El juego a la ruleta rusa del PSOE de Sánchez


  • Se puede entender su malestar por tener que asistir a su principal competidor en su aspiración de gobernar, pero peor es la alternativa contraria

  • Si se obstina en no colaborar perjudicará los intereses generales de España y hará un malísimo negocio para sus propios intereses.

Susana Díaz desconoce si Sánchez consultará a la militancia sobre la investidura pero no vería "ningún problema"

Susana Díaz desconoce si Sánchez consultará a la militancia sobre la investidura pero no vería "ningún problema" SEVILLA | EUROPA PRESS

Pedro Sánchez ha hecho mutis por el foro después de su alegría impostada de la noche del escrutinio, en la que presumió de haber evitado el sorpasso y eludió la caída electoral que le alejaba del liderazgo del Partido Popular 19 escaños más y casi dos millones y medio de votos. Con resultados mejores –casi ocho millones de votos y 125 escaños- Joaquín Almunia dimitió la misma noche electoral del 12 de marzo de 2000, precedente histórico que se manejaba durante la larga espera de la comparecencia del menguado candidato socialista. Pero lejos de imitar a aquel predecesor suyo, Sánchez se hizo acompañar de una claque –cuyos aplausos sonaban a hueco, esa es la verdad- para reafirmarse en su sillón. Luego desapareció.

Yo no sé si la ausencia de Sánchez es un descanso de la paliza que se pega un candidato, un período de reflexión sobre su declive electoral o un paso atrás para tomar impulso. Puede ser cualquiera de esas posibilidades o las tres a un tiempo. Es indiscutible que Sánchez ha agravado su situación tras empeorar el mal resultado electoral que firmó él mismo seis meses antes y que de ahí se sale con una retirada a tiempo o con una sorpresa que encandile al partido, un “hale-hop!” de mago que le haga olvidar su postración y lo ponga en marcha. Si preguntara a los militantes, Sánchez correría el riesgo de que muchos apostaran por la primera solución porque desconfiaran de la segunda. Más tranquilo está en su temporal retiro.

Pero la solución mágica a la crisis del Partido Socialista no se adivina por parte alguna. Más bien, los colaboradores de Sánchez insisten en mantener la posición de rechazo al partido ganador de las elecciones que haría imposible la formación de un Gobierno reformista y moderado que profundice la lucha contra la crisis y fortalezca las relaciones con Europa. Dirigentes de la cúpula como Antonio Hernando y César Luena niegan cualquier posibilidad de colaboración, siendo el Partido Socialista, como es, imprescindible para dar estabilidad a un Gobierno según los resultados electorales. Negando el diálogo con Mariano Rajoy y cerrándose en banda, el fantasma de las terceras elecciones volverá a presentarse en el baqueteado panorama de la política española.

El PSOE, mientras repite su no a una colaboración con el centro derecha, sigue haciendo equilibrios nacionalistas en Cataluña, donde, a través de su socio el PSC, se acerca a las pretensiones secesionistas y coquetea con la eventualidad de un referéndum que excluya la opinión del resto de los españoles. En vez de pedir desde Madrid la rectificación de una política negativa para España, que además ha llevado a los socialistas a una grave crisis de presencia en Cataluña, hay noticias de que estudian plantear a Rajoy una reforma constitucional que dé satisfacción a los independentistas. El PSOE tiene una rara manera de entender la estabilidad política: piensa que con paños calientes van a entrar en razón los que quieren romper España.

Las elecciones no solo han debilitado a Sánchez, han puesto al PSOE ante un dilema del que puede salir escaldado o fortalecido. Se puede entender su malestar por tener que asistir a su principal competidor en su aspiración de gobernar, pero peor es la alternativa contraria. De aquí al sábado 9, en que se reunirá su Comité Federal, debe decidir y ojalá no opte por seguir jugando a la ruleta rusa, apuesta que a veces acaba en una tragedia irreparable. Si se obstina en no colaborar para la formación de un Gobierno del partido ganador, impedirá una salida racional del resultado de las elecciones, perjudicará los intereses generales de España y hará un malísimo negocio para sus propios intereses. Esperemos que sea esto lo que vea Sánchez en su retiro de estos días, allá donde esté.