Los tres imputados de Lauki sostienen que el operario que se quemó en 2004 con agua hirviendo fue un imprudente

Derivaron toda la responsabilidad en el lesionado por entender que éste no adoptó medidas de seguridad cuando reparaba una bomba

VALLADOLID, 27 (EUROPA PRESS)

Los tres empleados de la empresa Central Lechera Vallisoletana S.L. (Lauki) imputados por el accidente sufrido en noviembre de 2004 por un operario de mantenimiento de la planta, quien sufrió graves quemaduras en el 65 por ciento de su cuerpo al ser alcanzado por un chorro de agua hirviendo mientras reparaba una bomba, eludieron cualquier responsabilidad en el siniestro y achacaron el mismo a una imprudencia de la propia víctima, que, según coincidieron, tenía que haberse cerciorado de que la instalación que manipulaba se encontraba totalmente vacía de líquido.

Durante el juicio, iniciado hoy en el Juzgado de lo Penal número 2 de Valladolid, donde compartieron banquillo el que fuera consejero delegado de la planta, R.M.A; el responsable de Seguridad, L.G.C, y el jefe de Equipo de Producción, J.P.G.T, los acusados, fundamentalmente estos dos últimos, incidieron en que el lesionado, Víctor G.G, operario de mantenimiento y con diecisiete años de experiencia en la empresa, se encontraba perfectamente capacitado para reparar la avería registrada en la tarde del día 12 de noviembre de 2004 en la bomba número 3 del Uperizador Upe 2.000.

El más contundente de los tres fue el responsable de Seguridad, L.G.C, quien, en declaraciones recogidas por Europa Press, además de advertir de que Ibermutuamur era el agente externo al que se había encomendado el servicio de prevención, incidió en que cuando se produce una avería en la planta es el área de mantenimiento, en la que trabajaba el herido, la que toma las riendas y determina cómo se efectúa la reparación.

En este caso concreto, el acusado achacó toda la culpa del siniestro al operario de mantenimiento, "que omitió todas las medidas de seguridad y olvidó todas las comprobaciones pues, antes de desmontar la bomba, debería de haberse cerciorado de que el depósito se hallaba vacío de agua o haber enfriado la instalación", sobre todo porque, tal y como advirtió, lo que tenía entre manos la víctima era como "una olla a presión de 2.000 litros".

SIN TRAJE IGNÍFUGO

Aunque el operario no iba provisto de traje ignífugo, el jefe de Seguridad aseguró que la empresa contaba con dicha indumentaria pero apuntó que su uso no sólo no hubiera protegido al herido sino que le habría causado lesiones más graves, "ya que no es estanco y el agua al entrar podría haberle originado quemaduras mucho más profundas", al tiempo que censuró la medida adoptada por la víctima de apagar toda la corriente eléctrica, incluida la de la pantalla o display que facilitaba información sobre la temperatura del agua y porcentaje de fluido que había en ese momento acumulado en el depósito.

Respecto de por qué Lauki carecía de seguro de responsabilidad civil en el momento del siniestro, el entonces consejero delegado de la planta, R.M.A, declaró que mes y medio antes las instalaciones habían sido adquiridas por el Grupo Lactalis y atribuyó a este hecho la causa de que la póliza de siniestralidad no hubiera sido renovada. "Desde el grupo se nos ordenó que dejáramos de lado las pólizas, que se encargaban ellos, aunque en Francia hubo un 'lapsus' y se olvidaron de ella", reconoció R.M.A, quien, en su descargo, añadió también que sólo visitó la planta antes de su adquisición y luego una vez año, coincidiendo con la celebración de la Junta General.

Por su parte, el trabajador lesionado, quien sufrió quemaduras de segundo y tercer grado y tiene reconocida por la Seguridad Social una incapacidad permanente absoluta, declaró que se encontraba plenamente preparado para la reparación de la avería, dada su dilatada experiencia profesional, pero advirtió de que tenía que haber sido auxiliado por el operario del uperizador averiado y no por el jefe del Equipo de Producción, como así ocurrió, quien se ofreció a ayudarle a desenroscar la tuerca del filtro.

Así, antes de proceder a reparar la avería, el lesionado aseguró haber recibido el ok del jefe de Equipo de Producción que certificaba que no había agua en el uperizador. "Le pregunté, ya está eso?, y él me dijo que sí", declaró Víctor G.G, quien dio entonces por sentado que tenía vía libre para cambiar la bomba averiada sin peligro alguno, si bien al hacerlo fue alcanzado por un chorro de agua hirviendo.

La vista continuará mañana. Inicialmente, el Ministerio Fiscal acusa al consejero delegado y al responsable de Seguridad, R.M.A. y L.G.C, de un delito contra los derechos de los trabajadores y otro de lesiones imprudentes y pide para ellos penas de tres años de cárcel, mientras que al jefe del Equipo de Producción, J.P.G.T, le considera autor del segundo delito y solicita para él año y medio de prisión.

Por su parte, la acusación particular, en representación del trabajador lesionado, eleva hasta los cuatro años y medio y cuatro años y tres meses las penas de cárcel solicitadas, respectivamente, para R.M.A. y L.G.C, que en el caso del tercer imputado, J.P.G.T, se fija en un año y nueve meses.

En lo que sí coinciden las dos acusaciones es en el conjunto de indemnizaciones que los tres acusados deberían desembolsar, de forma conjunta y solidaria, en favor del perjudicado y que supera el medio millón de euros, con responsabilidad civil subsidiaria de Central Lechera Vallisoletana S.L.