Una explicación a las víctimas de la pandemia financiera de 2008


Siglos atrás, una bacteria que recorrió medio mundo a través de ratas y pulgas para terminar asolando a la sociedad de aquel tiempo y su economía. Se le conoció como la peste negra. En 2009, otro organismo maligno, la codicia, terminó infectando a la sociedad y su economía. Se le llamo la crisis subprime. También ha sido un virus, con el gigantesto poder transmisor de un sistema financiero globalizado y un reguero de millones de víctimas, arruinadas o estafadas, por todos los rincones del planeta. Es una nueva forma de pandemia por gracia o desgracia de la globalización, la interconexión de los mercados financieros y de uno de los pecados capitales del ser humano: la codicia por el capital.

Carlos Salas (Caracas, 1956) es experto en periodismo económico, con más de 25 años de trayectoria, en los que ha dirigido medios como Metro, El Economista o Capital. Es autor de La crisis explicada a sus víctimas, un libro que cuenta de forma visual y sencilla los acontecimientos que convirtieron a 2008 en el de la peste financiera de la era moderna. “Fue [el año] el del precio récord del barril de petróleo (140 dólares), el mayor agujero causado a un banco por una sóla persona (Jerome Kerviel), la mayor estafa conocida (Madoff), la mayor suspensión de pagos de España (Martinsa Fadesa), caídas y subidas récord en bolsa… Ha sido también el récord de la codicia”, explica en una entrevista con lainformacion.com

A lo largo de un relato ordenado, temático, Salas se adentra en algunas de las claves que han desembocado en la crisis actual. ‘Dónde está el dinero, por qué no se pudo detener la crisis, quién nos mintió o cuáles son las salidas’, son algunos de los interrogantes sobre los que trata de aportar alguna respuesta. “A los brókers no les pagan por evitar el riesgo, sino por ganar más dinero y eso se hace una sola forma: asumiendo riesgos (…) Para multiplicar las ganancias, los bancos de inversión exigen a sus huestes que muevan el dinero muy aprisa. Eso invita a los brókers a que jueguen a la ruleta rusa”, cuenta el periodista en este manual de historias económicas entrelazadas. “Una de esas apuestas fueron los Credit Default Swaps (CDS), unos derivados que protegían de la bancarrota, pero que servían para apostar sobre la bancarrota. (…) Eran la madre de todos los derivados. En realidad, servían para ganar con la destrucción del sistema”, explica.

El derrumbe del mito de Greenspan

Salas cuenta en su libro con las opiniones de Leo Melamed, fundador del Chicago Mercantile Exchange (CME), la mayor plataforma mundial de negociación de derivados y del primer mercado planetario de divisas. Según este veterano trader, la falta de regulación sobre los mercados over the counter (no regulados) ha sido una de las causas de la crisis porque evitaron la transparencia en unos productos que eran muy complejos. Vieron la luz en el año 2000, en los últimos coletazos de la Administración Clinton, pero bajo el respaldo de un mito de la economía, Alan Greenspan. Las últimas políticas del presidente de la Reserva Federal (Fed) durante 25 años han sido vistas con menos admiración. “Krugman le acusó de azuzar a los americanos para que invirtiesen en productos complejos. Greenspan es uno de los mitos derrumbados en esta crisis”, sentencia Salas.

Pero al  margen de las notas más técnicas y especializas, la explicación a la crisis comprende una serie de narraciones sencillas sobre aspectos tan cotidianos en la economía doméstica como la formación y los riesgos del euribor, por qué la gasolina no se mueve al ritmo del petróleo o, algo tan útil en los tiempos actuales sobre cómo aprovechar un periodo de desempleo para salir reforzado. Testimonios de economistas como Guillermo de la Dehesa, ex de Goldman Sachs en España y actual responsable de Aviva, Rafael Pampillón (IE), el gurú de los derivados Leo Melamed (CME) o el revientacasinos Gonzalo García Pelayo se entremezclan con historias como la de Blas y Ruth, dos españoles atrapados por su hipoteca, para explicar por qué pasó lo que ha ocurrido. Cómo telón de fondo, la voz y las letras de Daniel Defoe en su “Diario del año de la peste“.