Dicen no querer terceras elecciones, pero Sánchez y Rivera mantienen el bloqueo


  • Tras el debate queda la incómoda sensación de un bloqueo renovado. Quienes pueden activar la formación de un Gobierno repiten los planteamientos que condujeron al 26-J.

  • La mayor responsabilidad para facilitar una solución sigue recayendo sobre Pedro Sánchez y Albert Rivera.

Sánchez avisa a Podemos de que "las convicciones no se compran ni se venden" y recalca: "Cada uno es lo que vota"

Sánchez avisa a Podemos de que "las convicciones no se compran ni se venden" y recalca: "Cada uno es lo que vota" MÁLAGA | De la enviada especial de EUROPA PRESS Laura Caldito

Los cuatro líderes se comprometieron en el debate a hacer todo lo posible para que no haya que celebrar terceras elecciones, pero lo que queda tres días después es la incómoda sensación de un bloqueo renovado, ya que quienes pueden activar la formación de un Gobierno están repitiendo los planteamientos que condujeron a la convocatoria de las segundas del próximo 26-J. Lo cierto es que se veía venir la obstrucción porque los cuatro líderes se mostraron deliberadamente imprecisos sobre los pactos que estarían dispuestos a concluir. Es como si hubieran dicho que no habrá elecciones pero no sabemos cómo o, más exactamente, ya veremos si nos ponemos a ello. 

La mayor responsabilidad para facilitar una solución sigue recayendo sobre Pedro Sánchez y Albert Rivera, según los datos demoscópicos de que disponemos para imaginarnos el resultado electoral. O ellos facilitan el acuerdo o no habrá Gobierno. Mariano Rajoy y Pablo Iglesias estarán a la espera de apoyos, el primero porque ganará las elecciones y se creerá en el derecho de que le dejen gobernar como fuerza más votada, y el segundo porque liderará la izquierda y entiende que su deber no es ceder el paso a quien llega por detrás y desfondado. Pero tanto el socialista como el ciudadanista han vuelto a levantar sus muros.

Sánchez insiste en que no apoyará un Gobierno del Partido Popular, su anuncio preferido en el 20-D. El todavía líder socialista se crece en el repudio a la derecha, pero la alternativa que le queda es mucho peor que facilitar un Gobierno conservador: consagrar a la izquierda radical entusiasmada en engullir al Partido Socialista. Después de cosechar el peor resultado electoral de la historia del PSOE, ¿va a facilitar Sánchez que gobierne una extrema izquierda liderada por un comunista aunque se esfuerce en disimularlo, aliada con la coalición comunista por excelencia, Izquierda Unida, que amenaza con quebrar la estructura territorial de España y quiere desbocar el gasto público y esquivar el control de la Unión Europea? Cualquier error es posible en quien ya ha cometido tantos, pero cuesta creer que incluso con sus antecedentes Sánchez sea capaz de llevar a su partido hasta el cadalso.

Rivera vuelve a poner la cabeza de Rajoy como el precio que habrá de pagar el PP por el apoyo de Ciudadanos: o Rajoy cede el testigo o C’s no se coaligará ni siquiera permitirá un Gobierno popular. El órdago es descomunal, exigir que los militantes de un partido quemen a su líder por una estrategia foránea. Cabría preguntarle a Rivera qué estaría dispuesto a hacer si desde fuera de su partido le exigieran lo mismo a él. Los métodos de un partido son particulares, propios, exclusivos, y permiten a sus militantes entender que una exigencia externa es un chantaje inaceptable. Si Rivera impide un Gobierno de Rajoy, en el caso de que el número de sus escaños sea decisivo, tendrá que arrostrar el peso de haber frustrado las espectativas conservadoras, que son precisamente las que él defiende.

En el Partido Socialista empiezan a levantarse voces que contradicen a Sánchez, por ejemplo Jordi Sevilla que entiende lógico que gobierne la lista más votada. Si, por otra parte, se confirma el fiasco electoral del partido, es verosímil que Sánchez desaparezca del terreno de juego y los pactos de gobernación con el PP o la abstención estratégica no sean imposibles. También es probable que la reprobación de Rajoy por Rivera se diluya si Ciudadanos puede jugar el papel de ayudar a frenar a la izquierda radical. Pero todo ello son eventualidades mientras el bloqueo sigue estando anunciado pese a las previas declaraciones de buena voluntad de sus promotores. No quieren terceras elecciones, dicen, pero no actúan en consecuencia.