Rivera, ante la oportunidad de su vida (política)


  • La consumación de la amenaza separatista convierte en preceptiva su participación en el Gobierno para poner freno a la asonada

  • El Gobierno va a tener que actuar con energía para rechazar la bravata separatista, pero ha de sentirse bien seguro

Rajoy y Rivera se reunirán el próximo miércoles en el Congreso

Rajoy y Rivera se reunirán el próximo miércoles en el Congreso MADRID | EUROPA PRESS

Permítanme que insista. No es un capricho, dado el agravamiento de la situación política. Pedro Sánchez y Albert Rivera reinciden, mediante intermediarios, en negar su apoyo a la investidura de Mariano Rajoy para que lidere el único Gobierno razonable que permite el equilibrio parlamentario salido de las urnas. Y lo hacen incluso después de que los secesionistas catalanes hayan remachado su desobediencia al Tribunal Constitucional y hayan dado el paso delictivo del incumplimiento de la ley. La Generalitat y el Parlament están ya en franca rebelión mientras el Estado pasa por uno de sus peores momentos de debilidad institucional, gestionado por un Gobierno en funciones que no dispone de toda la solidez y toda la energía para encarar un golpe mortal contra la Constitución.

Aunque la llave del Gobierno la tiene Sánchez mediante una abstención suficiente para que Rajoy sea investido, la colaboración de Rivera ha sido hasta ahora deseable con el fin de fortalecer la gobernabilidad y dar sentido a su partido, Ciudadanos, nacido para ser bisagra. (De esto he tratado recientemente aquí). Pero ahora, la conveniencia de que el catalán colabore activamente con el futuro Gobierno se ha transformado en necesidad. La consumación de la amenaza separatista convierte en preceptiva su participación en el Gobierno para, desde su esforzada trayectoria de defensa de la legalidad en Cataluña, poner freno a la asonada. El nuevo Gobierno tiene que enfrentarse al desafío más grave que ha sufrido la Constitución en sus 38 años de vida y en ello la contribución de un político como Rivera es fundamental.

Rivera se va a encontrar esta semana con la oportunidad política de su vida, la que le va a permitir, si es más listo que cicatero, trabajar por lo que tantas veces ha proclamado en Cataluña -la defensa de la unidad de España y de la colaboración leal de la comunidad catalana- y con ello prestar una ayuda impagable a la supervivencia de la nación española. El Gobierno va a tener que actuar con energía para rechazar la bravata separatista, pero ha de sentirse bien seguro, y para ello no basta el apoyo parlamentario: necesita la aportación de quienes han hecho de la defensa de España un ideal básico de su gestión. Estoy seguro de que la aplicación de las previsiones constitucionales, cualesquiera que estas sean, suscitaría el respaldo y el entusiasmo de una gran mayoría de españoles. ¿Se va a perder Rivera compartir el protagonismo de la defensa enérgica de la legalidad?

El veto de Rivera a Rajoy, tantas veces repetido hasta anteayer, es un obstáculo que él mismo ha puesto a su potencial colaboración. Pero de los errores se aprende cuando se rectifican. A Rivera no le quedan razones para el veto: Rajoy no tiene causa alguna contra él por corrupción aunque el veto haga parecer lo contrario, ganó las elecciones sumando escaños mientras los demás los perdían, es el encargado por el Rey para intentar un Gobierno y es el líder más valorado por los votantes respectivos, con un +70 (saldo entre los que aprueban y desaprueban) por encima de Rivera (+59), Iglesias (+43) y Sánchez (+31), que es el que peor queda en la última encuesta de El País. Ahora, en contraposición, a Rivera los separatistas le ofrecen un motivo poderoso para entrar en el Gobierno. ¿Va a desaprovechar la oportunidad que lo encumbraría como un político necesario?