La UMA rinde homenaje a Rodríguez Carrión, que fue "mucho más que un profesor, era un gran ser humano"

MÁLAGA, 21 (EUROPA PRESS)

La Universidad de Málaga (UMA) rindió hoy homenaje al que fuera decano de la Facultad de Derecho y catedrático de Derecho Internacional Público, Alejandro Rodríguez Carrión, fallecido en la madrugada del pasado día 14 tras una larga enfermedad. Durante el acto, todos coincidieron en destacar que "mucho más que un profesor, era un gran ser humano", al que caracterizaban "su pasión, inteligencia, ironía, humor y, en definitiva, su compromiso".

En un acto al que acudieron familiares, entre ellos Victoria, su mujer, para la que todos tuvieron palabras de cariño, profesores, políticos, alumnos y ex estudiantes, el doctor honoris causa por la UMA Juan Antonio Carrillo, al que Rodríguez Carrión consideraba su maestro, afirmó que "fue mucho más que un querido discípulo, mucho más que un amigo, es y será siempre para mí un 'hermamigo'".

Carrillo, visiblemente emocionado, destacó "su voluntad de poner en cuestión lo establecido cuando él creía que era injusto". Pero, como subrayó, "sabía por qué protestaba y qué quería, que no era más que las libertades y los derechos en España y el rigor científico en la Universidad", declaró.

Manifestó que "Alejandro supo dar ejemplo de qué es y qué debe ser una universidad: una manera de situarse ante la vida", a lo que añadió que "vivió siempre una contradicción interna, la que existe entre el idealismo y el realismo".

"Un ciudadano comprometido con la búsqueda de la justicia y de la paz y de ahí su defensa de los derechos de los inmigrantes y de los excluidos", fueron las palabras elegidas por Carrillo para referirse a Rodríguez Carrión. En su evocación al que fuera decano de Derecho, hizo hincapié en que "la complejidad de su pensamiento" hace difícil ponerle etiqueta.

Su amigo José María Martín Delgado, catedrático de Derecho Financiero y Tributario y ex rector de la UMA, aseguró que durante los dos años que tuvo que convivir con la enfermedad "demostró una condición humana y una entereza extraordinarias".

"No he conocido a otro de su humanidad", indicó el catedrático, quien le describió como "un hombre generoso y leal, dispuesto siempre a ayudar al otro, desprendido y solidario, era austero y poco apegado a lo material, comprometido con los menos favorecidos". "Su gran pasión, junto a su familia, fue la Universidad y el magisterio", declaró, asegurando que "su legítimo orgullo fueron sus alumnos".

Aunque tenía defectos, manifestó Martín Delgado, "sus cualidades los superaban con creces". "Era un auténtico universitario, que vivía la Universidad y para la Universidad", comentó.

Según Martín Delgado, Rodríguez Carrión "fue el alma páter de esta Facultad y por eso en el cielo le habrán preparado una facultad de Derecho porque esa será la mejor forma de que descanse en paz".

BERNARDINO LEÓN GROSS

El secretario general de la Presidencia del Gobierno, Bernardino León Gross, en representación de los que fueron sus alumnos, le dio las "gracias" porque "dio la vida por una causa, la de la educación y el humanismo". "Supo ser un gran profesor, pero sobre todo mucho más, entendió que más allá de ese papel, debía ser un académico y la relación con el alumno seguía cuando terminaba la clase", manifestó, ante lo que dejó claro que sobre todo "fue un gran ser humano".

"La Universidad era su vida, su familia y su fe", e hizo hincapié en que con Rodríguez Carrión "todos aprendimos a amar el derecho internacional", que, para él, "era como una especie de amor platónico". "Era un profesor duro --aseveró--, pero un duro lleno de cariño y muy entrañable", que "quería formar ante todo buenos ciudadanos, responsables y buenas personas". "No quería que se aprendiese de él, sino con él e, incluso, contra él", apostilló.

Fue, además, "un excelente decano" en las dos etapas que ejerció este cargo, según León Gross. Precisamente, "por haber sido todo para esta casa", consideró que no es suficiente con un homenaje, sino que "la Facultad debe llevar tatuado en su piel el nombre de Alejandro", por lo que pidió "un reconocimiento que vaya más allá".

En nombre de sus discípulos, la profesora del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Derecho Magdalena Martín recordó que era conocido por ellos como "el jefe", que "amaba a su familia, la Universidad, la facultad y el Derecho Internacional Público", que eran los "pilares" que constituían la esencia de su vida.

"Gracias a su extraordinaria inteligencia y a su apabullante capacidad de comunicación, el jefe nos inculcó la devoción por la Universidad, por la facultad y por el Derecho Internacional", dijo Martín, quien aseguró que "con cada uno de los componentes del área mantuvo una relación única y diferente, pero siempre auténtica y llena de matices". Más aún, aseguró que "los alumnos eran el centro y la razón de ser de su trabajo".

Poseía un sentido institucional "acusadísimo", según Martín, ya que "afirmaba que las personas pasan, pero las instituciones permanecen". Insistía en "la necesidad de que nos formáramos como juristas completos, dinámicos y abiertos".

"Nadie se va mientras su semilla y su legado permanezcan y su tribu seguirá trabajando por la universidad pública, por la Facultad y por el Derecho Internacional, y lo haremos con alegría", concluyó.

RECTORA DE LA UMA

La rectora de la UMA, Adelaida de la Calle, por su parte, aseveró que, "además de un erudito, poseía una fina inteligencia, que envolvía en un cierto halo de timidez". "Cimentó ideas, trabajó con los arquitectos y sobre todo consiguió lo más difícil: elevar a la categoría de Facultad de Derecho lo que sólo era un edificio espléndido", manifestó.

"Alejandro sacudía conciencias, hacía dudar, incitaba a ser participativo", señaló, asegurando que "era un vendaval intelectual que arrancaba prejuicios y dejaba libre el camino hacia la utopía".

De la Calle, que mantenía una relación de amistad con Rodríguez Carrión, concluyó diciendo que, para ella, la imagen con la que se queda es la de "un intelectual, un jurista, un profesor pulcro, utópico, irónico, agudo, dialéctico, rebelde, pero, antes que nada, universitario".

La decana en funciones de Derecho, Yolanda García, declaró que "a nadie dejaba indiferente". "No fue nunca un profesor más ni un decano más ni una persona más ni un amigo más, sino una persona irrepetible, a la que era imposible no admirar y querer", manifestó, añadiendo que, "para él, dar clase no era una obligación, sino una satisfacción", caracterizándose siempre por "buscar el bien común".

García, quien recordó que la biblioteca de la Facultad de Derecho llevará el nombre de 'Profesor Alejandro J. Rodríguez Carrión', expuso que lo que más atención le llamó de él en los últimos meses fue "su empeño por dar las gracias constantemente". "Todos hemos perdido mucho con su partida --declaró--; la Facultad pierde uno de sus pilares y la Universidad le echará de menos en muchos momentos".

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, que participó en este homenaje como alumno de Rodríguez Carrión en un curso de posgrado sobre Derecho Comunitario, señaló que "fue una personalidad tan completa en el plano de la docencia y como persona, un ejemplo a seguir y a imitar".

De la Torre, quien recordó que el pasado 9 de mayo Rodríguez Carrión recogió el Premio Blanco White de este año, indicó que "el servicio que hizo de proyección de Málaga hacia Europa es impagable, como también su servicio como docente", y "la única manera de compensarle por todo lo que hizo es tratar de imitarlo y llegar a los niveles máximos de compromiso ciudadano de servicio a los derechos humanos, la libertad, la justicia y la paz".

Al finalizar el acto se proyectó en una pantalla un vídeo elaborado por el Centro Tecnológico Industrial (CTI) con imágenes e intervenciones de Alejandro Rodríguez Carrión.