El dilema del asesino de Pioz: en Brasil hubiera durado 48 horas con vida en la cárcel


  • Patrick Gouveia, el supuesto autor del asesinato de la familia de Pioz que se ha entregado a la Guardia Civil, ha valorado que la vida en las cárceles españolas es diferente a la de las prisiones brasileñas.

  • En las cárceles brasileñas los asesinos de niños no duran mucho tiempo con vida. Hace unos días fue apuñalado un recluso que había asesinado a una mujer cuando descubrieron su crimen.

El dilema del asesino de Pioz: en Brasil hubiera durado 48 horas con vida en la cárcel

El dilema del asesino de Pioz: en Brasil hubiera durado 48 horas con vida en la cárcel

Patrick Gouveia, el supuesto asesino de la familia de Pioz, ya está en España, custodiado en dependencias de la Guardia Civil en Guadalajara y a la espera de pasar a disposición judicial. El joven brasileño ha llegado procedente de su país para entregarse después de varios días en los que ha tenido un dilema: cumplir condena en una prisión brasileña o hacerlo en una española.

La vida en una cárcel brasileña no es sencilla. Y más si cabe para el supuesto asesino de un matrimonio y sus dos niños. En estas últimas horas Guoveia ha valorado que iba a ser condenado y que, probablemente, iba a tener que ingresar entre rejas. Los presos brasileños no soportan a los asesinos de menores. Entienden que las víctimas podrían ser sus familiares y acaban con ellos en cuestión de horas. Es un código de honor.

Gouveia era acusado de asesinar a dos menores de 1 y 4 años, viene de familia rica y, además, es de piel blanca en una región plagada de brasileños de color. Tenía todas las papeletas para convertirse en objetivo de los clanes dentro de prisión, más si cabe en unos centros penitenciarios donde no existen módulos. Allí asesinos son mezclados con traficantes o delincuentes comunes.

Su decisión final, en vista de todo esto, ha sido la de ser juzgado en España y, previsiblemente, cumplir condena en una cárcel del territorio nacional.

En los últimos días, la familia de Patrick Gouveia (tiene hermanas abogadas) también le ha hecho ver que las pruebas que pesaban sobre él eran contundentes: la Guardia Civil descubrió una huella del joven en la cinta americana con la que cerró las bolsas con los cadáveres (cortó por la mitad los cuerpos del matrimonio) y encontró ADN suyo en la ducha donde se intentó quitar la sangre de sus víctimas. 

Para convencer a Gouveia ha sido clave las conversaciones que han mantenido los investigadores de la Guardia Civil con su defensa en Brasil. Estos agentes han sido los auténticos protagonistas para resolver este caso y se han limitado a recoger los frutos de una excelente investigación. Sin duda han conseguido lo que buscaban: que el supuesto asesino sea juzgado.

Pero, ¿qué llevó al joven brasileño a entregarse? Dos puntos fueron clave:

- En primer lugar, que conoció que iba a ser juzgado por la justicia brasileña a pesar de que su crimen lo había cometido en España. Eso supondría, en base a las pruebas existentes, que ingresaría en una prisión brasileña para cumplir, probablemente, una condena real de no más de 30 años.

Existen precedentes recientes de brasileños que cometieron asesinatos en el extranjero y que fueron ddetenidos y juzgados en Brasil. Dos jurados populares, por ejemplo, condenaron recientemente a penas de cárcel a dos brasileños que cometieron crímenes en Japón.  

Y, en segundo lugar, Gouveia, siguiendo el consejo de su familia y su defensa, valoró que sería mejor cumplir condena en España que en su país natal. En España, por ejemplo, el etarra Iñaki de Juana Chaos no llegó a cumplir 20 años en prisión. Algunos asesinos, incluso, han podido salir de prisión con una carrera universitaria debajo del brazo.

A Gouveia, probablemente, tampoco le ha pasado desapercibido lo ocurrido hace unos días en el Conjunto Penal de Feria de Santana, en el estado de Bahía. Allí fue ingresado un ladrón de 21 años y, una vez en prisión, reconoció al asesino de su madre, suceso ocurrido en 2007. El ladrón tenía 12 años entonces pero no dudó en encontrar un cuchillo y asesinarla. Así son las cárceles en un país donde la vida vale poco.