20.- Zapatero participa desde hoy en la cumbre del G-20 para encontrar una salida a la crisis mundial

España defenderá acciones para estimular el crédito, evitar el proteccionismo y erradicar los paraísos fiscales

MADRID, 2 (EUROPA PRESS)

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, participa hoy en la cumbre que los líderes mundiales de los países del G-20 celebran en Londres con el compromiso de adoptar todas las medidas necesarias para salir de la recesión y refundar la arquitectura financiera mundial.

Según el líder del Ejecutivo, la cumbre será un éxito si se cumplen tres grandes objetivos: la unidad para democratizar el sistema financiero -lo que implica más transparencia y supervisión-, dotar al Fondo Monetario Internacional (FMI) de más recursos, y la apuesta por una nueva economía que devuelva la prosperidad.

El presidente español defenderá en Londres la necesidad de llevar a cabo acciones dirigidas a eliminar obstáculos que afecten al canal del crédito, un compromiso político para abrir mercados y fórmulas para avanzar en la erradicación de los paraísos fiscales.

El Ejecutivo español cree que los gobiernos podrían considerar acciones para evitar fallos del mercado, como compartir con los bancos el riesgo de nuevos préstamos, asegurar los suministros de seguros de crédito, y dedicar especial atención a los préstamos a la exportación.

España también ve crucial que el encuentro de líderes implemente una estrategia de largo alcance que tenga en cuenta la importancia de reducir la incertidumbre y fomentar la credibilidad del sistema financiero mundial, en la que los Estados sigan actuando como garantes de último recurso.

PROTECCIONISMO Y REMUNERACIONES.

A su parecer, uno de los mayores riesgos a corto plazo es que los gobiernos recurran a medidas proteccionistas para calmar el creciente malestar social, ya que éstas podrían alargar la recesión global y ralentizar la recuperación del crecimiento económico y del empleo.

Asimismo, España apoya un abastecimiento dinámico y fondos de regulación anticoyunturales dentro de los estándares de prudencia globales para eliminar comportamientos que alimenten los ciclos económicos por parte de las instituciones financieras.

"Durante la época de bonanza los bancos han infravalorado sistemáticamente el riesgo de crédito, dejándose llevar por fondos abundantes y baratos, el boyante crecimiento y la presión competitiva para generar ingresos y ganar cuota de mercado", resaltaron las fuentes.

El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, apunta que la aportación de España a la cumbre puede ser muy importante, tanto en la reforma del sistema financiero mundial como en los acuerdos que se puedan derivar del Fondo de Estabilidad Financiera.

La propuesta española incide también en que los planes de compensación para ejecutivos y altos funcionarios de las entidades financieras deben quedar sujetos a publicación individual, a que la aprobación de las políticas de remuneración cuenten con el visto bueno de accionistas y de mecanismos de buenas prácticas.

DECISIONES DE GASTO, APLAZADAS.

Los líderes del G-20 han acordado aplazar las decisiones que involucren gasto público a otro encuentro, por lo que la incógnita sobre si Estados Unidos y la UE acercarán posiciones lo suficiente, ante la voluntad europea de garantizar la sostenibilidad de las cuentas a largo plazo, ya no centra las expectativas sobre las conclusiones del encuentro.

Los jefes de Estado, ministros de Finanzas y banqueros centrales se dan cita para luchar contra el peor escenario económico desde la Segunda Guerra Mundial, desencadenado por el contagio de las hipotecas 'subprime', que ha enfermado a todo el globo, primero a los sistemas financieros, y después a las economías reales, poniendo de manifiesto graves carencias de supervisión y regulación.

La necesidad de inculcar criterios morales a las prácticas financieras se presenta como otro punto de coincidencia en la cumbre de Londres que, aunque difícil de aplicar, persigue acabar con el oscurantismo reinante en parte del sector financiero que amparó la creciente avaricia de los banqueros que asumieron excesivos riesgos a cambio de jugosos beneficios personales a corto plazo.

Los países que representan el 85% de la producción mundial acuden a este encuentro histórico con el convencimiento de que la actual crisis económica es la primera de la era de la global, por lo que ningún país puede afrontarla en solitario y debe revigorizarse el crecimiento y el empleo en su conjunto, sin que quepan medidas proteccionistas, aunque sí algún freno a efectos de la globalización.

FLUJO DE CRÉDITO.

Según las declaraciones conjuntas de las reuniones preparatorias, la máxima prioridad de los miembros del G-20 es restaurar un adecuado flujo de crédito, para lo que se abordarán los problemas del sistema financiero mediante el apoyo a la liquidez del sistema, la recapitalización de bancos y la gestión de activos tóxicos, todo ello dentro de un marco común.

Dentro de las medidas para evitar que vuelva a producirse un escenario tan oscuro como el actual figura la introducción de fórmulas que permitan a las instituciones financieras distinguir entre los buenos y malos ciclos y acumular reservas, así como avanzar en la cooperación internacional y en los ejercicios de alerta temprana para no dejar crecer los problemas y atajarlos a tiempo, y vigilar mejor las agencias de rating.

Regular los paraísos fiscales de cara a su eliminación futura, y los 'hedge funds' o fondos de inversión de alto riesgo, son algunos de los aspectos a abordar en el diseño de la nueva estrategia de supervisión, así como la generalización de medidas anticíclicas como las desarrolladas por el Banco de España a través de las provisiones genéricas, que se engordan en tiempos de bonanza para afrontar mejor los momentos difíciles.

Reforzar las competencias y ampliar las aportaciones del FMI con el fin de acelerar su capacidad de respuesta cuenta con un elevado grado de consenso y podría concretarse en una aportación global de 250.000 millones de dólares, de los que 100.000 corresponderían a Japón, 75.000 a Estados Unidos, y otros 75.000 a la UE, dentro de los cuales figuran los 3.000 millones que serían aportados por España.