El veto nos ha traído hasta aquí


  • Todo empezó en los inicios de la continua campaña electoral en la que nos hallamos, que va ya para siete meses, cuando Pedro Sánchez vetó a Rajoy

  • En éstas El País y La Vanguardia casualmente nos ilustran en edicion dominical con que Rajoy es en realidad un político prescindible entre la alegría de los votantes.

Sánchez asegura que no va a "vetar a ninguna fuerza de cambio", ni a su "izquierda ni derecha"

Sánchez asegura que no va a "vetar a ninguna fuerza de cambio", ni a su "izquierda ni derecha" BILBAO | EUROPA PRESS

Si usted piensa que el problema de estas elecciones es el auge de Podemos y el riesgo de que gobierne España un partido populista que quiere volver del revés el sistema democrático que nos dimos durante la Transición, está muy equivocado. Si usted sospecha que el problema es la crisis del Partido Socialista y la perspectiva de que el liderazgo de la izquierda deje de estar en manos de un partido de centro izquierda que ha contribuido a la estabilidad de la nación, permítame que le participe que usted no está al tanto de lo que pasa en nuestro país. Si, por un casual, supone que el problema es conseguir que gobierne quien pueda contribuir más eficazmente a la creación de empleo abundante y estable porque ese logro es la solución a los males económicos, sociales y personales, me temo que usted se encuentra en Babia. No, entérese bien: el problema es Mariano Rajoy, producto del empeño de algunos en mantenerle al frente del Partido Popular y la obsesión de otros en votarle.

Todo empezó en los inicios de la continua campaña electoral en la que nos hallamos, que va ya para siete meses, cuando Pedro Sánchez vetó a Rajoy, le distinguió luego con aquel "indecente" en el debate a dos y continuó con sus intentos de pactar incluso con los podemitas antes que con los apestados conservadores marianitas. Aquello fue tan perseverante que hasta Albert Rivera excluyó a Rajoy de su agenda, a pesar de que el grupo más potente de sus votantes es de procedencia popular, y persevera aún en actualizar el veto que erigió al todavía presidente del Gobierno en un apestado para las cúpulas del PSOE y de Ciudadanos. Todo esto es conocido pero no es valorado en sus propios términos, porque implica la exclusión del juego político democrático de un líder demócrata y de un partido querido por una amplia masa de votantes, que además es la más numerosa del cotarro. Y así se dio la paradoja de que Sánchez colegueaba con Pablo Iglesias, que quiere cargarse el sistema, mientras negaba el saludo a Rajoy, cuyo partido es esencial en el sistema. Ahora Sánchez intenta marcar distancias con Iglesias porque le supera en las encuestas pero mantiene la enemiga con Rajoy, a quien quiere derrotar, no en las elecciones, que no puede, sino maniobrando con el veto.

En éstas El País y La Vanguardia casualmente nos ilustran en edicion dominical con que Rajoy es en realidad un político prescindible entre la alegría de los votantes. "La mayoría del PP acepta que se vaya Rajoy para tener Gobierno" titula el primero en primera página, con este añadido: "un 57 % de votantes del partido conservador y un 74 % del total respaldan esa solución para evitar una prolongación de la crisis". El segundo lo que dice es que "un 80% de los consultados –y casi el 60% de los votantes del PP– cree que Rajoy debería hacerse a un lado si esa decisión facilitase la formación de gobierno". Ya les advertía a ustedes que el problema no es otro que Rajoy, obstinado en querer gobernar si gana las elecciones, porque si se quitara de en medio ya se acabaría la crisis. No obstante, y que me perdonen los encuestadores la osadía, sospecho que esa exploración es incompleta ya que falta preguntar a los sondeados si desearían que se retiraran los restantes líderes si, no habiendo sido los más votados, impidieran la formación de un Gobierno por el partido más votado. Supongo yo que la conciencia democrática de los entrevistados, y hay que esperar que sea adecuada, o sea, democrática, les llevaría a responder que lo indicado es que se apartaran los menos votados para dejar paso y facilitar su tarea al preferido por una masa más numerosa de votantes. Vamos, digo yo que eso es lo más democrático y no mandar a su casa al más votado.

Un apunte más. Quienes ya llevan mucha mili en esto de ver, sorprenderse y analizar encuestas saben que en ellas cabe todo, hasta las contradicciones. Las encuestas anuncian tendencias y no conviene quedarse con una respuesta aislada. En la primera de ellas hay datos que al menos llaman la atención. El líder del PP es el mejor valorado de los cuatro principales entre sus respectivos votantes. Obtiene un + 74, lo que no parece compadecerse mucho con que el 57 % de ellos lo rechacen si llega el caso. Es más valorado Rajoy entre los suyos que Rivera (+ 72), Sánchez (+ 61) e Iglesias (+ 57) entre sus seguidores. No obstante, me temo que el veto a Rajoy seguirá adelante porque en democracia hasta los tics menos democráticos no los abandonan algunos políticos mientras no se den un porrazo contra la realidad. Esto lo digo sin ningún interés ajeno a la necesidad de subrayar que el sistema democrático tiene sus reglas, que empiezan por el respeto a la voluntad de los electores, pero con la preocupación de que el insólito veto, que es lo que nos ha traído hasta aquí, sigue vigente y puede ocasionar aún peores experiencias. Ojalá los malos augurios se queden solo en el papel.