Economía/Motor.- (Amp.) Obama da un ultimátum a GM y Chrysler y condiciona su futuro a nuevos planes de viabilidad

El presidente de EEUU no dejará que la industria "se desvanezca" pero no descarta una bancarrota con apoyo del Gobierno NUEVA YORK, 30 (del corresponsal de EUROPA PRESS, Emilio López Romero) El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dio hoy un ultimátum a General Motors y Chrysler para que presenten nuevos planes de viabilidad si quieren seguir recibiendo ayudas públicas para salir de la crisis o, en caso contrario, dejó la puerta abierta para que se acojan a la ley de quiebras, aunque aclaró que Washington "no dejará" que uno de los "pilares" de la economía del país "se desvanezca". En una comparecencia en la Casa Blanca para hablar de la situación del sector del automóvil, Obama dijo que tras un análisis "cuidadoso" ha decidido dar un periodo de tiempo "adicional" y "limitado" a las dos empresas para que se sienten a negociar y ofrezcan una alternativa que aporte más confianza a largo plazo. En el caso de General Motors, el presidente anunció un plazo de sesenta días para que la empresa presente un plan de reestructuración "más eficiente" y que contemple una fuerte reducción de costes porque, según dijo, aunque en los últimos meses ha hecho un esfuerzo considerable "no es suficiente". "El Gobierno no tiene interés ni intención de dirigir General Motors", advirtió Obama, quien propuso a la compañía de Detroit mejorar su propuesta "no para sobrevivir sino para liderar la industria del futuro" y poder acogerse a nuevas ayudas del plan de rescate, cuya cantidad no especificó, además de confirmar la dimisión de su presidente, Richard Wagoner. En el caso de Chrysler, el presidente reconoció que su situación es incluso "más difícil" ya que necesitará un socio para sobrevivir, tras lo cual ofreció un plazo de 30 días para que formalice una alianza con el grupo Fiat a cambio de un nuevo 'crédito blando' de 6.000 millones de dólares para poder seguir operando. BANCARROTA. Una vez explicadas las condiciones impuestas a dos de los grandes fabricantes del país, Obama dejó entreabierta la posibilidad de que ambas empresas tengan finalmente que recurrir a la ley de quiebras para declararse en bancarrota y poder reestructurarse con mayor facilidad, aunque aclaró que se haría con el apoyo de la Casa Blanca. "Sé que cuando se oye la palabra bancarrota muchos se echan las manos a la cabeza, pero me refiero a usar nuestra actual estructura legal como herramienta para que, con el apoyo del Gobierno, puedan limpiar sus deudas y emerger con fuerza", indicó. "No hablo de un proceso en el que una empresa se declara en bancarrota, se vende y no vuelve a existir", insistió. "No podemos, no debemos y no dejaremos que esta industria desaparezca", subrayó Obama, quien reconoció que el sector es uno de los "pilares" de la economía del país, un "emblema" del espíritu estadounidense y un símbolo del éxito de Estados Unidos que, según dijo, durante décadas ha ayudado "a construir el sueño" de millones de ciudadanos. 400.000 EMPLEOS PERDIDOS. En este punto, Obama recordó que en el último año se han perdido 400.000 empleos directamente relacionados con la industria del automóvil, con especial crudeza en el estado de Michigan -que es la sede de los grandes fabricantes de vehículos del país- donde uno de cada diez ciudadanos está sin trabajo. A ellos dedicó parte de su intervención, para decirles que aunque a corto plazo todavía vienen tiempos difíciles les prometió que "luchará" por ellos. "Sois el motivo por el que estoy aquí", indicó el presidente, quien comparó la situación en Michigan con un desastre natural. "Esta tormenta no es un tornado o un huracán, pero los daños son claros", indicó. El presidente achacó la actual crisis del sector tanto a fallos de Washington como de Detroit, que llevaron a las dos compañías "al punto en el que nos encontramos", pero dijo que ahora es el momento de encarar los problemas de frente "y hacer lo que sea necesario para resolverlos". Sin embargo, advirtió que todos, "tanto a los sindicatos, como a los accionistas y a los acreedores", tendrán que hacer un esfuerzo "sin precedentes" y tomar decisiones que calificó de "difíciles" ya que, advirtió, muchos empleos no podrán salvarse y algunas fábricas tendrán que cerrar. Por último, tras repetir en varias ocasiones que el sector del automóvil debe "reestructurarse" y "modernizarse" para ser "más competitivo" en el futuro, el presidente se mostró convencido de que si cada uno hace lo que le corresponde habrá un "nuevo renacimiento" de la industria automotriz de Estados Unidos.