La ONU reitera la necesidad de proteger a los civiles en atrapados en el norte de Sri Lanka

NUEVA YORK, 16 (EUROPA PRESS)

El coordinador de Ayuda de Humanitaria de la ONU, John Holmes, instó una vez más ayer al Gobierno ceilandés y a los rebeldes a que protejan a los civiles atrapados en la llamada zona de seguridad en Vanni, al norte del país, donde se están librando fuertes enfrentamientos entre tropas del Ejército y los Tigres Tamiles.

Holmes calificó de positiva la reciente tregua de 48 horas declarada por el Gobierno, pero señaló que fue insuficiente para entregar toda la asistencia que la población necesita e instó a que se hagan más pausas humanitarias.

Tras deplorar que, pese a los llamamientos de la ONU, los Tigres de Liberación de la Tierra Tamil (LTTE) no permitieran la salida de los civiles durante la tregua, recordó que nunca deben ser utilizados como escudos o rehenes e insistió en la urgencia de dejar que estas personas salgan de esa área lo antes posible.

Así las cosas, la pausa terminó ayer con nuevas acusaciones de los rebeldes quienes aseguraron que el Gobierno habría comenzado una nueva ofensiva, algo que el Ejército negó. Las autoridades matizaron que las tropas estaban realizando tareas activas pero que no habían comenzado a disparar.

DESINFORMACIÓN

Por otro lado, Holmes lamentó que la opinión pública esté tan poco enterada del conflicto. "Es notable y deplorable que la cobertura de la prensa de esta situación catastrófica haya sido limitada. Y una de las razones es la falta de acceso de los periodistas, la falta de fotografías en los medios de comunicación. Del mismo modo que pedimos que se permita la entrada de los trabajadores humanitarios, nos gustaría que entrara la prensa. Pero eso está más allá de nuestro control", dijo.

Finalmente, se mostró contrario a una posible ofensiva final por parte del Ejército y advirtió de que sería un baño de sangre. "El área es muy pequeña y la densidad de población muy alta, habría un número inaceptable de civiles muertos", puntualizó.

Los LTTE se encuentran acorralados por el Ejército ceilandés en una extensión de 14 kilómetros cuadrados que anteriormente habían sido declarados por el Gobierno "zona de seguridad". Se calcula que unos 150.000 civiles se refugiaron en esa área y ahora sus vidas están en riesgo, según informaciones del centro de noticias de la ONU.