Julia Franck exorciza sus traumas familiares en el premiado 'La mujer del mediodía'

BARCELONA, 3 (EUROPA PRESS)

La escritora Julia Franck exorciza sus traumas familiares en el premiado 'La mujer del mediodía' (Tusquets/62) --ganador del premio al mejor libro en lengua alemana 2007 concedido por los editores y libreros de Alemania--, donde la identidad y el abandono planean a lo largo de todo el relato.

Igual que hizo su abuela con su padre, Helene, la protagonista de la novela, abandona a su hijo de siete años en el andén de una estación, pasada la Segunda Guerra Mundial. "Fue premeditado, estaba superada por tener que educarle", aseguró la autora, que al principio, desde su visión "ingenua", se preguntaba si siete años de convivencia no habían tejido unos vínculos indestructibles entre madre e hijo.

"Faltaba la palabra", concluyó Franck, erigiéndola como la clave de cualquier relación íntima fructífera, pero aquella madre no podía contarle a su hijo su origen judío, el abandono de su padre y su rechazo a ser esposa y mujer.

El agotamiento que pudo acarrear por su profesión de enfermera podría explicar en buena parte la decisión tomada, e incluso Franck, que trabajó en un hospital, entendió lo duro que puede ser tener que doblar turno y curar según qué heridas.

El abandono ha sido una herencia familiar para la autora, cuyo padre ausente además murió joven. Su familia materna, pues, está marcada por tres generaciones de mujeres que tuvieron que criar a los hijos solas: la primera, su abuela judía pero de la alta burguesía del Berlín Occidental que no pudo casarse por las leyes nazis.

La figura de esta abuela, que se hizo comunista, la marcó profundamente porque crecer en la República Federal Alemana, donde se alimentaban a base de patatas y remolacha, su abuela les mandaba paquetes con acuarelas y les pagaba las clases de música. "Era una inversión grotesca", asumió, pero ahora, en tiempos de crisis, se da cuenta de que "ella tenía una gran fe en el valor de la cultura".

TEJER EL LINO

'La mujer del mediodía' debe su título a una figura legendaria de la zona sudeste de Alemania, donde se cree que aparecía una mujer luminosa con una hoz en la mano a toda aquella gente que no dejaba de trabajar al mediodía.

"Creo que surgió para explicar el fenómeno de la insolación", dijo la autora. Esa aparición imponía una maldición a quien no descansaba, y sólo se podía eludir si durante una hora se le explicaba cómo recolectar el lino y cómo tejerlo. "En realidad es la necesidad de hablar para sobrevivir", como la que tiene su personaje principal.