Touré contra jugadores tan rápidos. Porque si contra el Chelsea hizo un partidazo y pudo frenar a Drogba, ahora lo tiene mucho más difícil.  Porque seguro que una de las fórmulas más empleadas por el Manchester para buscar la portería de Valdés, serán los balones largos arriba. Y esta vez Touré tendrá enfrente a dos jugadores mucho más rápidos que Drogbá y que se mueven mucho más en busca del espacio, como son Rooney y Cristiano Ronaldo. De todas maneras, como ocurre en casi todas las finales, la psicología será probablemente la tarea más importante del entrenador. Las buenas sensaciones en los primeros  minutos de partido, el ánimo con el que salten al campo, lo cómodos que se sientan mentalmente en las primeras jugadas… todo eso puede marcar decisivamente los primeros compases del partido. Y en esta materia, como ha demostrado, Guardiola es un genio. Aunque Ferguson está muy acostumbrado a ganar finales, y seguro que siente menos ansiedad.