Chaves, el último barón socialista


Manuel Chaves

Manuel Chaves Raúl Arias

Se mantiene como vicepresidente tercero y ministro de Política TerritorialQuién sabe si lo hará por predicar con el ejemplo -por aquello de que el Gobierno quiere retrasar el retiro laboral a los 67 años-, pero Manuel Chaves no se jubila. De momento. A sus 65 años, cumplidos a principios de julio, sigue al pie del cañón, más de dos décadas después de que le dieran su primer gran cargo en el Partido Socialista. Corría 1986 cuando Felipe González hizo Ministro de Trabajo a este ex sindicalista al inicio de su segunda legislatura y desde entonces hasta ahora no ha parado de mandar. Cuatro años como ministro, 19 como presidente de la Junta de Andalucía, casi dos como vicepresidente tercero del Gobierno y, a la vez, los diez últimos como presidente del PSOE .Este histórico socialista ha conseguido ser el último de una clase política que acuñó un término: él es el último barón socialista tras la salida de Pasqual Maragall, la de Juan Carlos Rodríguez Ibarra y la de José Bono -aunque éste sigue como presidente del Congreso-. Y es que Chaves sigue en pie tras la lenta pero constante limpieza que ha hecho Zapatero entre los más veteranos del partido, que en tantas ocasiones han hecho flacos favores a Ferraz. Los barones autonómicos, cómo él, dieron no pocos dolores de cabeza a las sucesivas Ejecutivas socialistas desde sus atalayas autonómicas sabiendo que los votos de sus graneros territoriales eran necesarios para el partido en las elecciones generales. Hasta que llegó Zapatero.No es casual que sea el propio Manuel Chaves quien dirija el partido, aunque el bastón de mando recaiga en la figura del secretario general: él tomó las riendas de la comisión gestora que dirigió un partido devastado por la mal digerida salida de Felipe González y el sonrojo electoral del año 2000. Como premio, o como estrategia, Zapatero le dejó al mando del partido, aunque fuera en los papeles, premiándole sobre el resto de barones regionales nada más derrotar a otro de ellos, José Bono, en las primarias que le dieron a conocer.Él fue el primero en ser destacado y ha sido el último en abandonar su feudo. Y sólo había una forma digna de quitar a todo un presidente de partido de un cargo que ha ocupado durante casi dos décadas: dándole un cargo mayor. Dicho y hecho, Zapatero creó la figura del vicepresidente tercero y le dio competencias en Política Territorial para que fuera el encargado de lidiar con los presidentes autonómicos en todas aquellas citas a las que no fuera a asistir el presidente.Sus cuentas pendientesSi bien es cierto que hasta el momento Chaves no ha tenido que encargarse de las polémicas reformas estatutarias ni de las siempre problemáticas Conferencias de Presidentes, su cartera cuenta con la sexta mayor asignación presupuestaria de cuantas hay en el Gobierno, con 5.186 millones de euros, lo que le coloca por encima incluso del presupuesto asignado al Ministerio de Economía.Pero no todo son méritos y reconocimientos en su trayectoria. Dos décadas ininterrumpidas en un cargo conllevaron una forma de gobernar que le reportaron no pocas críticas por sus formas. De hecho, en su último periodo como presidente de la Junta y el primero como vicepresidente ha tenido que hacer frente a desagradables asuntos, como la acusación de que ordenó espiar los movimientos de los presidentes de las cajas andaluzas.El tema más espinoso, y que todavía le sigue grajeando críticas de la oposición, es la presunta adjudicación de 10 millones de euros proveniente de fondos públicos a Matsa, una empresa en la que trabaja una de sus hijas, acusación de la que ha intentado defenderse en varias ocasiones sin conseguir que la oposición le siga hostigando por ello.El otro gran motivo por el que ha tenido que enfrentarse a duras críticas es precisamente encabezar la vicepresidencia tercera del Gobierno en un momento en el que se reclama austeridad, pero antes de que el presidente se plantee prescindir o no del cargo que inauguró con el propio Chaves, éste tiene que enfrentarse a un último dolor de cabeza: la confección de las candidaturas socialistas en las diferentes Autonomías de cara a las elecciones de la próxima primavera y en la que se espera algún anuncio sonado que, de confirmarse, examinará la capacidad negociadora del 'abuelo' del Gobierno.