La familia Wu lleva 300 años haciendo brújulas con agujas "extraterrestres"

  • Pekín, 31 mar (EFE).- Los chinos inventaron la brújula alrededor del siglo IX, y no desperdician ninguna ocasión para recordarlo con orgullo, pero sólo una familia en el país, los Wu, mantiene todavía la tradición de hacerlas a mano.

La familia Wu lleva 300 años haciendo brújulas con agujas "extraterrestres"

La familia Wu lleva 300 años haciendo brújulas con agujas "extraterrestres"

Pekín, 31 mar (EFE).- Los chinos inventaron la brújula alrededor del siglo IX, y no desperdician ninguna ocasión para recordarlo con orgullo, pero sólo una familia en el país, los Wu, mantiene todavía la tradición de hacerlas a mano.

Wu Shuisen, un menudo cincuentón con manos de relojero y paciencia de artesano, es la séptima generación de fabricantes de brújulas de su familia, las más fiables del mundo gracias a un secreto: su aguja imantada está confeccionada con un meteorito, y su magnetismo dura más de un siglo.

"Las brújulas de la familia funcionan durante más tiempo que cualquier otra", asegura a Efe Wu Zhaoguan, de 26 años e hijo de Shuisen, quien ya ha aprendido el arte de confeccionar brújulas de su padre y no duda en que su hijo aprenderá el mismo oficio.

Los Wu tienen una pequeña tienda y taller en Wanan, al pie de la mítica Montaña Amarilla, en la provincia oriental de Anhui, donde se perpetúa el noble arte de la confección de brújulas y relojes de sol, otra especialidad de la familia.

La mayoría de los artefactos que fabrican son pedidos de tiendas, o incluso de políticos, ya que las brújulas de los Wu, con su bella rosa de los vientos decorada con caracteres chinos, son un habitual regalo para las visitas de Estado extranjeras en China.

Wu Shuisen viajó recientemente a Pekín para mostrar en una exposición de "arte intangible chino" el sencillo pero minucioso proceso de fabricación de una brújula, y enseguida se vio rodeado de curiosos.

El artesano primero recorta un círculo perfecto en una madera especial que su familia denomina "hugu", después señala el centro exacto, pinta con líneas extremadamente finas las líneas de la rosa de los vientos, y coloca la aguja "extraterrestre".

Es el mismo proceso que hace tres siglos llevaba a cabo Wu Luheng (1702-1760), antepasado de Shuisen e iniciador de la "estirpe de artesanos" que ahora mantienen éste y su hijo Zhaoguan.

Una estirpe que se mantiene enseñando el arte de la fabricación de brújulas a sólo uno de los hijos.

"A las hijas nunca se les enseña cómo fabricar brújulas", explica Zhaoguan, aclarando que es porque según la tradición china la mujer al casarse debe ir a vivir a la casa de la familia del marido, por lo que entonces el saber artesanal se "escaparía" a otra familia.

"Pero las nueras de nuestros hijos sí lo aprenden", añade el veinteañero, para dejar claro que la construcción de brújulas no debe ser relegada sólo a los hombres.

Los Wu también cuentan que en la antigua China la brújula no era sólo un aparato de navegación, ya que además los chinos sólo se lanzaron a los mares en algunas épocas de la historia: en muchas dinastías fue visto sobre todo como un instrumento para lograr la armonía, la felicidad, aplicando con ella el "feng shui".

Este saber, que los chinos ya utilizaban hace 6.000 años, determina por ejemplo dónde y orientada a que punto cardinal se ha de construir una casa o una tumba, o cómo deben decorarse para que fluya mejor la energía positiva, el "qi", y para ello es esencial el uso de las "brújulas luopan", un tipo de aguja magnética en la que los Wu son especialistas.

La familia de artesanos sabe que en la China moderna, donde muchas tradiciones han sido "víctimas" tanto del comunismo como del capitalismo, hay muchos chinos que ya no respetan las reglas del "feng shui", pero están dispuestos a reciclar su negocio:

"Quizá ya no sean un objeto práctico para algunos, pero son una bonita artesanía y decoración", concluye Zhaoguan, quien está en negociaciones con el gobierno local para convertir el negocio de los Wu en un museo.