El colegio de El Gallinero acoge ya a 56 menores, que en tres meses muestran mejoras en el idioma y en el comportamiento

MADRID, 17 (EUROPA PRESS) El centro socioeducativo que se puso en marcha en el distrito de Latina para escolarizar a los niños que vivían en el asentamiento chabolista de El Gallinero, en la Cañada Real Galiana, cuenta ya con 56 menores, que, según los primeros informes, muestran mejoras en el conocimiento del castellano y en el comportamiento, tanto a nivel individual como grupal. Así lo explicó hoy la consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, Lucía Figar, que acompañada del presidente de Cruz Roja Madrid, Jesús Mora, y del director del colegio, Jesús Vizcaíno, visitó las instalaciones del centro y compartió momentos con los niños, que asombrados ante las cámaras de televisión presentes, rompieron con la rutina escolar y jugaron con ellos. Figar explicó que en tres meses que lleva en funcionamiento el colegio, que se llama Henri Dunat en honor al fundador de Cruz Roja, hay 56 niños que acuden "normalmente" aunque en El Gallinero están censados un total de 87, después de que el Ayuntamiento de Madrid detectará el pasado mes de junio la llegada de familias, en su mayoría rumana, y estudiara la situación. Sin embargo, 19 de los 31 restantes que no acuden habitualmente a las clases no están actualmente en Madrid "porque están de viaje en Portugal, Italia, incluso en Inglaterra", explicó Figar, quien añadió que el resto, o no están en edad escolar obligatoria o los padres todavía se muestran reticentes a la hora de llevar a sus niños al colegio. En este sentido, subrayó las circunstancias familiares en algunos casos porque se da la situación, a veces, de que "son familias donde obligan a un menor de edad a cuidar de otro que es todavía más pequeño o hay familias que no aceptan todavía la escolarización o no ven las ventajas de educación de acudir a un centro", añadió la consejera. Al tratarse de escolares de distintas edades, el centro ha organizado sus actividades en cuatro aulas. Hay dos de Infantil, para los niños de 3 y 4 años, donde hay 19 pequeños; y para los que están entre los 4 y los 6 años, con 21 alumnos. En estas clases, se inicia a los menores en el aprendizaje del castellano, la socialización y los hábitos de higiene. Otra de las clases es para los alumnos de 6 a 8 años, donde hay otros 19 pequeños, a los que se les transmite las bases de la lectura, la escritura y las operaciones de cálculo elementales. En el caso del aula para los más mayores, los que tienen entre 9 y 14 años, hay 23 alumnos, con los que se trabaja como un "aula de enlace", en la que se refuerzan el castellano, la socialización, los hábitos de higiene, la lectura y la escritura. El objetivo final de este singular proyecto es que los niños puedan pasar con el tiempo, en un periodo a medio plazo, a estar escolarizados en centros ordinarios, como ya lo están más de mil niños que también viven en El Gallinero y en La Cañada Real. No obstante, cada caso es particular, y en función de su evolución, irán incorporándose, siempre tras un intenso seguimiento para evitar el absentismo posterior. Así, tras haber hecho y continuado con las valoraciones integrales de cada uno de los alumnos, teniendo en cuenta el entorno del que procedían, el grado de implicación de las familias o el mismo conocimiento del castellano, pasados los tres meses (el centro se inauguró el pasado 11 de noviembre), se han producido "grandes avances", señaló la consejera. "Los primeros informes hacen una valoración muy positiva de la evolución de los alumnos y de sus mejoras en el aprendizaje con los conocimientos básicos", aseguró Figar, quien indicó que se aprecia una mejora en el comportamiento individual y grupal que se manifiesta en todas las edades pero, sobre todo, "en la aceptación de la rutina escolar, y en la aceptación del maestro como figura de referencia". Los informes recogen también que en el plano educativo se ha producido una mejora en la comprensión del idioma, en la comunicación verbal en castellano, en la interiorización entre rutina y trabajo, en el aumento de autonomía personal y en el cuidado de los materiales. En concreto, en la etapa infantil, "se realizan mejoras académicas acorde con su edad en cuanto a aprendizaje, autonomía, motricidad y razonamiento", continuó Figar, al tiempo que destacó que en el caso de Primaria "se avanza en el conocimiento de las letras, en operaciones matemáticas, en Conocimiento del Medio, en Deporte, actividades cooperativas, talleres, y expresión corporal. Asimismo, hay un comportamiento "mejor" durante las comidas porque hay que tener en cuenta que "son alumnos que no están habituados a comer sentados ni a manejar tenedor, cuchillo y cuchar". "Ahora permanecen mucho tiempo sentados durante el desayuno y las comidas, un aspecto que los expertos señalan como fundamental en el comportamiento de los niños", matizó la responsable de Educación, quien también agradeció la colaboración del Consistorio de la capital, que se ha encargado de ceder todo el material escolar y ropa para los pequeños, como los 'babis'. En este sentido, la mejora también se contempla en la alimentación. "Con el tiempo se han ido adaptando al menú que inicialmente planteaba problemas, y han aceptado el pescado como alimento básico* comen pollo, carne y es un éxito para los trabajadores haber conseguido este equilibrio", añadió Figar. MÁS JUEGOS EN GRUPO En la misma dirección, sus profesores han detectado un aumento del juego grupal "en detrimento del individual o juego aislado que era el que tenían los alumnos cuando llegaban". "Ahora son capaces de jugar en grupo, y practicar deporte", apostilló la consejera. Además, también se ha producido una mejora en la resolución de conflictos y relación entre ellos mismos. "En el patio había muchos conatos de violencia que los alumnos consideraban normales, se han ido modulando, reduciendo y durante estos tres meses la convivencia ha sido mucho mejor", concluyó. El centro está dotado con 12 aulas, comedor, gimnasio con duchas y pistas deportivas. Cuenta con un equipo de profesionales seleccionados por Cruz Roja, encargada del proyecto, de los cuales, seis son profesores, tres mediadores, dos auxiliares, un técnico de enlace encargado del seguimiento del progreso de los menores, un conserje, y un administrativo. Precisamente, el director del centro socioeducativo, Jesús Vizcaíno, explicó que al principio, cuando llegaron los pequeños al colegio, después de haber trabajado con las familias en el mismo asentamiento, se pensaban que el colegio era "una excursión o una situación extraordinaria". "Entonces, el puente nuestro fue de transmitir esta situación como algo habitual, transmitirles el centro como un centro socioeducativo a las familias", señaló el director, quien explicó que las principales dificultades que tuvieron que afrontar fueron en cuanto a comportamientos, hábitos y la situación de partida de algunos menores, que, a veces "era muy delicada". Que los pequeños supieran relacionarse en grupo y tuvieran la estabilidad o la rutina para asumir el ritmo de un aula eran los primeros retos. Así, explicó Vizcaíno, al principio las rotaciones de actividades eran muy cortas porque no eran capaces de mantener la concentración y no superaban los 15 ó 20 minutos. "Sin embargo, ahora hemos llegado en tres meses a poder estar tiempos de hasta dos horas o más incluso en las aulas asumiendo diferentes tareas y separando tiempos de comedor, de aula, de patio, y los ritmos de cada uno de ellos", añadió. El centro no cierra en vacaciones ni de Semana Santa ni de verano (los meses de julio y agosto) para que los niños no pierdan la rutina. Además, se celebró una jornada con los padres para que acudieran al centro y pudieran ver qué es lo que hacían sus hijos, y tuvo un éxito considerable pues llegaron a asistir cerca de 15 familias. Se espera organizar otra antes de que termine el curso escolar como tal.