Despacho de Mariano Rajoy, 19 de marzo de 2012


Mariano Rajoy

Mariano Rajoy Fuente: Flickr Partido Popular

Sentado en su sillón, extenuado, todavía nervioso. Ya es 19 de marzo de 2012, arranca la madrugada y Mariano Rajoy ha conseguido su objetivo: a la tercera ha sido la vencida y ha ganado las elecciones generales. Saborea el puro de la victoria desde su despacho, en la séptima planta de la calle Génova 13. La historia se repite, como aquella vez hace dieciséis años: centenares de personas se han agolpado frente al balcón, bandera de España en mano, para festejar su éxito. El PP vuelve al poder y mañana mismo hay que empezar a cambiar España, eslogan de campaña que ha repetido machaconamente durante el último año.

Lo primero es organizar su equipo y decidir cómo hacerlo. En opinión del sociólogo y asesor político Alberto Sotillos, ante una hipotética cree que Rajoy apostaría por un Gobierno con las mismas 15 carteras que dejó Zapatero, apenas con algún cambios de nomenclatura, apunta por su parte Rafael Rubio, profesor y consultor de comunicación pública. No opina lo mismo Yuri Morejon, asesor de comunicación pública y política, que cree que el líder del PP haría un Ejecutivo con no más de 12 nombres. En su opinión, para conseguirlo uniría Cultura y Eduación, Industria y Ciencia e Innovación, desaparecerían la vicepresidencia tercera y Política Territorial, Política Social y secretarías de Estado como Igualdad. En otras palabras: desharía lo hecho por su predecesor.

¿Con quiénes contaría? "A pesar de ser un hombre previsible, puede dar más de una sorpresa", considera Rubio. A Rajoy se le viene a la cabeza el golpe de efecto que dio en diciembre de 2011 al anunciar que Alberto Ruiz Gallardón, que vio muy mermada su mayoría en el Ayuntamiento de Madrid en las elecciones autonómicas de mayo, sería su número dos para las generales. La historia se repite, como en 1996, pero es bien diferente: los pulsos de Esperanza Aguirre, la sombra de la resucitada trama de Fundescam el otoño pasado y, meses antes, su postura con el asunto de Álvarez Cascos, son asuntos que terminaron por decidirse por el alcalde. Tenía que buscar el voto de centro y, de paso, deshacerse del legado del pasado. Asturias fue una de las pocas comunidades autónomas que el PP no consiguió conquistar en las elecciones del año anterior y ellos tienen buena culpa. Suficiente tengo con que Ana Botella vaya a gobernar la capital como premio al pasado del PP, se dice a sí mismo.

Un equipo más joven

Así las cosas Gallardón es un nombre fijo. Cospedal y Arenas están bien donde están, gobernando Castilla - La Mancha y Andalucía, aunque en este último caso sea en minoría. "González Pons y Sáenz de Santamaría parecen fijos para su Gobierno", apunta Morejon. ¿Para qué? Lo mismo da valen para un roto y para un descosido, murmura Rajoy arqueando las cejas. Para economía puede elegir entre Montoro, ariete de Salgado durante la legislatura pasada, o un jovencísimo Álvaro Nadal. Tampoco puedo descartar algún fichaje de relumbrón del mundo empresarial, piensa Rajoy. Otra opción sería rescatar a Rodrigo Rato del Banco Financiero y de Ahorros, lo que en su día fue Caja Madrid. Sin duda poner a un nombre de peso al frente de la cartera de Economía le ayudaría a capitalizar el éxito de la salida de la crisis, que ha empezado a llegar ya, demasiado tarde para los socialistas. Luis de Guindos, ex secretario de Estado en tiempos de Aznar, es otro de los nombres que baraja. Mañana hablaré con Gallardón y Arenas, se dice, a ver qué consejo me dan.

Rajoy pega una nueva calada a su puro mientras piensa en Exteriores: puede apostar por Gustavo de Arístegui o por Jorge Moragas, un conocedor de Oriente Medio o un hombre de partido. Sin embargo, esta cartera no es una prioridad para él: "nula actividad, sin novedades", apunta Sotillos; "la 'realpolitik' cobrará fuerza, es decir, los intereses estarán por encima de los principios y el pragmatismo por encima de conflicto", según el politólogo Dídac Gutiérrez-Peris: "primarán las grandes alianzas por encima de la proximidad geográfica, pero no hará nada sin consensos, como sí hizo Aznar con Irak", concluye. "Se centrará en recuperar la presencia de España fuera, posiblemente en Latinoamérica", comenta Rubio. "Su no dominio del inglés dificultará su relación con EEUU, pero le hará tender más puentes con México, Chile o Colombia", según Morejon. Reino Unido, Francia y Alemania serán los referentes en Europa. Quizá un perfil como el de Antonio López-Istúriz, el joven secretario general del Partido Popular Europeo desde hace casi ocho años, también merezca ser tenido en cuenta.

¿Y cómo sería esa política exterior? "La diferencia se encontraría tal vez en la manera de actuar internacionalmente. No creo que Rajoy quisiera embarcarse en proyectos sin el consenso suficiente como la guerra de Irak. Cosa que tampoco se traduciría necesariamente en una política más 'centrista' "porque el panorama político sería el mismo en Europa, con Sarkozy, Merkel, Cameron y quizá Berlusconi, así como la mayoría popular en el Parlamento Europeo", explica Gutiérrez-Peris.

También habrá lugar para los clásicos: Pilar del Castillo, ahora en Europa, suena con fuerza; Ana Mato se cayó de las quinielas cuando su nombre salió en los papeles del caso Gürtel... "lo que parece seguro es que rejuvenecerá su imagen presidencial con ministros más jóvenes que él, con más independientes de los que tuvo el Ejecutivo de Aznar, sin cuotas de sexo y con mayor preparación académica", apunta Morejon. El nombramiento de Santiago Cervera, que consiguió que el PP fuera la segunda fuerza política de Navarra en 2011, en apenas dos años de vida del partido, encaja en el perfil como un guante para Sanidad. Además, defendió la postura del partido contra la Ley del Aborto, allá por 2010.

Organización interna

Rajoy garabatea en su agenda algunas ideas para su próximo discurso. Hará lo que han hecho otros, como Cameron en Reino Unido o Artur Mas en Cataluña: decir que las cuentas están peor de lo que dijeron sus predecesores para suavizar la perspectiva de recortes y medidas que venga en el futuro. Las ideas están claras: "inyección económica a empresas constructoras, privatización de más del 50% de restos de empresas públicas, bajada de IRPF, bajada de impuesto de Sociedades...", comenta Sotillos. Aunque también habrá recortes: menos competencias en autonomías, reducción de gastos de la administración, congelación salarial para funcionarios, congelación de pensiones y privatizaciones de algunos servicios en sectores como la educación, la sanidad y los transportes, sin olvidar las televisiones autonómicas, un agujero económico, y el techo de gasto de las comunidades, un asunto espinoso.

Otra calada. Son casi las dos de la mañana y empieza a tener sueño. Viri, su mujer, se fue a su casa en Aravaca hace ya un buen rato y sus pequeños, Mariano, de diez años, y Juan, de cuatro, llevarán un buen rato durmiendo. Necesita arrancar su legislatura con fuerza, con medidas concretas, como hizo Zapatero ocho años atrás con Irak y el matrimonio homosexual. Su línea será no hacer demasiado ruido en asuntos sensibles, así que retirará el recurso contra la Ley de Matrimonio Homosexual y dejará languidecer la Ley de Dependencia. Lo que sí hará será retirar inmediatamente la Ley del Aborto. Ya imagina el titular en la prensa que ha celebrado su victoria: El presidente Rajoy apuesta por la vida. Pero lo social no puede ser su fuerte, así que será lo económico: una bajada de los impuestos para favorecer el consumo ayudará a dar impulso a su llegada a la Moncloa.

El otro gran anuncio lo dejará para más adelante. Ahora que el PSOE está roto como fuerza opositora por el fracaso de Rubalcaba y la pelea sucesoria que se ha abierto entre los críticos del Zapaterismo y Carme Chacón, es el momento de retocar la Constitución. Imitando a Angela Merkel, el nuevo Gobierno pondrá la maquinaria en marcha para que la Carta Magna limite el déficit público. No habrá muchos más cambios. Y hay que retomar la senda firme contra ETA ahora que se ha roto el pacto con el PSE en Euskadi y el PNV ha vuelto a la lehendakaritza.

Ahora lo único que le preocupa es Levante: la mancha del caso Palma Arena ha borrado al PP de las islas, Camps gobierna con una renovada mayoría absoluta pero volverá a sentarse ante el juez y Valcárcel ha perdido peso en la región a pesar de que se viera indirectamente favorecido por las encuestas tras la escalada de tensión de hace algo más de un año. El mapa autonómico español es prácticamente azul, pero hay rincones de la casa que habrá que atender para apuntalar esta nueva etapa. El nuevo presidente del Gobierno apaga su puro con fuerza en el cenicero que tiene en la mesa y se pone la chaqueta. Avisa al escolta y se dirige a la puerta del despacho. Mañana por la mañana he quedado con Esperanza Aguirre y tengo que estar en forma para decirle que no, que no cuento con ella para ninguna cartera, que sigue como presidenta autonómica. Hay que empezar a cambiar España.