Los restaurantes de Ciudad de México se preparan para resucitar

  • México, 5 may (EFE).- Después de una semana con las puertas prácticamente cerradas a causa de las medidas contra la gripe A, los restaurantes de Ciudad de México iniciaron hoy las labores de desinfección para poder abrir desde este miércoles, aunque con algunas restricciones.

Los restaurantes de Ciudad de México se preparan para resucitar

Los restaurantes de Ciudad de México se preparan para resucitar

Los restaurantes de Ciudad de México se preparan para resucitar

Los restaurantes de Ciudad de México se preparan para resucitar

México, 5 may (EFE).- Después de una semana con las puertas prácticamente cerradas a causa de las medidas contra la gripe A, los restaurantes de Ciudad de México iniciaron hoy las labores de desinfección para poder abrir desde este miércoles, aunque con algunas restricciones.

El brote epidémico hizo que los locales hosteleros solo pudieran preparar comida para llevar.

Tras el descenso de la alerta de rojo a naranja, se les permite dar de comer a los clientes en sus instalaciones, aunque con algunos peros.

En el Biko, situado en la "milla de oro" capitalina -la calle Presidente Masaryk, en el barrio de Polanco-, chefs y meseros (camareros) se aprestan a reconfigurar el local y amoldarlo a las nuevas normas.

"En el área de comedor no puede haber una acumulación de más de cuatro personas por cada diez metros cuadrados y de una silla a otra tiene que haber 2,25 metros", dijo a Efe el chef español Mikel Alonso, copropietario del restaurante Biko.

A la entrada de cada restaurante existirá un filtro: aquellos clientes que presenten síntomas típicos de un cuadro de gripe tendrán que resignarse a cocinar ellos mismos en su casa, porque se les negará el ingreso.

Batas blancas, redecillas para el pelo y mascarillas serán uniformes comunes en los restaurantes, lo que hará pensar a más de uno que está comiendo en un laboratorio de alta seguridad.

"Nosotros, como hacemos cocina evolutiva, siempre hemos sido un poquito laboratorio, ¿no?", bromea Alonso, nacido en Irún (norte de España) y discípulo del renombrado chef Juan Mari Arzak.

Los productos porcinos como el jamón ibérico seguirán ocupando su lugar habitual en la carta.

El chef de este restaurante -en el puesto 81 del top 100 mundial- está de acuerdo con las medidas adoptadas por el gobierno de la ciudad: "Hubiera estado peor que nos hubieran dicho 'abre normal'".

"Vamos a tener estos días que echar números y ver realmente cómo nos ha afectado económicamente", concluye.

Coincide en ello Montserrat Más, gerente operativa del restaurante D.O, situado también en Masaryk. "Tener un restaurante cerrado sale muy caro", dice.

"Estamos haciendo una desinfección del lugar, se revisará y limpiará cada cuatro horas, comprobando el aire acondicionado, debemos de tener una temperatura de 24 a 26 y una humedad del 50 por ciento", apunta Mas en pleno zafarrancho.

A unos cientos de metros, la plaza comercial Don Gûero, donde una decena de locales ayudan a diario al oficinista a "echarse un taco", luce como un aula vacía tras las clases, con todas las sillas subidas a las mesas.

Cada día, a la hora de la comida se dan cita allí de forma escalonada entre 200 y 300 personas. La mayoría son trabajadores de las oficinas cercanas.

Quienes se acercan hoy lo hacen para llevarse sus típicos tacos mexicanos en una bolsa de plástico azul, junto con las picantes salsas roja y verde que calientan el paladar comprimidas en sendas bolsitas.

Uno de los camareros se queja de que la regulación no alcance plenamente a los vendedores ambulantes de la ciudad.

Aun cuando aquellos con puestos fijos no pueden vender comida, los que se desplazan con un carrito o una bicicleta burlan la normativa.

En México son muy comunes estos puestos ambulantes: son un mercado alternativo y más económico en un país donde el sueldo del común de los mortales no da para muchas alegrías.

Desde la bicicleta que reparte bollería para el desayuno a los que ofrecen mazorcas de maíz o los que ensordecen vecindarios con su reclamo sonoro de venta de tamales.

"Oaxaqueños" (del sureño estado de Oaxaca), "ricos" y "calientitos" (sic), matiza la grabación, la misma para todos los tamaleros de la ciudad.

En la mayoría de los casos, la higiene no es una de sus prioridades. Pero hay que ganarse la vida.