La unidad será el valor de Felipe VI, como la estabilidad lo fue de su padre

  • La estabilidad democrática, el principal valor reconocido por el rey Don Juan Carlos, ha dejado de ser una prioridad para los españoles, que han perdido confianza en la institución.

  • En esta nueva etapa que se abre, el reto de Felipe VI será encontrar el valor por el cual será apreciada la Corona.

Proclamación de Felipe como Príncipe de Asturias y heredero a la Corona

Proclamación de Felipe como Príncipe de Asturias y heredero a la Corona

Uno de los grandes retos que tendrán por delante los futuros reyes de España será remontar la bajada de popularidad que se manifiesta en las encuestas de forma constante desde hace una década. Desde el año 1998, en que el CIS daba a la Corona una popularidad de casi un 7,5 hasta el primer suspenso en octubre de 2011 y el actual 3,72, nuestro país ha vivido una crisis económica e institucional, pero sobre todo ha sido la propia corona la que ha perdido el contacto con la realidad cambiante de la sociedad española. Las virtudes que entonces la hacían valiosa son ahora percibidas como menos necesarias y la institución no ha sabido adecuarse a las demandas de las nuevas generaciones, además de haber perdido buena parte de la necesaria ejemplaridad que debe mostrar la primera familia del país.

La Universidad Complutense está llevando a cabo una investigación sobre los valores de la corona aplicando a la institución los criterios de evaluación que se aplican a empresas para medir los valores intangibles que los consumidores asocian a las distintas marcas, como podría ser la seguridad a Volvo, el lujo a Ferrari o la rapidez a McDonald's, por poner tres ejemplos. Según este estudio, llevado a cabo por Ángeles García Molero y dirigido por la profesora de Comunicación Política, María José Canel, el principal valor que se ha asociado a la corona durante los años en que su nivel de valoración superaba el siete en las encuestas del CIS era la estabilidad. "El hecho de que los ciudadanos hayan dado a la corona su confianza quiere decir que se le asocian unos valores positivos, es decir, que tiene para los españoles un valor intangible. La corona española tiene valor como institución en la medida en que los ciudadanos la consideren necesaria y si analizamos los atributos que han aparecido en prensa asociados a la corona en los últimos años, el principal valor sobre el que se construye su reputación es que contribuye a la estabilidad democrática", explica María José Canel.

Gracias a que genera estabilidad, la corona ha sido juzgada como necesaria por una gran mayoría de españoles, sobre todo teniendo en cuenta que venimos de una etapa de transición democrática donde era importante contar con un elemento que diera equilibrio y garantía a todo el proceso. "El problema es que la corona no ha sabido recanalizar a tiempo su reputación y su valor intangible, al no percibir que la estabilidad democrática, avanzado el siglo XXI, no era ya una urgencia para España. De ahí que al estallar la crisis económica, se pongan en cuestión los valores de la corona, debilitados por escándalos públicos como la caza del rey en Botsuana o el caso Urdangarin", advierte la profesora de la Complutense.

En este momento, la corona se encuentra ante el reto de reposicionar sus valores identificando cuáles son aquellos que la hacen necesaria, toda vez que la estabilidad democrática ya no está entre las prioridades percibidas por los españoles. "El papel que le atribuye la Constitución es el de ser garante de la unidad de la nación y árbitro de la neutralidad y del 'apartidismo' del estado. Estos dos valores son los que pueden hacer que la corona sea percibida como necesaria y en realidad son los valores que muestran todos los jefes de estado del mundo, ya sean monárquicos o republicanos. Toda constitución democrática busca una institución que sea garantía de unidad y neutralidad, que pueda ser un árbitro a quien acudir ante una catástrofe, un conflicto de cualquier naturaleza o un estado de excepción. El reto del príncipe Felipe será adueñarse de estos dos valores y por tanto ejercer la función que le atribuye la Constitución. Su padre lo hizo, pero viviendo de las rentas de un país que transitó hacia la democracia y eso le dio un valioso capital", apunta Canel.

El reto que se le presenta al príncipe es garantizar la unidad y la neutralidad del estado ante un escenario en el que la democracia no está en juego, pero sí la unidad de España. "La reputación de la Corona española se va a jugar gran parte de su capital en la relación que sea capaz de mantener con todas las comunidades autónomas y en especial con Cataluña y el País Vasco. Y también se va a jugar mucho en cómo represente su neutralidad en el escenario político. El rey Juan Carlos ya ha demostrado que es capaz de garantizar una alternancia pero las últimas elecciones y la posible fragmentación del bipartidismo representan un nuevo reto para los futuros reyes, que deben convivir con un Parlamento mucho más fragmentado en el que han emergido nuevas fuerzas", explica la directora de la investigación.

En este sentido, la lealtad institucional y la armonía que siempre han demostrado PP y PSOE con la Corona deberán ser prolongadas en un escenario donde entran en juego nuevas fuerzas políticas con sensibilidades muy diferentes, cuya adhesión a la Corona está en entredicho y donde es posible que las fuerzas tradicionales pierdan peso. Además, la unidad de España será cuestionada dentro del propio Parlamento por lo que la defensa de esta unidad, manteniendo además la debida neutralidad, será un auténtico juego de malabares para el nuevo monarca.

Comunicación y transparencia

Otro de los retos del futuro Felipe VI será adaptar el contexto comunicativo que tuvo su padre a los nuevos tiempos y las nuevas demandas de los españoles. "La tendencia mundial es la transparencia de las instituciones. Todos los países democráticos están aprobando leyes en ese sentido y la corona no debe ser una excepción, aunque sí debe mantener su nivel institucional. La corona es ante todo una institución y no debe perder ese carácter porque en la medida en que sea institucional será más de todos y lo será menos cuanto más personalista sea", explica.

Además, la comunicación institucional de la Corona deberá adatarse a los formatos actuales abandonando paulatinamente otros más tradicionales como el discurso o la foto para abrirse más a formatos participativos como la entrevista o las redes sociales. "El público actual está acostumbrado a interactuar y ya no admite mensajes unilaterales como las fotos o los discursos", concluye María José Canel, que no descarta que el príncipe y futuro rey deba abrirse, más pronto que tarde, su propia cuenta de Twitter.