ETA podría estar cerca del final del camino

Por Jason Webb

MADRID (Reuters) - Lejos han quedado los tiempos en los que ETA se podía presentar como una banda activa y temible. Hoy sus dirigentes son encarcelados, sus atentados son menos frecuentes y potentes y el uso de la violencia cada vez tiene un mayor rechazo, aunque el sueño de la independencia de España seguirá presente en la política vasca.

A pesar de sus habituales amenazas, ETA no sólo parece incapaz de llevar a cabo una campaña continuada de atentados, sino de garantizar la seguridad de sus dirigentes durante más de unos meses.

El arresto este pasado fin de semana de Jurdan Martitegi le convierte en el cuarto máximo responsable de la banda armada en ser detenido en menos de un año.

Estos arrestos, junto con una falta de éxito político, han alimentado el debate en el seno de la izquierda 'abertzale' sobre si deberían dejar la violencia, según tanto el Gobierno como periodistas con contactos en círculos independentistas vascos.

"Nada mina más la voluntad de continuar con la violencia que las dificultades de ETA para desarrollar campañas sostenidas de atentados y la captura de sus dirigentes más significativos", escribió Florencio Domínguez en el diario El Correo.

"Se incrementa la desmoralización de todos los miembros del mundo etarra, entre ellos los presos", agregó, en referencia a las noticias sobre quejas entre el colectivo de prisioneros etarras sobre la utilidad de la lucha armada.

A los golpes a su capacidad de atentar se unen los reveses políticos. Sus aliados no pudieron concurrir a las elecciones autonómicas en el País Vasco, y el número de papeletas nulas, que se suele usar para calcular su apoyo entre la población, cayó un 30 por ciento hasta 100.000, alrededor de un 10 por ciento del electorado vasco.

Al mismo tiempo, el apoyo a Aralar, un partido que pide la independencia pero que condena la violencia, creció notablemente al seis por ciento.

"Lo que ha descendido es no tanto el nivel de apoyo político, el apoyo a las ideas que respalda el mundo de la izquierda 'abertzale'", dijo a Reuters Carlos Barrera, profesor de política en la Universidad de Navarra. "Lo que ha descendido es el apoyo al uso de métodos violentos para conseguir esos fines".

INDEPENDENCIA

Según el Euskobarómetro de noviembre del año pasado, el 30 por ciento de los vascos dice tener "deseos grandes" de independencia, mientras que otro 31 por ciento los tiene "pequeños" y un 25 por ciento no tiene ninguno.

Tras los últimos comicios autonómicos, celebrados el pasado 1 de mayo, el Partido Nacionalista Vasco se va a quedar por primera vez fuera de la 'lehendakaritza', tras un acuerdo entre PP y PSOE que permitirá que haya un lehendakari socialista, pero el PNV sigue siendo el partido mayoritario y ha sumado un escaño más que hace cuatro años.

El desencanto separatista con la violencia creció tras el fracaso de la última tregua de ETA, rota con el atentado en Barajas en diciembre de 2006, y la tolerancia con la banda se ha ido reduciendo tras la repulsa generalizada por los atentados islamistas del 11 de marzo de 2004 en Madrid, afirmó Barrera.

Ahora, incluso algunos de los aliados de ETA en la ilegalizada Batasuna están al parecer valorando la posibilidad de acabar con la violencia. Uno de los más destacados es Arnaldo Otegi, según escribió en su blog el experto vasco Juan de Frommknecht, quien afirmó que el Gobierno exigirá un final definitivo de la violencia a cambio de permitir el regreso de Otegi y otros a la política.

"Otegui sabe que, en esta ocasión, ellos deben dar el primer paso y el único paso que pueden dar es ese", escribió De Frommknecht. "El abandono definitivo por parte de toda la banda terrorista ETA, o de un sector importante de la misma, de la lucha armada".

Pero a pesar de su declive, puede aún hacer daño.

"La presión interna y las disidencias con su postura de seguir matando pueden propiciar, precisamente, un mayor esfuerzo en conseguir un atentado de impacto", agregó.