Raúl Castro entregó un millón de hectáreas pero el campo cubano aún no funciona

  • La Habana, 22 mar (EFE).- El Gobierno cubano entregó a campesinos casi un millón de hectáreas de tierras ociosas, uno de los proyectos capitales del presidente Raúl Castro, pero la agricultura en la isla aún no funciona porque es "una cadena con muchos de sus eslabones oxidados", reveló hoy la prensa oficial.

La Habana, 22 mar (EFE).- El Gobierno cubano entregó a campesinos casi un millón de hectáreas de tierras ociosas, uno de los proyectos capitales del presidente Raúl Castro, pero la agricultura en la isla aún no funciona porque es "una cadena con muchos de sus eslabones oxidados", reveló hoy la prensa oficial.

En un extenso reportaje, el diario Juventud Rebelde detalla que quienes recibieron tierras en usufructo tienen grandes dificultades para ponerlas a producir, conseguir herramientas de labranza y semillas o para comercializar las cosechas.

"El proceso reclama mejor estructuración. Los usufructuarios empiezan a formar parte del gran sistema de la agricultura cubana, una cadena con muchos de sus eslabones oxidados que no siempre se articulan bien", afirma el periódico.

Añade que "un gran por ciento de las tierras entregadas (...) han llegado al mes de marzo sin estar listas para el cultivo".

El objetivo del general Castro es aumentar la producción de alimentos, ya que Cuba importa más del 80 por ciento de los que consumen sus 11,3 millones de habitantes, a un costo anual que supera los 2.500 millones de dólares.

El Gobierno anunció la entrega de tierras en abril de 2008, en julio emitió el decreto respectivo y a fines de septiembre comenzaron los trámites para dar a campesinos, asociaciones o cooperativas hasta 13,4 hectáreas, e incluso 40,3 si ya poseen algún cultivo en producción.

La entrega no cambia la titularidad de la tierra, que sigue siendo estatal, pero las personas naturales las reciben en usufructo por 10 años y a las jurídicas por 25, en ambos casos con revisión anual del contrato y el cumplimiento de metas, y con la posibilidad de prórroga por periodos similares.

Los adjudicatarios deben acordar con las autoridades los planes de producción de cada parcela y el 90 por ciento de lo cosechado deberán venderlo al Estado, al precio que fije el Gobierno.

Pero Osniel Tabares Castellanos, quien dejó de ser empleado de un complejo turístico para cultivar, explicó al diario de la Juventud Comunista que uno de sus mayores problemas es que no sabe "cómo calcular" lo que va a cosechar.

"Todavía no hemos hecho el plan -confesó-. En verdad, no estoy muy relacionado con los cálculos. Es algo que debo aprender. Antes yo he trabajado la tierra con mi hermano, pero nunca así, como agricultor 'entero'".

Tabares dijo que no recibió nada, aparte de la parcela que le dieron en noviembre, pero que ha "guapeado" con algunas herramientas que consiguió y que tiene ya parte de los terrenos listos "para sembrarlos con boniato, calabaza y maíz".

A su vez, Fermina Rodríguez Pantoja explicó que no es posible producir aún alimentos en los campos que recibió porque estaban infestados de marabú, árbol de madera muy dura originario de África, que se propaga con facilidad y se adueñó de la mitad de las tierras cultivables del único país comunista de América.

"Es imposible que en cinco meses alguien pueda tumbar el marabú, limpiar y preparar la tierra y además tener producciones; eso es un chiste. Hace tres años yo estaba reclamando estas mismas tierras que estaban abandonadas y no tuve respuesta", afirmó Rodríguez.

Félix Palau, profesor de la Facultad de Agronomía de la Universidad Máximo Gómez de Ciego de Ávila, comentó al diario que si no se capacita a los nuevos productores, habrá obstáculos importantes para cosechar suficientes alimentos.

"Se les están entregando tierras a muchas personas que no tienen conocimiento alguno sobre ella. Por tanto, están necesitados no sólo de una capacitación, sino de una alfabetización agrícola, que es dotarlos de un conocimiento básico. Eso tiene que estar ordenado y certificado por un organismo o entidad", añadió el profesor.

Palau anotó que también ha observado "quema de terrenos para prepararlos, con la consiguiente degradación de los suelos, y un mal manejo de los fertilizantes con un impacto en el medio ambiente, en el deterioro de los cultivos y su rendimiento y en la propia salud de las personas".