120 horas de tensión: cómo el Gobierno se movilizó para cerrar la operación Popular


  • Moncloa transmitió el viernes "tranquilidad absoluta" por la situación del Banco Popular. 120 horas después llegó la solución de la mano del Santander.

  • Guindos y Botín en Bilderberg, Bankia aupada y descartada, Bruselas y Fráncfort en medio, firma de madrugada... Así han sido el final del Popular.

120 horas de infarto. Cómo el Gobierno se movilizó para cerrar la operación Popular

120 horas de infarto. Cómo el Gobierno se movilizó para cerrar la operación Popular EFE

Mientras Mariano Rajoy disfrutaba en Cardiff de la victoria de su equipo, el Real Madrid, en la final de la Champions, el sistema bancario español estaba viviendo unas horas de gran tensión y nerviosismo... y no por el fútbol.

El Ministerio de Economía y Bruselas se encontraban en ese momento negociando una solución urgente para la crisis del Popular, que finalmente ha llegado de la mano del Santander. El Gobierno ha querido evitar en todo momento que la crisis de las cajas se convirtiera en una crisis bancaria y decidió intervenir de manera inmediata para atajar el peligro.

Para comprender la historia de cómo se ha rescatado al Popular hay que remontarse al pasado viernes. Rajoy presidió ese día un Consejo de Ministros marcado por la aprobación del primer trámite de los Presupuestos Generales del Estado y por una nueva oferta a Carles Puigdemont para que este acudiera al Congreso a defender sus planes independentistas para Cataluña. Un ministro no asistió a ese cónclave, Luis de Guindos, que se encontraba camino de Chantilly, Virginia (Estados Unidos) para participar en la reunión anual del Club Bilderberg. La estancia del titular de Economía en ese encuentro no fue casual para la solución de la entidad.

En el Bilderberg, Guindos coincidió con Ana Botín, presidenta del Banco Santander, dos personas que a la postre serían claves en la 'operación Popular'. El ministro de Economía viajó a Estados Unidos con los deberes hechos. Antes de tomar el avión transmitió a su colega portavoz, Iñigo Méndez de Vigo, qué es lo que tenía que decir en la rueda de prensa de ese día en Moncloa. Sabía que los periodistas iban a preguntar por la situación del Popular. El argumentario fue: "Tranquilidad absoluta", el Gobierno no tiene "ninguna preocupación" por la situación de la entidad, es un banco privado que ha pasado los test de estrés y, por último, el mensaje más importante, "gracias a las reformas España tiene un sistema financiero sólido". Moncloa quería levantar así un muro de contención mientras, en privado, se estaba negociando la solución.

Bankia, BBVA y Santander 

En un primer momento, Luis de Guindos se inclinó porque fuera Bankia quien salvara al Popular. Goirigolzarri era el 'mirlo blanco' para rescatar la entidad. Fue el propio ministro de Economía el que lo dio a conocer al afirmar que desde la antigua Caja Madrid se estaba estudiando el "potencial interés" por la operación. Fuentes cercanas al Gobierno aseguran que Guindos "se emperró" en los momentos iniciales por el banco con sede en Plaza de Castilla porque, entre otros aspectos, el Estado había rescatado a esta entidad aportando más fondos de los necesarios. Creía, por tanto, que debían ser ellos quienes solucionaran este problema. No obstante, esta operación se hubiera encontrado con problemas regulatorios a nivel comunitario, por lo que finalmente se descartó.

La intervención del Banco Central Europeo (BCE) también fue clave para que el Popular acabara en manos privadas. Desde Fráncfort se hizo ver al Gobierno español la necesidad de que fuera una gran entidad quien acudiera al rescate, indican las mismas fuentes del entorno de Moncloa. Lo que se transmitió a Madrid desde el equipo de Draghi fue que solo quedaba un camino para acabar con la incertidumbre: la intervención de un banco nacional fuerte. Esta mensaje acabó por descartar la vía Bankia.

Una vez centradas las opciones en entidades privadas, Economía invitó a varios bancos a que presentaran ofertas para hacerse con el Popular. Al menos intervinieron dos: Santander y BBVA. En el caso de la compañía con sede en Boadilla del Monte, el primer interés por adquirir el banco fue más bien escaso ya que no presentaron oferta inicial utilizando como argumento que no estaban dispuestos a aportar la prima que se pedía. La presidenta Ana Botín tampoco quería saber nada del Popular al principio y se decantaba por alejarse de ampliar riesgos en España, aseguran.

La situación dio un giro radical a principios de esta semana. La Junta Única de Resolución (JUR) y el Fondo de Restructuración Ordenada Bancaria (FROB) fueron quienes precipitaron la operación al transmitir este mismo martes que estaban a punto de declarar al Popular "entidad inviable". Se aceleraron, entonces, los contactos del Ministerio de Economía con los posibles compradores.

Se convocó entonces una subasta que finalmente se ha llevado el Santander tras una negociación in extremis y que se ha prolongado durante toda la madrugada del martes al miércoles. El contrato se firmó a las 7 am y quienes han intervenido en la venta no han podido pegar ojo en toda la noche. Operación cerrada pero no resuelta, ya que ahora queda por saber si habrá una lluvia de pleitos.