Hong Kong, el contraste como moneda de cambio

  • Hong Kong, 16 abr (EFE).- Hong Kong, la que fuera joya del imperio colonial británico hasta 1997, es una jungla de cemento, de rascacielos de acero y de cristal, pero también un corazón verde, es china, es británica, es ruidosa, destartalada, cultivada, elitista, pobre, casa de los mejores concesionarios y mucho más.

Hong Kong, el contraste como moneda de cambio

Hong Kong, el contraste como moneda de cambio

Hong Kong, 16 abr (EFE).- Hong Kong, la que fuera joya del imperio colonial británico hasta 1997, es una jungla de cemento, de rascacielos de acero y de cristal, pero también un corazón verde, es china, es británica, es ruidosa, destartalada, cultivada, elitista, pobre, casa de los mejores concesionarios y mucho más.

Decir que Hong Kong es un territorio de contrastes pronunciados no es decir mucho tratándose de una ciudad de Asia. Pero siendo una urbe de primer mundo, uno de los principales centros financieros del planeta, junto con Nueva York, Londres y Tokio, el término "contraste" adquiere otra dimensión, una que oscila entre lo cutre y lo mágico.

La región administrativa especial china, que hace 12 años volvió a la "madre patria", recibe al turista con uno de los mejores aeropuertos del mundo, no tanto por su arquitectura como por la sencillez del trazado y la exquisita eficiencia del personal de tierra.

Ya en plena urbe, Hong Kong, budista y taoísta, también abierta a otros credos, uno de los territorios más densamente poblados del mundo (1.104km cuadrados para siete millones de habitantes, que viven en vertical), no defrauda al turista, sea chino, asiático u occidental.

Los enjambres de rótulos luminosos invaden sin miramientos estéticos ni energéticos buena parte de las avenidas y callejuelas de la ciudad. Esa es la antesala a los tres puntos más visitados del Puerto Victoria: Wan Chai, Central y Tsim Sha Tsui. Los dos primeros en el norte de la Isla de Hong Kong, el tercero en Kowloon (parte continental de Hong Kong).

A ambas orillas, o desde altos singulares como el Peak, los visitantes primerizos y veteranos pugnan por obtener la mejor instantánea, trabajo harto difícil dada la bruma o los altos niveles de contaminación ambiental que buena parte del año asedian la ciudad.

El puerto, por el que transitan transbordadores de la época colonial, otros modernos, sampanes y remolcadores, también es escala para navíos militares estadounidenses y cruceros en su ruta por el sureste asiático.

Y a ambas orillas del puerto otro espectáculo se ofrece, el de los mercadillos de flores, frutas, verduras, pollos vivos y carnes frescas a la intemperie, cortadas en tablas de madera.

En los puestos de pescados, y ante la pasividad de la clientela, no es extraño ver peces ganando el asfalto en un intento de fuga ni gambas haciéndoles compañía en su afán de océano.

En el barrio dedicado a los pescados y mariscos secos, en la Isla de Hong Kong, más que andar uno debe saltar futuras mercancías tendidas al sol, acribilladas no sólo por los rayos sino por los tubos de escape de la ajetreada circulación.

En no pocas aceras de Hong Kong es posible contratar los servicios de zapateros y relojeros; otros profesionales, con más fortuna, poseen su propio espacio, aunque éste sea tan ínfimo que igualmente deban tomar prestados trechos de acera.

Pero si en Hong Kong los visitantes se concentran en el asfalto, en la amplia gama de centros comerciales, ávidos de marcas de moda y de tecnología a la última y más barata, de trajes hechos a medida, de perlas y jade, o simplemente de "merecidos" masajes, el territorio bañado por el Mar del Sur de China también es prolijo en islas, playas y montes para el senderismo.

Es rico en flora y fauna, especialmente de aves, con una reserva de primera, Mai Po.

Además de las carreras de caballos, a las que los residentes son grandes aficionados, así como a las de barcos dragón, durante el Festival de Tuen Ng, Hong Kong apuesta por el rugby y el golf, con dos torneos de alto nivel en su suelo.

Si de lunes a sábado las calles y lugares públicos de la ciudad están tomados por masas de empleados camino a sus puestos de trabajo, los domingos son el escenario de asentadas multitudinarias de empleadas de hogar, quienes, en su día libre, abarrotan parques, aceras y bajos de edificios punteros.

El "Puerto Perfumado", traducción de "Hong Kong", celebra este año los cien años de su industria cinematográfica, un sector que creció al tiempo que comenzaron a circular los entrañables tranvías de dos plantas, que aún hoy, vestidos de publicidades modernas, recorren el norte de la Isla de Hong Kong.