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El Papa explica que nadie podía quitarle la vida a Jesús, que la dio "por libre decisión"

(Esta noticia está embargada hasta el momento de su pronunciación por parte del Pontífice Romano, por lo que puede sufrir modificaciones)

MADRID, 9 (EUROPA PRESS)

El Papa Benedicto XVI aseguró hoy Jueves Santo, durante la Misa de la Santa Cena del Señor en la Basílica de San Juan de Letrán, sede del Obispado de Roma, que nadie podía quitarle la vida a Jesús, que la dio "por libre decisión".

La Homilía de la celebración eucarística que inició las celebraciones del Triduo Pascual pronunciada por el Santo Padre fue una extensa explicación de los significados de la Última Cena. En este sentido, el Papa señaló que, en el Cenáculo, Cristo entregó a los discípulos su Cuerpo y su Sangre, es decir, "Él mismo en la totalidad de su persona", pero se preguntó si podía hacerlo puesto que todavía estaba físicamente presente entre ellos.

"La respuesta es que, en aquella hora, Jesús cumple lo que previamente había anunciado en el discurso sobre el Buen Pastor: "Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla (cf. Jn 10,18). Nadie puede quitarle la vida: la da por libre decisión", afirmó Benedicto XVI.

Así, según el Papa, Jesús "anticipa la crucifixión y la resurrección". "Lo que, por decirlo así, se cumplirá físicamente en Él, Él ya lo lleva a cabo anticipadamente en la libertad de su amor. Él entrega su vida y la recupera en la resurrección para poderla compartir para siempre", aseguró el Sumo Pontífice.

Benedicto XVI relató que lo que ocurrió en la hora de la última Cena se renueva cada vez que se celebra la Eucaristía y pidió para que los hombres comprendan "cada vez más la grandeza de este misterio".

LIMOSNA PARA CATÓLICOS EN GAZA

Con esta celebración eucarística, cuya colecta destinó el Vaticano a la comunidad católica de Gaza, Benedicto XVI inició las celebraciones del Triduo Pascual, que prosigue mañana viernes, con la conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesucristo, y culmina el domingo, con la celebración de su Resurrección.

Durante la Misa de esta tarde de Jueves Santo de la Basílica Lateranense, el Papa lavó los pies a doce sacerdotes, rito con el que se reproduce la escena evangélica en la que Jesucristo hizo lo mismo con sus apóstoles para ilustrarles el modo de vivir el amor con los demás.

No en vano, en su Homilía el Papa hizo un continuo llamamiento de oración a los sacerdotes que han de pedir para llevar la salvación, para llevar la bendición, para hacer presente su bondad, para ver lo que es verdadero, luminoso y bueno, para que sean capaces de ver la presencia de Dios en el mundo, para reconocer a los que les necesitan, que esperan su palabra y su acción o para aprender a vivir cada vez mejor el misterio de la Eucaristía, de manera que comience así la transformación del mundo.

MISA CRISMAL

Por la mañana, el Sumo Pontífice realizó la tradicional bendición del óleo para los catecúmenos y enfermos y la consagración del Santo Crisma durante la Misa Crismal en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Estos óleos se reparten entre las parroquias para administrar los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Unción de los Enfermos.

En la ceremonia participaron los cardenales, obispos y sacerdotes --tanto diocesanos como religiosos-- presentes en Roma, como signo de la "estrecha comunión" que existe entre el Papa y todos los sacerdotes.

En la celebración, el Pontífice recordó que la víspera de su Ordenación sacerdotal, hace 58 años, abrió la Sagrada Escritura porque quería recibir la palabra de Dios para aquel día y para su futuro como sacerdote y que leyó: *Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad*. "Entonces -relató- me di cuenta: el Señor está hablando de mí, y está hablándome a mí. Y lo mismo me ocurrirá mañana. No somos consagrados en último término por ritos, aunque haya necesidad de ellos. El baño en el que nos sumerge el Señor es Él mismo, la Verdad en persona. La Ordenación sacerdotal significa ser injertados en Él, en la Verdad. Pertenezco de un modo nuevo a Él y, por tanto, a los otros, *para que venga su Reino*.

Así, pidió al Señor en la renovación de las promesas que nos les haga "hombres de verdad, hombres de amor, hombres de Dios" y que les atraiga para convertirlos "verdaderamente en sacerdotes de la Nueva Alianza".