Polígrafo: sin regulación legal y poco fiable para los jueces


El hermano mayor de Miguel C., asesino confeso de Marta, quiere probar que no es cierto, como le imputa el juez, que el pasado 24 de enero se quedara limpiando la sangre en el piso en el que se produjo el crimen, en la calle León XIII de Sevilla. El juez aún no se ha pronunciado, aunque sí se han opuesto la Fiscalía de Sevilla y la acusación particular que ejercen los padres de Marta. Francisco Javier D.M., que cumple prisión incondicional en la cárcel de Sevilla, insistió el pasado miércoles en una carta abierta a la opinión pública en pasar por el polígrafo en algún medio de comunicación.

“La prueba del polígrafo es nula, inexistente, inválida y además no es prueba en sí misma porque no tiene ninguna garantía de fehaciencia”, explica a Efe Marcelino Sexmero, portavoz de la asociación de jueces Francisco de Vitoria. “Estamos hablando de un 20-30% de fiabilidad cuando lo que exigimos de cualquier prueba técnica es que supere el 90%”.

Para los defensores de esta técnica, el porcentaje de validez es de entre el 95-98%, según subraya a Efe Concepción Pérez, responsable de la empresa Poligrafía Profesional, que alude a los baremos establecido por la APA (American Poligraphy Asociation), una entidad -dice- que vela “por la utilización ética y moral de la prueba en todo el mundo”.

Imputados y derecho a mentir

Pero el problema no es sólo de fiabilidad. “En el caso de Marta del Castillo no serviría de nada porque estamos hablando de acusados y de imputados, explica Sexmero. Y un imputado, según nuestra legislación, puede mentir. ¿Qué más da que el polígrafo diga que miente si el acusado tiene ese derecho?” Y su baja fiabilidad -agrega- tampoco avalaría abandonar una determinada línea de investigación.

La utilización de esta técnica es “difícilmente acomodable al sistema de valores, garantías y principios constitucionales que gobiernan nuestro orden jurídico”, abunda el portavoz de la Asociación Profesional de la Magistratura, Antonio García Martínez. El artículo 24 de la Constitución -explica- reconoce al acusado o imputado, entre otras cuestiones, el derecho a la presunción de inocencia, a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable. “Aceptar técnicas para la obtención de la confesión despreciando los elementos de personalidad humana, violentando el consentimiento, e incluso la voluntad, ponen de manifiesto su difícil acomodo a nuestro ordenamiento constitucional”.

En este sentido, ha habido pronunciamientos del Tribunal Supremo y del Constitucional, explica García Martínez, que ponen de manifiesto que cuando se utilizan estas técnicas se acaba produciendo una “total liberación de inhibiciones que llevan a las personas a declarar lo que no quieren, y se produce un quebranto de lo que es una conciencia humana”.

Ni siquiera en el caso de que hubiera consentimiento, como el de Francisco Javier D.M. “Por el mero hecho del consentimiento no cabría atribuirle, desde el punto de vista legal, una fiabilidad que sirviera para demostrar su inocencia o exculpación”, agrega el portavoz de la APM.

Los recelos de los jueces españoles respecto a la utilización de esta prueba choca, a juicio de los polígrafos, con la implantación de la misma en países como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Bélgica o Israel. “En EEUU -explica el portavoz de la APM- las presiones corporativas de los grupos son extraordinariamente fuertes. Allí existe un tejido corporativo alrededor del polígrafo y hay algunas asociaciones que son extraordinariamente potentes”. “Pero no me consta -agrega- que exista un criterio uniforme emanado de la Corte Suprema que haya despejado las incógnitas sobre la admisibilidad de este tipo de técnica. Otra cosa es lo que cada uno de los Estados haya podido acordar”.

No hay enseñanza reglada

Desde el otro lado, los que en España se dedican a la poligrafía -su falta de reconocimiento legal reduce a no más de media docena los que se ofrecen en Intenet- defienden esta técnica como “una prueba científica de gran precisión. Los 90 países que la utilizan la avalan como un método muy respetado y muy fiable”, explica Concepción Pérez.

Esta profesional, que asegura haberse reunido en Sevilla con el abogado de Francisco Javier D.M. que ha pedido la prueba, está convencida de tener “una herramienta muy útil con la que poder ayudar a la Policía”.

¿Qué cualificación profesional tienen los polígrafos en España? “Estamos hablando de un sector muy pequeño e incipiente”, explica a Efe José Antonio Fernández De Landa, que trabaja para la empresa Securitas y responsable años atrás de varios programas basados en la utilización del polígrafo en Antena 3.

Coincide en que “el polígrafo puede aportar mucho al estamento policial español, pero para ello sería deseable su regulación y una homologación similar a la de los detectives privados”. La poligrafía -dice- es una materia que no se enseña en universidades, no está homologada. “Existen una serie de asociaciones a nivel mundial que dan las acreditaciones”, asegura este experto, que hace seis años creó la Asociación Europea de Poligrafía, que a su vez imparte enseñanza.

Hay unos estándares de aprendizaje que contemplan de 320 a 400 horas, más una supervisión de los primeros 25 exámenes. Ahí se enseña fisiología, psicofisiología, instrumentación, entrevistas, etc.

Para este especialista, en poligrafía “no sirve cualquiera”, y afirma que se requiere el “sexto sentido”, experiencia en investigación, haber pertenecido a algún cuerpo policial, ser criminalista, un buen detective, un buen policía…

Antes de someterse al polígrafo -relata-, es necesaria una prueba de idoneidad de la persona, comprobar que tiene íntegras sus facultades mentales y que no ingiere drogas o alcohol, que podrían suponer alteraciones emocionales. Se hace un test previo y se recaba una información suficiente para poder confeccionar un cuestionario, de no más de cuatro o cinco preguntas, para formular en un ambiente controlado, con temperaturas y humedad estables, colores neutros y ausencia de ruido.

“Cada pregunta -dice- es un estímulo que entra por el oído, pasa al cerebro, produce una segregación de adrenalina y unas alteraciones del pulso, de la tasa cardíaca, de la sudoración y la respiración, dentro de unos cuarenta parámetros más”. “Un programa de televisión basado en el polígrafo nunca se puede hacer en directo”, señala el que fuera responsable de “En Antena” y “La hora de la verdad”. “Lo que ve el espectador es una representación de la prueba que se ha hecho con anterioridad a la emisión del programa. En ese momento yo ya conozco los resultados”.