Messi oscureció a un buen Cristiano Ronaldo


Y si ha sido su partido de despedida en el Manchester le brindó la oportunidad al club de pedirle un par de millones más a Florentino Pérez si finalmente se decide a sacar la chequera por el portugués.

Ronaldo empezó de ‘9’, como siempre últimamente, y antes de que el Barcelona entendiese las maniobras que maquinaba  jugando en punta, se encontró en el minuto 1 con una de sus suertes preferidas. Una falta esquinada a la  izquierda del área, perfecta para su perfil diestro. Le metió el empeine total, como sólo él sabe, provocando un bote demoníaco ante Valdés.

Enseguida enseñó sus cartas. Descolgarse unos metros para recibir a la espalda de Busquets, girarse  y encarar. Así sacó su segundo tiro otra vez brutal en el minuto 7 y un tercero desde dentro del área en el 8, esta vez con la zurda. Gestos, manos al cabello y flashes. El chico es guapete. Todo un álbum en los primeros minutos para las carpetas de las adolescentes.

Messi empezó por el centro, en idéntica posición que Cristiano y con las mismas órdenes. Bajar a recibir, darse la vuelta y encarar. Dejó la banda para Eto’o, por donde vino el gol. Cristiano que pide calma y anima.

Un paréntesis: saltitos en el palco de Laporta y Zapatero que le tendía la mano al Rey por encima de Berlusconi. Al primer ministro italiano la cirugía estética le está jugando una mala pasada. La reencarnación de Torrebruno. Peores figuras hay en el museo de cera.

Decíamos que la ‘pulga’ no palpó el balón hasta el minuto 11. Pifió con una patada mordida un saque de esquina bien ejecutado en la estrategia. El argentino se pasó de velocidad y golpeó más aire que cuero.

Ronaldo siguió manteniendo al Manchester. Sabía que era su partido, que tenía al planeta pendiente de su condición de mejor jugador del mundo.  En velocidad, le sacó una falta con tarjeta a Piqué a los 15 minutos. Otra al borde del área. A partir de ese momento empezó el duelo real con Messi que a continuación, llegando desde atrás, soltó un latigazo que salió alto por muy poquito. Se inició un tuya, mía. Otro tiro de Cristiano y otro remate de cabeza. Los siete remates del Manchester  en los primeros veinte minutos habían sido del portugués.

Messi fue igualando el protagonismo en cuanto el Barcelona adquirió la posesión. Una jugada de más de treinta toques del Barça fue calentando a Cristiano que pedía mandar más que nadie sin necesidad del brazalete. El argentino encaró siempre y se llevó tarascadas de todos los colores, pero no terminó de encontrar la pared con Eto’o, Henry, Xavi o Iniesta. Iba contra todos y ningún inglés le podía parar. Justo antes del descanso le echó una carrera a cuatro del Manchester y sólo le vieron la matrícula. No tuvo socio en el pase.

Al mismo ritmo que crecía Messi, que suplicó un penalti nada más empezar la segunda parte, se fue hartando de correr Cristiano. No le gusta al portugués estar en el centro de los rondos y el del Barcelona era eterno.

Habían corrido diez minutos y él sin tocarla. Desesperado, cayendo en fuera de juego, pero hecho un pincel. Las jugadas finalizan para él cuando se pasa los dedos para colocarse bien el flequillo. El portugués decidió una lucha en solitario. De velocidad, de regate, perfilándose para el latigo de su derecha. Si alguien podía devolver al Manchester a la final era él. Pero esa batalla individual le anuló. Se metió en muchos líos y enseñó su cara B, la del ‘niño’ que protesta todo, que se envenena y coge rabietas. De su lado feo salió un balonazo infantil contra el banquillo del Barcelona.

Ya no hubo más Cristiano, que estrelló un remate franco contra Víctor Valdés, y sí mucho Messi. La ‘pulga’ fue La ‘Jirafa’ para elevarse, mantenerse en el aire un eterno segundo y cabecear a la red de Van der Saar el segundo gol del Barcelona. Se reencarnó en Santillana para firmar un golazo. El decisivo, el que llevaba la Copa a Barcelona. Ronaldo había claudicado, afeando su buen partido discutiendo con todos, mucho con Puyol, un poco con Eto’o, otro rato con Xavi. Lloraba al final frustrado por su destino. Había enseñado lo mejor  de su repertorio, también lo peor cuando se supo perdedor. La Copa era de Messi.