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Una ex concursante de Gran Hermano con cáncer terminal cumple su sueño de casarse

  • Londres, 22 feb (EFE).- Convertida en objeto del voyeurismo general, Jade Goody -de 27 años y ex concursante británica del programa Gran Hermano que sufre un cáncer terminal- vio hoy cumplido el último gran sueño de su vida al contraer matrimonio con un joven de 21, ahora en libertad vigilada por agresión a un adolescente.

Una ex concursante de Gran Hermano con cáncer terminal cumple su sueño de casarse

Una ex concursante de Gran Hermano con cáncer terminal cumple su sueño de casarse

Londres, 22 feb (EFE).- Convertida en objeto del voyeurismo general, Jade Goody -de 27 años y ex concursante británica del programa Gran Hermano que sufre un cáncer terminal- vio hoy cumplido el último gran sueño de su vida al contraer matrimonio con un joven de 21, ahora en libertad vigilada por agresión a un adolescente.

Goody intercambió votos con Jack Tweed, a quien por intervención personal del ministro del Interior el juez concedió un permiso especial para que no tenga que regresar a su casa materna a las siete de la tarde local, en cumplimento de su condena, y pueda pasar la noche de bodas con su mujer.

El enlace de Goody con Jack Tweed tuvo lugar en un hotel de la localidad de Hatfield Heath, en Hertfordshire, al que se prohibió el acceso a fotógrafos y periodistas, salvo los de la revista del corazón "Ok!" o de la emisora de televisión "Living TV", medios a los que la novia vendió la exclusiva de su boda por algo más de 1,1 millones de euros.

El relaciones públicas de Goody, Max Clifford, confirmó esta tarde a los reporteros que esperaban fuera que la pareja ya era "marido y mujer" y dijo que la novia logró permanecer de pie durante la mayor parte de la ceremonia, oficiada por un obispo episcopaliano, que duró 45 minutos y en la que hubo "risas y lágrimas".

Se sabe, por la información aparecida en los tabloides, que la novia iba con un vestido valorado en 4.000 euros regalado por el dueño de los almacenes Harrod's de Londres y que no quiso llevar el velo habitual para mostrar su cráneo calvo por las sesiones de quimioterapia a que ha estado sometida.

Goody, a la que los médicos auguran sólo semanas de vida, ha decidido, según ha confesado ella misma, aprovechar el tiempo que le queda para dejar la mayor fortuna posible para la educación de sus dos hijos de una relación anterior con un ex futbolista y ahora presentador de televisión, que tienen cuatro y cinco años.

Así, además de la exclusiva de su boda, se rumorea que concederá una entrevista a un conocido periodista de televisión y que ha decidido también vender los derechos de las imágenes del próximo bautismo de sus hijos, a lo que se sumarán los royalties del "diario del cáncer", que se publicará póstumamente.

"He vivido toda mi vida adulta hablando de mi vida. He vivido frente a las cámaras y tal vez muera también así", confesaba recientemente esta hija de un drogadicto, que tuvo una infancia difícil y a la que salvó del anonimato el desparpajo, unido a la más crasa ignorancia, que mostró en el programa de telerrealidad, género que parece valorar ambas cosas en los concursantes.

La participante más joven que había tenido hasta entonces Gran Hermano entró en el mundillo del famoseo, escribió dos autobiografías, lanzó su propia línea de perfumes y, gracias a una serie de contratos y operaciones, se hizo con una fortuna que el dominical "News of the World" cifra hoy en 3,3 millones de libras (cerca de 3,7 millones de euros).

Buena parte de ese dinero lo hizo gracias al morbo popular que despertó la noticia de que sufría un cáncer de útero, que le fue comunicada en directo ante las cámaras de televisión mientras participaba en agosto del año pasado en la versión india de Gran Hermano.

Su participación en aquel programa fue una especie de acto de contrición por los insultos que Goody había proferido en una anterior edición del Gran Hermano de Famosos contra otra concursante, la actriz india Shilpa Shetty, improperios racistas que originaron un gran escándalo tanto en el Reino Unido como en la India.

El cáncer terminal que sufre parece que ha permitido, de pronto, redimirse públicamente a una mujer a la que muchos despreciaban por su ignorancia y su vulgaridad, pero en la que otros veían un talento natural para la comunicación.

De pronto, muchos alaban su entereza ante la adversidad, su buen humor y el amor a sus hijos, aun cuando hay quien no parece demasiado convencido por esa exhibición casi impúdica de un drama personal que otros millones de personas viven en silencio.

Cada cual ha aprovechado, sin embargo, su drama para arrimar estos días el ascua a su sardina: el primer ministro británico, Gordon Brown, le ha deseado suerte, mientras que el primado católico, cardenal Murphy O'Connor", la ha calificado de "mujer valiente" y ha elogiado el hecho de que quisiera casarse por la iglesia y bautizar a sus hijos en la fe cristiana.

Finalmente, muchos se felicitan del hecho de que, gracias a la publicidad del caso, las mujeres sean más conscientes de la conveniencia de someterse tempranamente a las pruebas que permiten detectar uno de los tipos de cáncer más comunes entre ellas.