La Pista Central de Wimbledon inaugura el techo retráctil

  • Londres, 17 de mayo (EFE).- La inauguración, hoy, del nuevo techo retráctil de la Pista Central de Wimbledon marcará un antes y un después en el torneo de hierba más prestigioso del mundo y hace recordar, también, la apasionante final disputada en el 2008 entre el suizo Roger Federer y el español Rafa Nadal, interrumpida por la lluvia.

La Pista Central de Wimbledon inaugura el techo retráctil

La Pista Central de Wimbledon inaugura el techo retráctil

Londres, 17 de mayo (EFE).- La inauguración, hoy, del nuevo techo retráctil de la Pista Central de Wimbledon marcará un antes y un después en el torneo de hierba más prestigioso del mundo y hace recordar, también, la apasionante final disputada en el 2008 entre el suizo Roger Federer y el español Rafa Nadal, interrumpida por la lluvia.

Año tras año, edición tras edición, las inclemencias del tiempo, al igual que las fresas y el champán o la indumentaria rigurosamente blanca de los participantes, han sido una constante en esta competición. Hablamos de Londres, y las jugarretas climatológicas han gastado, en este césped, malas pasadas a célebres campeones de este deporte.

Con el estreno, este año, del nuevo techo en la majestuosa Pista Central, apodada, no sin razón, la "Catedral", se espera agilizar el cuadro cuando previsiblemente la lluvia vuelva a alterar el organizado calendario previsto por el All England Club.

Para marcar dicho acontecimiento, el prestigioso club británico organizó hoy un mini torneo de exhibición en el que han participado grandes de este deporte. ¿El objetivo? Comprobar las condiciones de aire de la mencionada pista con su flamante nuevo techo.

Allí se reunieron gigantes de la raqueta, nombres legendarios de este deporte, para ser los primeros en hacer uso del flamante techo. Fueron el estadounidense Andre Agassi, junto con Steffi Graff, la belga Kim Clijsters y el británico Tim Henman, que se midieron en encuentros de la categoría de dobles mixtos y pasaron luego a disputar partidos individuales. Todo, para el deleite de los 15.000 congregados.

Curiosamente, la mañana amaneció regada por la lluvia en la capital británica y dio paso a un fuerte viento y nubes amenazadoras, un hecho irónico que, en cualquier caso, ya no preocupará a la organización de este Grand Slam.

El acto fue presentado por la ex jugadora y ahora comentarista británica Sue Baker, que quiso dar la "bienvenida a una nueva era para la pista más famosa de Wimbledon".

Baker entrevistó brevemente a los cuatro participantes que, como Agassi, recordaron momentos especiales en este mismo escenario.

"Hay jugadores que se preparan toda una vida para tener la ocasión de poder estar aquí, en esta pista", señaló el norteamericano, que hoy disputaba los dobles emparejado con su esposa, Graff.

La belga Clijsters admitió que mientras se preparaba para este torneo se dio cuenta de que quería volver a competir.

"No estaba nada en forma cuando me llamaron y no quería hacer el ridículo. Empecé a entrenarme y me di cuenta de que quería volver a competir", reconoció la tenista.

Tras las presentaciones, y la emisión de un breve mensaje televisado de Roger Federer, la organización procedió a cerrar el nuevo techo -proceso que duró entre 8 y 9 minutos- ante la expectación de los asistentes.

Lo cierto es que de los sinsabores del tiempo se podrían contar miles de anécdotas. Está muy reciente en la memoria colectiva la trepidante final disputada la pasada edición del torneo entre el helvético Federer y el mallorquín Rafael Nadal, actual número uno y ganador del último Wimbledon.

El cuatro veces campeón de Roland Garros hacía historia para el tenis español al batir al entonces número uno del mundo y defensor del título en la considerada final más larga de esta competición (duró 4 horas y 48 minutos), por 6-4, 6-4, 6-7 (5), 6-7 (8) y 9-7.

Y como no podía ser menos, la lluvia, también, hizo su aparición de la forma más inoportuna en una edición, por lo demás, en la que el mal clima no fue protagonista.

El nuevo añadido a la "Catedral" impedirá en adelante que los jugadores pierdan (o ganen) concentración en duelos complicados y así lo comprobaban hoy los asistentes al acto, amenizado, por cierto, con actuaciones musicales a cargo de Katherine Jenkins, Faryl Smith y el grupo Blake que interpretaron sus temas mientras se cerraba el techo.

Las 15.000 entradas para asistir al mini torneo, a 35 libras cada una, se vendieron en menos de cinco minutos, como recordó Baker.

Además de la final del pasado año, el británico Henman, también podría acordarse de la épica semifinal disputada contra el jugador ruso Goran Ivanisevic en el 2001, que fue interrumpida por la lluvia justo cuando parecía que el inglés iba a alcanzar su primera final en una competición que pese a sus constantes e incansables intentos jamás ganó.

Por cierto, que también hay quienes no se muestran precisamente encantados con el nuevo techo y argumentan que favorecerá a los jugadores a los que les asignan jugar en esta pista, como es el caso de Nadal.