Wenger y Mourinho, en todas las quinielas para sustituir a Juande


Wenger, el hombre que desterró las judías del arsenal

Nadie habla mal de Arsene Wenger (Estrasburgo, 22/10/1949). Bueno, nadie no. Lass Diarrá en el Real Madrid aseguró al llegar que no había aprendido nada con el francés. Es la única excepción, porque todos los futbolistas que han estado a están a sus órdenes lo definen como “el entrenador perfecto”. Cesc Fabregas, que llegó siendo un niño y hoy es capitán del Arsenal, ha comentado en varias ocasiones que Wenger le cautivó en su primera conversación y que es el entrenador que mejor le conoce. Los elogios al técnico galo abarcan desde motivador, inteligente, reflexivo, justo, constante, dialogante, educado, caballero… Ejemplo de esa caballerosidad es el partido de Copa que mandó repetir en el año 1999 porque uno de sus jugadores, el ex del Barcelona Overmars, marcó el gol del triunfo en vez de devolver el balón al contrario que lo había echado fuera.

Wenger llegó al Arsenal en 1996 y lo transformó. Lo que hoy es el club es obra del francés, que ya es una leyenda para los Gunners. El trabajo de convertir el Arsenal en uno de los mejores clubes de Europa comenzó nada más aterrizar. Se encontró con el típico vestuario inglés, en el que mandaban veteranos como Tony Adams, un futbolista aficionado al alcohol, Parlour o Dixon, y donde los desayunos a base de judías, la cerveza y las fiestas en los pubs abundaban. Y Arsene lo cortó de raíz; Impuso una dieta estricta, sin refrescos, ni grasas: la japonesa para ser exactos, porque tal y como les dijo a sus futbolistas, no hay un japonés gordo. 

LO CONTROLA TODO Wenger ha hecho del Arsenal el equipo ‘no inglés’ que juega en la Premier. Quiere el balón y que su equipo disfrute del fútbol ofensivo. El Arsenal es el Barça de la Premier. El toque, las posesiones largas, el desmarque y las paredes tan poco habituales en el fútbol inglés, son sus señas de identidad.

La principal apuesta de Arsene es la juventud. Se le ha llegado a criticar esta temporada que dejase en la caja del club, sin gastar, casi 90 millones de euros para fichajes. Pero él prefiere a los jóvenes a los que da confianza y continuidad, circunstancia que en los grandes equipos es casi imposible.

De su factoria han salido Cesc, Henry, Vieira, Cole, Anelka, Adebayor, Van Persie… Arriesga con los más jóvenes y para ello no sólo acude a la cantera del Arsenal, sino que ha tejido una impresionante red de ojeadores descubriendo talentos, desde los 12 años, por todo el mundo. Y esa política, además de grandes éxitos deportivos le ha reportado al Arsenal importante réditos en lo económico. El vicepresidente de los gunners, David Dein, se declara admirador del método Wenger, que “ha revolucionado el club convirtiendo jugadores en futbolistas de clase mundial”. El francés, en su papel de manager, lo controla todo. Desde los entrenamientos, casi siempre dobles y en los que los jugadores comen y descansan juntos, hasta los fichajes. A tanto llega su responsabilidad de jefe máximo, que participó y aconsejó en el diseño del nuevo estadio de los gunners, el Emirates, y en la construcción de la ciudad deportiva.

Es al papel de manager, tan habitual en la Premier, que ostentan Rafa Benítez, Fergusson o el propio Wenger, a lo que la Liga española no parece abrir las puertas. Si Wenger aceptase entrenar al Real Madrid no admitiría la presencia de un director deportivo por encima suyo y asumiría directamente el control de la cantera y de los fichajes. 

EL SISTEMA Arsene Wenger obliga a su equipo a atacar desde la defensa. Habitualmente utiliza el 1-4-4-2, juntando en el centro del campo a jugadores del talento de Cesc, Nasri, Arshavin, Denilson o Eboue. En estos jugadores se cose el fútbol que quiere Wenger, de toque corto, de precisión, de desmarques y sobre todo de definición, porque obliga a finalizar con un remate todas las jugadas. Suele utilizar a Nasri y Walcott en las bandas o a Van Persie como segundo delantero para que se junte a crear con los centrocampistas. También en algunos partidos importantes ha cambiado para jugar 1-4-5-1, con cinco en el centro del campo y dejando como único punta a Adebayor. En su ideario no existe el repliegue, ni la especulación. Y el contragolpe, sólo cuando roban rápido en el campo del rival. Exige que todos los jugadores se comprometan con el equipo y que ninguna pieza falle. Los laterales acompañan todas las jugadas de ataque, jugando muy abiertos. La presión es ejecutada por los once y sin la pelota su equipo es agresivo con el fin de recuperar cuanto antes, si es posible en el campo contrario. Para eso, la defensa se adelanta y se sitúa en el centro del campo obligando al rival a jugar en largo.

Mourinho, entrenar para jugar y ganar

Hecho a su imagen y semejanza, con un ego que le sobresale en cuanto abre la boca, Jose Mourinho es un entrenador diferente al resto. El fútbol que practican sus equipos (primero el Oporto, luego el Chelsea, ahora el Inter y puede que en breve el Madrid) gustará más o menos, pero es el suyo, en el que cree y con el que ha ganado una Copa de Europa y una Copa de la UEFA. Dos Ligas, una Copa y una Supercopa en Portugal. Dos Ligas, una Copa, dos Copas de la Liga y una Community Shield en Inglaterra. Y una Liga y una Supercopa en Italia.  En total, 14 títulos en tres campeonatos distintos. Un palmarés al alcance de muy pocos, sobre todo en un periodo de tiempo tan corto e intenso.

En el libro ‘Mourinho, ¿por qué tantas victorias?’, de lectura recomendada para quienes quieran conocer el método de ‘Mou’, se pueden encontrar los pensamientos futbolísticos del portugués. Se trata de un acercamiento que ayuda a comprender y, sobre todo, a no equivocar su propuesta con la de otros entrenadores. Porque comparar a Mourinho con el italiano Capello es, sin duda, un análisis muy simplista del fútbol de uno y otro.

 Lo más importante en Mourinho es que él tiene una metodología de trabajo y entrena para jugar de una determinada manera. No tiene preparador físico, sino metodologista. Sus equipos se preparan globalmente (física, psicológica, técnica y tácticamente) para jugar de una determinada manera. En contra de lo que pueda parecer y de lo que muchos le acusan, a Mourinho le gusta que sus equipos lleven la iniciativa y tengan el balón.

La singularidad de Mou él mismo la llama ‘periodización táctica’. Y el resumen es que mientras hay entrenadores defensivos, que se obsesionan con que el rival no juegue a gusto y no le marque goles, y otros considerados ofensivos, preocupados en dominar los partidos y marcar un gol más que el rival… Mou entrena para jugar de una manera determinada, que conjuga los aspectos defensivos y ofensivos.

Presiona para jugar y no juega a presionar. Más que uno o dos grandes jugadores, para él lo importante es el conjunto y jugar como tal. Defiende la tesis de que no se puede discernir dónde empieza la organización, si en la defensa o en el ataque, porque para él (al igual que para otros entrenadores) todo es un uno. “Preparo los partidos con la intención de ganarlos”, acostumbra a decir. Sí, como todos, Mourinho también quiere ganar, pero jugando bien, lo que en su caso no siempre tiene que ver con la estética. Y es que una cosa es jugar bien y otra jugar bonito. Lo primero suele llevar a lo segundo, pero, como en el caso de Mou, lo primero no desemboca siempre en lo segundo.       

En cuanto a su liderazgo, la llegada de Mourinho al Real Madrid sería la prueba definitiva de que Florentino Pérez acepta delegar en un profesional todas las cuestiones deportivas. Porque ya cuando Abramovich habló con el portugués para llevarlo al Chelsea (no había ganado tanto como ahora) se encontró con que éste le exigió, como condición innegociable, que nadie podría interferir en su trabajo. Mou se encargaba, en exclusiva, de fichajes, bajas… En lo deportivo, el Chelsea era  suyo y sólo suyo.

La mejor prueba fueron unas declaraciones suyas en marzo de 2005 en las que al hablar sobre Abramovich dice: “Si me ayudara en los entrenamientos, seríamos últimos en la clasificación, y si yo tuviera que trabajar en su gran negocio, la empresa quebraría”.

De sus dardos no se libra nadie. Mou no se calla. Si le critican, responde. Y aunque sus grandes ‘enemigos’ históricos son Wenger y Rijkaard, uno de sus ataques más sonados fue contra Johan Cruyff.  El holandés criticó el juego del Chelsea. Le acusó de resultadista y de que con su  juego llegaba a faltar al respeto a los rivales. Mourinho replicó duramente a Cruyff poco después escribiendo un artículo en el diario portugues “Récord” en el que decía, por ejemplo:  “Desde 1996 Cruyff juega al golf y critica. Desde 1996, el fútbol le espera para que nos enseñe. Quiero que venga a enseñarme. Lo digo humildemente”.

“Quiero que me enseñe a ser mejor entrenador porque no quiero parar de aprender. Pero no puede enseñarme a ser campeón porque ya lo fui tres veces y nunca lo fui porque Djukic falló un penalti en el último minuto del último partido. No puede enseñarme a ganar Copas y Supercopas porque ya las he ganado. No puede enseñarme a ganar la Copa de la UEFA porque también la tengo. No puede enseñarme a ser campeón europeo porque ya lo fui… Y no quiero que me enseñe a perder 4-0 una final de Champions porque eso no lo quiero aprender. Gané una UEFA en una final espectacular con cinco goles, gané la Champions con un 3-0 en la final, gané la Premier con récord de victorias, lidero la Premier con el mayor número de goles marcados”.

También dice que George Clooney es el actor perfecto para encarnar el papel protagonista en un film sobre su vida.