Berzosa inaugurará el jueves un monumento en homenaje a las víctimas españolas del campo de concentración de Mauthausen

MADRID, 13 (EUROPA PRESS)

El rector de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Carlos Berzosa, inaugurará el próximo jueves en la plaza de Ciencias del campus de Moncloa, en los jardines entre las facultades de Física, Química y Matemáticas, un monumento en homenaje a las víctimas españolas que murieron en el campo de concentración nazi de Mauthausen-Gusen, en Austria, y de otros centros similares.

Al acto, que tendrá lugar a mediodía del jueves, asistirán representantes del Ministerio de la Presidencia, del Foro por la Memoria, de la Fundación Domingo Malagón y de la propia Universidad Complutense. La escultura con la que se homenajeará a las víctimas de este centro de concentración ha sido donada por la Fundación Domingo Malagón.

El campo de concentración de Mauthausen era en realidad un grupo de campos nazis situados en torno a la pequeña localidad de Mauthausen, en Austria, cerca de una serie de canteras de granito que los internos estaban obligados a explotar. Aparte de los cuatro subcampos principales en Mauthausen y la cercana Gusen, más de 50 subcampos localizados por toda Austria y el sur de Alemania utilizaron a los ocupantes como esclavos. Algunos campos subordinados al complejo de Mauthausen incluían fábricas de munición, minas, fábricas de armamento y plantas de ensamblaje de aviones.

En enero de 1945, los campos, dirigidos desde la oficina central en Mauthausen contenían unos 85.000 prisioneros. Se desconoce el número de víctimas total, aunque la mayoría de las fuentes las cifran entre 122.766 y 320.000 en todo el complejo, entre rusos, polacos, españoles, judíos, húngaros, etcétera...

Las condiciones de vida eran sumamente sórdidas: todos fueron mal alimentados, las enfermedades sin una asistencia médica apropiada causaban estragos y el trabajo en la gravera era extenuante. Además, Mauthausen estaba preparado para ser un campo de exterminio, y no sólo de trabajo.

Los dos campos principales, Mauthausen y Gusen I, fueron los dos únicos campos de toda Europa etiquetados como campos de 'Grado III', lo que significaba que eran los campos más duros para los 'Enemigos Políticos Incorregibles del Reich'. Además se abrió un campo para mujeres en septiembre de 1944, coincidiendo con la llegada de prisioneras desde Auschwitz.

ESPAÑOLES EN MAUTHAUSEN

A diferencia de muchos otros campos de concentración, que eran para todo tipo de prisioneros, Mauthausen comenzó siendo cárcel de criminales comunes, prostitutas y otros 'incorregibles', pero a partir de mayo de 1939 fue utilizado principalmente para tareas de exterminio de la intelligentsia, gente ilustrada, políticos y miembros de las clases sociales altas de países subyugados por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.

Desde el 6 de agosto de 1940 también hubo grupos de republicanos españoles que fueron transferidos al campo provenientes de los 'stalags', campos de prisioneros de guerra. Se trataba de exiliados españoles que, tras salir de España en 1939, habían sido encuadrados en el Ejército francés y que en el momento de la invasión de Francia por la Wehrmacht fueron capturados por las tropas alemanas. Entre 1940 y 1945 pasaron por Mauthausen y sus subcampos en total cerca de 7.300 españoles, de los cuales fallecieron en torno a 5.000.

Requerido por las autoridades alemanas para determinar el destino de los prisioneros, el Gobierno de Francisco Franco replicó que no existían españoles allende las fronteras; de ahí que los republicanos de Mauthausen llevaran el triángulo azul de los apátridas, con una S --de 'Spanier', español-- en el centro.

Mauthausen pronto comenzó a ser conocido entre los deportados como 'El campo de los españoles', ya que fueron albañiles de esta nacionalidad quienes lo construyeron. De ahí que un superviviente francés haya llegado a afirmar que "cada piedra de Mauthausen representa la vida de un español". La mayoría de los españoles llegó al campo a partir del Armisticio francés, entre la segunda mitad de 1940 y el año 1941. Muchos fallecieron entre 1941 y 1942.

Cuando falleció el primer español, el 26 de agosto de 1940, sus compatriotas, ante la sorpresa de los verdugos, guardaron un minuto de silencio, situación que se repetiría en numerosas ocasiones. Con el paso del tiempo, algunos españoles pasaron a desempeñar trabajos especializados --albañiles, peluqueros, sastres o fotógrafos-- pues tenían más posibilidades de sobrevivir y podían acceder a más información para sostener la organización clandestina republicana que funcionaba desde mediados de 1941.

La labor de la organización española fue crucial, porque cuando en 1942 comenzaron a llegar deportados procedentes de la resistencia francesa y del frente ruso, los españoles eran los veteranos del campo, expertos estrategas en la lucha por la supervivencia, dispuestos a transmitir sus conocimientos a los recién llegados. Por otra parte, al desempeñar diversas actividades en la gestión de Mauthausen, podían ayudar a otros prisioneros.

Sin embargo, el recuerdo más vivo en la memoria de los supervivientes de otros países es la fe española en la derrota del nazismo, incluso en los peores momentos de la guerra. "Una victoria más" era la frase que pronunciaban los presos españoles cada vez que llegaban al último de los 186 peldaños de la escalera de la cantera, donde muchos murieron de agotamiento o empujados al vacío por los guardias.

Convencidos de la victoria aliada, los republicanos decidieron conservar pruebas de la barbarie, para el posterior juicio a los verdugos. Así, por ejemplo, Francisco Boix, fotógrafo del campo, hizo copia de todas las fotos que pasaron por sus manos y logró esconderlas hasta el final de la guerra. Gracias a ellas, Boix pudo probar durante los juicios de Núremberg la presencia de los jerarcas Albert Speer y Ernst Kaltenbrunner en Mauthausen y demoler así su alegato de que desconocían los campos de exterminio.

Los campos de Mauthausen y Gausen formaron uno de los primeros campos de concentración masivos en la Alemania nazi, y fueron los últimos en ser liberados por los Aliados Occidentales o la Unión Soviética. No fue hasta el 5 de mayo de 1945 cuando el ejército norteamericano entró en el lager, donde banderas republicanas habían sustituido a las banderas nazis y la puerta del campo estaba cubierta por una gran pancarta en la que se podía leer: 'Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras'.