Fernández Álvarez refleja el lado más humano de la Princesa de Éboli en un libro

  • Madrid, 17 feb (EFE).- El historiador Manuel Fernández Álvarez refleja en su nuevo ensayo, "La princesa de Éboli", el lado más humano de quien fue uno de los personajes más fascinantes de la Corte de Felipe II, y una mujer admirada y temida al mismo tiempo, que fue "vulnerada en sus derechos más elementales".

Fernández Álvarez refleja el lado más humano de la Princesa de Éboli en un libro

Fernández Álvarez refleja el lado más humano de la Princesa de Éboli en un libro

Madrid, 17 feb (EFE).- El historiador Manuel Fernández Álvarez refleja en su nuevo ensayo, "La princesa de Éboli", el lado más humano de quien fue uno de los personajes más fascinantes de la Corte de Felipe II, y una mujer admirada y temida al mismo tiempo, que fue "vulnerada en sus derechos más elementales".

En una entrevista con Efe, este gran experto en el siglo XVI desgranaba hoy las claves del libro, escrito a partir de cartas y documentos de la época para tratar de desvelar el misterio que siempre ha rodeado la vida de Ana de Mendoza, princesa de Éboli, y entresacar de esos textos "las alegrías, zozobras, incertidumbres y angustias" del personaje.

Con objetividad y con cierta simpatía y compasión. Así se acerca Fernández Álvarez (Madrid, 1921) al personaje central de su libro, publicado por Espasa y en el que ofrece una imagen de la princesa que contrasta en parte con la que daban de ella los documentos de la época, que la presentaban como "la mujer fatal de su siglo, capaz de perturbar con su belleza al más pintado y hacerle cometer mil desatinos".

Esposa de Ruy Gómes de Silva, príncipe de Éboli y privado del Rey, Ana de Mendoza fue amiga de la Reina, la francesa Isabel de Valois, y se vio aupada al principio por Felipe II -de quien se dice que fue su amante-, "que después la arrojaría sin compasión a la más siniestra prisión".

"Ana de Mendoza acabó siendo una víctima más del poder arbitrario de Felipe II, quien, como quería el silencio de esta mujer a toda costa, actuó contra ella vulnerando las más elementales normas de justicia", afirma Fernández Álvarez, que sabe acercar la Historia hasta el gran público, como ha demostrado en sus libros "Isabel la Católica", "Felipe II y su tiempo", "Juana la Loca. La cautiva de Tordesillas", o "Cervantes visto por un historiador".

Y es que esta mujer, que al parecer era tuerta, aunque el autor deja entrever que quizá fuera bizca y por eso utilizaba un parche, fue amante de Antonio Pérez, el ministro preferido de Felipe II y "la viva estampa del político corrupto", y se vio implicada en el asesinato de Juan de Escobedo, secretario de don Juan de Austria, hermano del Rey.

Para investigar lo que pudo pasar en aquella famosa conjura, el autor de "La princesa de Éboli" actúa como si fuera "un detective que abre un caso mal cerrado hace medio milenio" y, según su opinión, Ana de Mendoza no participó en el asesinato de Escobedo, aunque, tras la muerte de éste, sí debió de saber lo que había ocurrido a través de Antonio Pérez, artífice directo de la conjura.

"Pocas veces se ha dado en la Historia tal doble juego de intrigas y contraintrigas, de espionaje y contraespionaje como en aquellos años setenta del siglo XVI". Y en toda esa trama Antonio Pérez actuó como un doble espía, haciéndole creer a Felipe II que su hermano don Juan "proyectaba una rebelión contra el soberano", le decía hoy Fernández Álvarez a Efe, horas antes de presentar su libro a la prensa.

La corrupción, el espionaje y las intrigas salpican a veces la actuación de los políticos, tanto en el pasado como en la actualidad, pero este historiador cree que en el siglo XVI "había mayor facilidad para ser corrupto que ahora", entre otras razones porque entonces "no había una prensa que pudiera investigar lo sucedido".

Pero Fernández Álvarez no se limita a contar la vida de la princesa de Éboli, sino que, con rigor y de forma amena, profundiza en el siglo XVI y facilita las claves para comprender cómo era el imperio español, los debates ideológicos que se daban en Europa por aquel entonces, cómo era la Corte de Felipe II o cómo se vivía en un convento carmelitano, entre otros temas.

Y no es casual que el historiador describa la extrema austeridad de aquellos conventos. Tras la muerte de su marido, Ana de Mendoza quiso ingresar como religiosa en uno de ellos, pero aquel "desatino" duraría poco, entre otras cosas porque el Rey no se lo permitió.

La princesa decidió volver a la Corte y Fernández Álvarez supone que debió de pensar algo así: "He querido ser monja y ser santa y el Rey y el mundo no me han dejado. Pues bien: volveré al mundo, pero que el mundo se prepare".

El historiador vio "con agrado" la película que Antonio del Real dedicó a la conjura de Escobedo. "Tiene algunas licencias poéticas, pero está hecha con dignidad", asegura.