Los 'Petits Cellers' esperan obtener una añada vinícola muy buena si el verano es seco

PALMA DE MALLORCA, 22 (EUROPA PRESS)

Las bodegas de Mallorca esperan obtener una buena añada vinícola si, tras las ingentes precipitaciones del pasado otoño y el intenso frío del invierno, el verano se desarrolla con un clima seco y ausencia de lluvias, en lo que supone una época estival típica del Mediterráneo, lo que contribuiría a consolidar un poco más una industria que hasta ahora no ha notado la crisis económica.

El presidente de la patronal de pymes vinícolas, que agrupa a 25 bodegas de la isla -que pronto podrían verse incrementadas a 27--, Andreu Oliver, expuso que las condiciones meteorológicas que se dieron en los últimos meses "eliminaron" los problemas de estas plantas --mildiu, oidio, etc.-- y, por otra parte, "provocaron que los brotes de las viñas contengan menos cantidad de uvas", lo cual, "es bueno para la maduración del vino", explicó.

Según detalló Oliver, en declaraciones realizadas a Europa Press, este aspecto provocará que, en términos absolutos, la producción no crezca este año, por lo que se mantendrá en torno a los 1,7 millones de litros. Con una calidad "buena o muy buena", aunque "todo depende del comportamiento del vino en su envejecimiento dentro de la bota", porque, "como es un ser vivo, no sabes nunca cómo se comportará, hacia dónde tirará", precisó.

Precisamente, el proceso de la vinificación es por el que más han apostado las pequeñas bodegas mallorquinas en los últimos años, consideradas "muy innovadoras" en el sector, porque realizan mucha experimentación sobre variedades nuevas así como sobre sus posibles mezclas. En los últimos años han creado vinos blancos elaborados con uvas negras y vinos dulces elaborados con sistemas muy avanzados, entre otras novedades.

La entrada de las nuevas variedades autóctonas ahora en estudio, gorgollassa y giró blanco, provocará previsiblemente que "este reconocimiento se acentúe más", así como que a la calidad se unen nuevos atributos, como son la "personalidad" y la "diferencia", que es el verdadero objetivo de todas las compañías productoras de vino mallorquinas.

Y, todo ello, a partir de unos criterios de calidad estricta que se han ido implantando cada vez con más intensidad, en una industria que, hasta la década de los años 70, se caracterizaba por la baja calidad de la producción y por rechazar las variedades de uva autóctonas, que eran consideradas pobres frente a las foráneas y, de hecho, en Binissalem se sustituía mantonegro por cavernet.

Pero, al final de aquella década, los expertos Ramón Alabern y Jaume Mesquida --de Bodegas Jaume Mesquida--, sembraron el primer campo experimental de vid en Mallorca, con apoyo financiero de la caja de ahorros 'La Caixa', en el que plantaron variedades nuevas y, durante años esperaron a conocer los resultados, recordó el presidente de 'Petits Cellers'.

En aquella época, un grupo de bodegueros "nos reuníamos asiduamente para hablar sobre el vino y nos planteábamos que en la isla se podían hacer caldos de buena calidad. Hacíamos catas de vinos foráneos y también probábamos los productos de microvinificación de la viña experimental. Fue un proceso largo, porque sólo se realiza una cosecha al año, pero, a principios de los 80 ya nos dimos cuenta de que, efectivamente, aquí se podía hacer un vino muy bueno", señaló Oliver.

Y esto era así porque "las variedades que estábamos despreciando, como eran callet, mantonegro o prensal, en realidad eran de buena calidad, por lo que las bodegas, dejaron de arrancarlas y se encaminaron hacia la producción de vinos autóctonos de calidad en serio y empezaron a reclamar el establecimiento de denominaciones de origen", en un proceso que culminará previsiblemente con el establecimiento de la DO Mallorca.

"Algunos nos decían que estábamos locos", recuerda Andreu Oliver, pero el tiempo ha demostrado que "el vino de Mallorca se ha hecho un lugar", con un importante 'boom' en lo que llevamos de esta década, cuando se han alcanzado las 70 bodegas en la isla. Y con un gran reconocimiento internacional, como prueba el hecho de que existe demanda desde países como Japón, Canadá y, especialmente, desde Alemania, donde es "más apreciado que aquí", señaló.

Cabe señalar que las pymes bodegueras de Mallorca no sufren todavía los efectos de la recesión económica, "ni en la demanda ni en el consumo, aunque no descartamos que empecemos a sufrirla, porque competimos con vinos de calidad", apuntó Oliver, quien recordó que unas 250 familias de la isla viven directamente de este sector, a lo que aún cabe agregar empleos indirectos.