Los "cronopios" echan de menos a Julio Cortázar

  • Buenos Aires, 12 feb (EFE).- Los "cronopios" echan de menos a su genial creador, el escritor argentino Julio Cortázar, de cuya muerte se cumplen este jueves 25 años que han servido para alimentar el mito de quien ya es un icono de la literatura latinoamericana.

Madrid reúne el legado bibliográfico de Cortázar

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De París a Marsella, el 'Autonauta' de 'Famas' y 'Cronopios' creó a la 'Maga'

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Buenos Aires, 12 feb (EFE).- Los "cronopios" echan de menos a su genial creador, el escritor argentino Julio Cortázar, de cuya muerte se cumplen este jueves 25 años que han servido para alimentar el mito de quien ya es un icono de la literatura latinoamericana.

Cortázar transcendió de la mano de estas enigmáticas criaturas surgidas de su imaginación, que cobraron vida en un artículo publicado en la década de 1950 en el que se refirió al trompetista Louis Armstrong como "el enormísimo cronopio".

Nacido "por accidente" en Bruselas, Cortázar llegó con su familia a Argentina a los cuatro años y fue en su barrio de las afueras de Buenos Aires donde comenzó su pasión por las letras, el cine y la música, aunque a principios de los 50 cambió la brisa del Río de la Plata por los aires del Sena y se instaló en París, donde murió el 12 de febrero de 1984.

Pese a haber pasado la mayor parte de su vida fuera de su país, Buenos Aires no se olvida de este símbolo de la literatura argentina.

El gobierno de la ciudad ha organizado en su memoria un completo programa cultural que se inicia hoy 12 de febrero y que incluye proyecciones de cine, seminarios, conferencias, tertulias literarias y obras de teatro.

En el fin de fiesta, el 21 de marzo, no podía faltar un especial homenaje a la novela que le lanzó a la fama, "Rayuela": una instalación de "rayuelas" en la emblemática avenida 9 de julio organizado por la artista plástica argentina Marta Minugín.

"Tuvimos una gran amistad y puedo afirmar que tenía una delicadeza y una generosidad realmente únicas", asegura a Efe Graciela Maturo, escritora y experta en la obra de Cortázar.

"Su obra tiene más importancia a medida que pasa el tiempo. No me gusta comparar a los distintos, pero considero que alcanzó la estatura de (Jorge Luis) Borges y de (Leopoldo) Marechal", precisa.

Para Maturo, "desde el punto de la vista de la forma, Cortázar fue un renovador de todos los géneros, quizás con excepción del teatro".

"Fue un recreador de la novela, un eximio cuentista y un poeta fundamental", destaca la escritora, que sostiene que "la mezquindad y la pobreza del medio intelectual" argentino han sido los motores de las críticas que "en alguna época" se vertieron sobre su obra, a la que considera "digna" de un "artista completo".

"Es uno de los pocos intelectuales en todo el sentido de la palabra. Anticipó temas como el contraste Oriente-Occidente, la razón poética o el pensamiento complejo, que nace de las ciencias y hoy se difunde por América Latina. Tradujo a grandes escritores y les sumó un aporte creativo y crítico de enorme valor", subraya.

Julio Cortázar fue desde niño un adicto a los libros, a tal punto que en cierta ocasión un médico recomendó a su madre que leyera menos y tomara más el sol.

"Mis experiencias fueron siempre literarias. Vivía lo que leía, no vivía la vida. Leí millares de libros encerrado en una pensión. Descubrí a los demás sólo muy tarde", declaró Cortázar en los años setenta al referirse a la manera que tenía de relacionarse con los contenidos de las obras.

Quizás por ello la mayoría de sus trabajos han sido autobiográficos, aunque, en opinión de Maturo, casi todos los autores "cuentan metafóricamente sus vivencias y procesos internos".

Uno de ellos, justamente, le llevó a señalar que la revolución cubana le mostró "de una manera cruel el vacío y la inutilidad política" que había en su interior.

"Su compromiso político fue tardío y es difícil simplificarlo", reflexiona Maturo.

"Apoyó a Cuba sin ser marxista, dio crédito a Nicaragua, se opuso al arresto del poeta cubano Heberto Padilla -lo que le valió que Fidel Castro le "excomulgara"-, comprendió a medias al peronismo y se arrepintió de su individualismo y antiperonismo juvenil", matiza.

Maturo insiste en que "muchos de los que le critican le deben todo" y, para concluir, no puede dejar de aludir a aquellas "clasificaciones antropológicas" que dominaron sus relatos y que con el tiempo hasta se convirtieron en una suerte de tratamiento honorífico que Cortázar daba a sus amigos.

"A él le gustaba clasificar a las personas. Jugaba con ello. Y así como inventó a los 'cronopios', en contraposición también creó a los 'famas', seres rígidos e insensibles, y en el medio a las 'esperanzas', criaturas simples, indolentes e ignorantes", apunta.

"No hay dudas de que Julio fue el 'Cronopio Mayor'", dice la escritora en sintonía con la denominación que Cortázar supo ganarse entre sus admiradores.

Carlos Werd