LA LIGA Un Isco magistral dirige el recital del Madrid (2-6)

Y de pronto, la escena política se enreda


  • El Partido Popular celebraba en la tarde del martes su primera victoria parlamentaria con la que logró elevar a Ana Pastor a la presidencia del Congreso.

  • Pero en la mañana del miércoles, las cañas se volvieron lanzas y lo que era motivo de felicitación se trocó de pronto en causa de preocupaciones. 

Mariano Rajoy junto a la presidenta del Congreso, Ana Pastor

Mariano Rajoy junto a la presidenta del Congreso, Ana Pastor

El Partido Popular celebraba en la tarde del martes su primera victoria parlamentaria con la que logró elevar a Ana Pastor a la presidencia del Congreso. Pero en la mañana del miércoles, las cañas se volvieron lanzas y lo que era motivo de felicitación se trocó de pronto en causa de preocupaciones, hasta el punto de que la investidura de Mariano Rajoy ya no parecía tan lograda ni tan próxima. La culpa de la alteración del clima político la tuvo una decena de votos incógnitos que de forma inesperada apoyaron el acuerdo del PP y Ciudadanos para la Mesa del Congreso. Todo el mundo da por supuesto que procedían de vascos y catalanes a pesar de que unos y otros lo negaron. Pero si no fueron votos descontentos huidos del Partido Socialista y de Podemos, que nadie parece maliciarse, tendrán que pertenecer a aquellos nacionalistas.

Los diez votos misteriosos han provocado dos reacciones contrapuestas: de alegría en la gente de Pedro Sánchez –quien, por cierto, ha vuelto a huir del mapa- porque conjeturan que un acuerdo con las minorías catalana y vasca les libraría del peso de facilitar un Gobierno de Rajoy; y de disgusto en la gente de Albert Rivera porque no lo aceptarían, hasta el punto de trocar su prometida abstención a la investidura en segundas por un voto negativo, ya que repudian que Rajoy pactara con “los que quieren destruir España”. De pronto, la escena política se ha transformado en un enredo cuando los populares parecen hacer lo que les apremian los socialistas –con un tono de maestros sabelotodo, eso sí-, que es pactar con los nacionalistas moderados, lo que, a su vez, a los ciudadanitas les resulta insoportable.

Si se me permite, intentaré razonar una discrepancia con ambas reacciones, que me parecen tan particularistas como improvisadas. El PSOE de Sánchez busca hasta debajo de las piedras un motivo en que escudar su no al Gobierno del partido que ha ganado las elecciones. Tiene pavor a que se le atribuya mesura ante Rajoy porque está obsesionado con instalarse como una oposición abrupta a un Gobierno conservador, y hasta parece que no le importaría condenarnos a unas terceras elecciones. A Sánchez incluso se le ha puesto cara de pocos amigos. Horas después del primer pleno ya ha dado una prueba de su empeño al presentar proposiciones de derogación de leyes antes de que haya siquiera un germen de Gobierno. Pero si se comportara como sus homólogos europeos, mostraría voluntad de servicio al país y facilitaría la formación de un Gobierno del que luego sería legítima oposición. Y lo debería hacer, con sentido de Estado y en favor de los españoles, al margen de los apoyos que consiguiera el PP. Porque primero es España y su futuro es lo que hay que asegurar.

El cabreo de los de Rivera por un supuesto pacto del PP con los independentistas es además un tanto ingenuo. Porque, vamos a ver, ¿alguien puede dudar hoy de la firmeza popular en la defensa de la unidad de España? ¿Cabe sospechar que el PP firmaría con los independentistas algo a favor de la desconexión de España? Si eso lo hiciera el PP, no solo indicaría que habrían enloquecido todos sus dirigentes sino que provocaría una huída al pelo de sus militantes, sus simpatizantes y sus votantes. Por el contrario, un pacto con nacionalistas catalanes sobre asuntos ordinarios de Cataluña sería un acercamiento provechoso para los intereses generales y una razón añadida para que más pronto que tarde cancelen sus locuras secesionistas. De un acuerdo de ese tipo –el único posible- no debería discrepar Ciudadanos sino que tendría que unirse a él para continuar en su pelea contra el separatismo. Y en cuanto al PNV, el acuerdo sería también útil en esos términos y más fácil porque los nacionalistas vascos moderaron sus veleidades tras el feliz fracaso del desdichado plan Ibarretxe.

El enredo que se ha formado en la escena política no tiene mucho fundamento, ustedes perdonen. Lo que sí debe preocupar es el deterioro de la situación sin un Gobierno en activo: hay un riesgo de desviación seria del déficit, la hucha de las pensiones sigue adelgazando, el terrorismo internacional requiere una política consensuada de defensa, hay que elaborar con urgencia unos presupuestos… Y es verdad que todos los partidos tienen su parte de responsabilidad, especialmente los tres constitucionalistas, PP, PSOE y C’s, de quienes depende que España avance o retroceda.