Los viticultores españoles estudian los efectos del cambio climático en sus vinos

  • Barcelona, 13 feb (EFE).- Los viticultores españoles están preocupados por las consecuencias del cambio climático y a través del programa Cenit Demeter pretenden averiguar cómo afectará la subida de temperaturas a la calidad de los caldos y qué medidas pueden adoptar para contrarrestar sus efectos.

Los viticultores españoles estudian los efectos del cambio climático en sus vinos

Los viticultores españoles estudian los efectos del cambio climático en sus vinos

Barcelona, 13 feb (EFE).- Los viticultores españoles están preocupados por las consecuencias del cambio climático y a través del programa Cenit Demeter pretenden averiguar cómo afectará la subida de temperaturas a la calidad de los caldos y qué medidas pueden adoptar para contrarrestar sus efectos.

Hace años que los viticultores vienen advirtiendo de anomalías en las cosechas, los ciclos vegetativos son más cortos, el proceso de maduración de la uva se acelera, aumenta el grado alcohólico y cambia la acidez, pero Demeter, la diosa griega de la agricultura, está dispuesta a echarles una mano.

Cenit Demeter es el programa cuatrienal iniciado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología para estudiar cómo afecta el cambio climático a las variedades vitivinícolas de nuestro país, en colaboración con bodegueros, embotelladores y universidades, enólogos y químicos trabaja codo con codo.

Fernando Zamora, catedrático de Química de la Facultad de Enologia de la Universitat Rovira i Virgili, tranquiliza a los amantes del vino y asegura que los cambios son lentos y las herramientas para luchar contra ellos numerosas: "existen formas naturales, como aplicar técnicas de desalcoholización, gestión del riego o cultivar variedades que maduren más lentamente".

El calor se ha convertido en uno de los peores enemigos de las vides, pues se prevé que en los próximos años las temperaturas aumenten alrededor de 1,5º C., por lo que cada vez es más habitual encontrar viñedos a cotas de altura más elevadas y frías.

"Si tenemos que ampliar los viñedos buscamos terrenos en zonas altas de las montañas del Penedès", reconoce Antonio Cantos, enólogo de las bodegas catalanas Juvé i Camps, quien tiene claro que "las variedades autóctonas son las que mejor se adaptan".

Como consecuencia del calor las cosechas se adelantan y "en las denominaciones de Rueda y Ribera las variedades de Berdejo y Tempranillo se recogen a mediados de agosto, cuando antes se hacía en septiembre", explica la ingeniera química Sonia Villanueva, de las bodegas zamoranas Matarromera.

"El secreto está en controlar el momento preciso de la vendimia, y en eso los químicos tenemos mucho que decir", añade Villanueva.

Para Zamora, en España se está llevando a cabo un trabajo "ejemplar" con estas investigaciones y puntualiza que a pesar de los cambios, cada añada es única e irrepetible.