De Pablo Picasso a Paul Cézanne y, por primera vez, al Castillo de Vauvenargues

  • Aix-en-Provence (Francia), 21 may (EFE).- Una exposición, "Picasso-Cézanne", y la apertura, excepcional, con carácter temporal, del Castillo de Vauvenargues, donde el artista malagueño se instaló en 1959 y donde reposan sus restos, darán cuenta a partir del próximo 26 de mayo de la admiración del primero por el que consideraba su "único maestro".

De Pablo Picasso a Paul Cézanne y, por primera vez, al Castillo de Vauvenargues

De Pablo Picasso a Paul Cézanne y, por primera vez, al Castillo de Vauvenargues

Aix-en-Provence (Francia), 21 may (EFE).- Una exposición, "Picasso-Cézanne", y la apertura, excepcional, con carácter temporal, del Castillo de Vauvenargues, donde el artista malagueño se instaló en 1959 y donde reposan sus restos, darán cuenta a partir del próximo 26 de mayo de la admiración del primero por el que consideraba su "único maestro".

La muestra del Museo Granet de Aix-en-Provence (sureste) y la apertura al público, por primera vez, del vecino castillo, no serán los únicos eventos sobre Cézanne y Picasso, pero si el motor de un impactante conjunto que aspira a convertir 'el país de Aix' en cita obligada del verano cultural 2009.

En cualquier caso, todo comienza con la admiración incondicional de Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881- Mougins, 1973) por Paul Cézanne (1839-1906, Aix-en-Provence), artista vital para el arte moderno, gran amante de su tierra natal, que nunca dejó de pintar, como ilustran sus numerosos óleos sobre la montaña de Saint Victoire, que fue mítica en su obra, pues allí pintó una serie de paisajes que anticiparon el cubismo.

Allí, en cuyo flanco norte Picasso compró en 1958 el castillo de Vauvenargues, donde residió hasta 1961, cuyo taller siguió utilizando luego de manera intermitente, donde quiso ser enterrado, y donde reposan sus restos mortales.

Así como, los de su esposa, Jacqueline Picasso (1926-1986), a quien había conocido en 1952 y con quien compartió sus últimos 20 años de existencia.

Un lugar que el público nunca pudo visitar, pero cuya actual propietaria, Catherine Hutin, hija de un primer matrimonio de Jaqueline y heredera universal suya, decidió abrir hace 18 meses.

Las obras comenzaron entonces a un ritmo desenfrenado y Hutin invirtió en ellas 5 millones de euros, con el deseo de que esta apertura se hiciese en las mejores condiciones posibles, explicó el director de los asuntos culturales de Aix-en-Provence, Thierry Roche, a periodistas de tres medios, entre ellos Efe.

El público podrá contemplar un número muy reducido de salas, desde el dormitorio de la pareja, con bandera catalana como cabecera de cama; al austero comedor y su famoso falso bufete renacimiento, del que el Museo Granet ofrece varias versiones; al taller del artista, con sus potes de pintura todavía abiertos.

Además de la tumba del matrimonio Picasso, situada a la entrada del castillo fortificado, bajo el bronce "La femme à l'offrande", y la imponente sala de armas que fue capilla ardiente, primero de Picasso y luego de Jacqueline.

El recorrido entero es una delicada sorpresa y más aún el baño, decorado con mobiliario de jardín por Jacqueline, en armonía con el fauno flautista pintado por Picasso junto a la bañera, para que no se sintiese sola en ella, según los especialistas.

Completa la visita un cortometraje de ocho minutos, montado con algunas de las numerosas filmaciones de Jacqueline halladas, según precisó Roche, recientemente en el castillo; lo que hace pensar en el inmenso patrimonio 'picassiano', de enorme valor, por supuesto no sólo económico, todavía por divulgar.

Según los organizadores, 2.000 personas reservaron ya su entrada al castillo, y sólo quedan por vender 70 entradas diarias, del 25 de mayo al 27 de septiembre, en grupos de no más de 19.

No hay que olvidar que lo importante es la exposición, resaltó Roche, sin ocultar su interés por una apertura definitiva del castillo, aunque más adelante.

Lo que cuenta ahora es descubrir que a diferencia de "Monsieur Cézanne", como le llamó desde un principio y ya para siempre el joven Picasso, éste nunca pintó la montaña de Saint Victoire.

Prefirió vivir en ella, como una manera más de impregnarse de la sapiencia de quien solía decir que había sido su "único maestro", subrayó el comisario de la exposición, Bruno Ely, durante una visita de la exposición.

En contraste con sus frecuentes variaciones sobre algunos cuadros de grandes maestros como Velázquez, Goya, Rembrand, Manet o Zurbarán, Picasso tampoco utilizó jamás directamente un cuadro de Cézanne para crear otro suyo, agregó Ely.

Sin embargo, la influencia del 'maestro de Aix' es una clave para acercarse al Picasso más íntimo y secreto, como intenta demostrar el Museo Granet a través de más de un centenar de obras, óleos, dibujos, grabados y esculturas.

La propuesta no ha pasado desapercibida y diez días antes de la inauguración se habían vendido ya más de 100.000 entradas.

María Luisa Gaspar