Habrá Gobierno pero será muy débil, no habrá terceras elecciones


  • Hay muchísimas posibilidades de que se forme Gobierno pronto, pero, y aquí viene el matiz, será un Gobierno débil que encontrará numerosas dificultades para ejercer.

  • No iremos a terceras elecciones porque antes le temblará la mano a quien tiene la llave del Gobierno, que no es otro que Pedro Sánchez.

Rajoy dice que se actuará con "firmeza y proporcionalidad" para garantizar el cumplimiento de la ley en Cataluña

Rajoy dice que se actuará con "firmeza y proporcionalidad" para garantizar el cumplimiento de la ley en Cataluña MADRID | EUROPA PRESS

Todos los que han despachado con el Rey Felipe VI en los dos primeros días de consultas coinciden en atestiguar que está muy preocupado. No es para menos. La sombra de unas terceras elecciones es el anuncio de una crisis del sistema, de un futuro amenazador. Pero me voy a permitir poner unas gotas de optimismo en este trance que desazona a la gran mayoría, en sintonía con el monarca, y que complace indisimuladamente a la minoría antisistema, pues encontraría en este revés un estímulo a sus intenciones. Es en todo caso un optimismo limitado: hay muchísimas posibilidades de que se forme Gobierno pronto, pero, y aquí viene el matiz, será un Gobierno débil que encontrará numerosas dificultades para ejercer.

No iremos a terceras elecciones porque antes le temblará la mano a quien tiene la llave del Gobierno, que no es otro que Pedro Sánchez. Esta vez, el secretario socialista cuenta con menos posibilidades de probar una aventura personal, pues su intento de formar Gobierno alternativo a uno de Mariano Rajoy pasaría por pactar con Podemos y aceptar las condiciones de los independentistas catalanes, lo que pondría en riesgo la unidad de España y acabaría causando una profunda quiebra en su partido. El comité federal no se lo permitiría, salvo que muchos de sus integrantes resultaran afectados por un soplo de locura. La única alternativa que le queda es abstenerseen la investidura de Rajoy, lo que hará posiblemente en la segunda votación para hacerse de rogar y ofrecerlo como un servicio.

La decisión que tome Ciudadanos es irrelevante s estos efectos, porque aunque Albert Rivera decidiera en el último momento votar sí o entrar en el Gobierno de Rajoy, lo que es inverosímil tras lo que viene diciendo, ese Gobierno no sería posible sin la abstención del PSOE. Tiene razón C’s cuando pone la patata caliente en manos de Sánchez, lo que no es una provocación política sino un dictado de la aritmética parlamentaria, como se encarga de subrayar Juan Carlos Girauta. Pero resuelto el problema de tener Gobierno, se plantea otro bien delicado que es el de la posibilidad de gobernar.

Un Gobierno asentado en 137 escaños, el 39 % del Congreso, transigido pero no asistido por las abstenciones de socialistas y ciudadanistas, es un Gobierno sumamente débil, obligado a negociar casi todas sus decisiones. La necesidad de negociación no es un problema sino una ventaja de la democracia, pero puede convertirse en complicación cuando el interlocutor básico es el más endeble y los asuntos a solventar son de la enorme dimensión y urgencia que presentan los que tiene España ante sí: el desafío de los independentistas catalanes, que vuelven a la carga, la creación de empleo, la lucha contra el déficit, el sostenimiento de los servicios, la defensa frente al feroz terrorismo islamista… un programa de máxima necesidad que pone más de relieve aún la exigencia de un Gobierno.

Por si no hubiera ya dificultades para la investidura de Rajoy, repudiado personalmente por los otros dos, el auto de la jueza Rosa Freire que procesa al PP en el caso Bárcenas aporta argumentos a Sánchez y a Rivera. Pero me temo que a estas horas del partido les queda poco margen de maniobra. El PP no se muestra dispuesto a ceder en la defensa de su líder, que por otra parte no está acusado directamente, así que los llamados a facilitar el Gobierno habrán de tragar, en especial Sánchez, si no quiere ser él objeto de otro repudio por la opinión pública. Lo harán de una u otra manera, tapándose la nariz si es preciso, turatevi il naso ma votate, pero el Gobierno será muy débil. La preocupación del Rey por la investidura se extenderá también a la fortaleza del próximo Gobierno ante la abultada cartera de problemas. Resuelta la primera dificultad, quedarán otras no menores.