Rajoy, Sánchez y Rivera deberían pactar con los 4,5 millones de parados


  • La recuperación del empleo emite algunas señales de ralentización que deberían preocuparnos y urgir a los políticos a formar nuevo gobierno sin unas terceras elecciones.

  • Creo que la ciudadanía es más inteligente de lo que piensan y agradecería cuatro años de gran coalición para apuntalar el mercado de trabajo y las pensiones, y reformar la educación.

Pedro Sánchez exige que Rajoy vaya a la investidura y evita aclarar qué hará él si fracasa

Pedro Sánchez exige que Rajoy vaya a la investidura y evita aclarar qué hará él si fracasa MADRID | EUROPA PRESS

Una nueva EPA con 4,5 millones de parados aún en nuestro mercado laboral y una nueva jornada de consultas de Su Majestad el Rey Felipe VI con los cuatro líderes de las formaciones mayoritarias en nuestro país: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera.

Desgraciadamente, no es tan sencillo poner nombre y apellidos al inaceptable número de personas sin empleo, después de ocho años de larga crisis en el mercado de trabajo. La lista sería ingestionable, casi tanto como el actual mapa político español.

Porque aún permanecen desocupados 3,7 millones de personas en España según el registro del antiguo INEM y 4,5 millones si atendemos a la última Encuesta de Población Activa (EPA) que hemos conocido hoy, en la misma jornada en que los cuatro jinetes de la apocalipsis electoral desfilaban por el Palacio de la Zarzuela para entrevistarse con el jefe del Estado.

En principio para que Don Felipe constate que los cuatro líderes políticos en cuestión no pueden plantearle una fórmula de Gobierno con los apoyos suficientes para que la nueva legislatura eche a andar, un mes después de la repetición de elecciones el 26 del pasado mes de junio; transcurridos siete meses desde los primeros comicios allá por el 20 de diciembre del pasado año; y nada menos que nueve meses desde que se disolviera el Parlamento un 26 de octubre de 2015; ¡caray!

No hay forma de que nuestros 350 diputados nacionales puedan ponerse por fin a trabajar a nuestro servicio, que es en lo que consiste su labor.

Tomar ejemplo del sacrificio de los españoles

Fundamentalmente, que lo hagan para que en este país puedan superarse definitivamente los duros coletazos de una larguísima crisis que ha pasado factura a buena parte de sus ciudadanos y empresas, que al fin y al cabo son las que crean empleo en mayor medida. Y con diferencia. Sin ir más lejos, por ejemplo, en los doce últimos meses la ocupación ha aumentado en 395.700 personas en el sector privado por tan sólo 38.700 en el ámbito público (que no obstante tiene casi 5.000 empleados más que antes de la crisis).

Creación de empleo que se lleva produciendo en España desde hace dos años y medio de manera constante, según la EPA y también de acuerdo a los datos de afiliación a la Seguridad Social. Una recuperación sostenida desde entonces, y a un alto ritmo hasta ahora.

Los profesionales españoles han tenido que realizar un esfuerzo titánico. Unos para conservar su empleo en empresas que ponían en marcha, en los peores momento de esta extenuante depresión económica, sucesivos recortes de plantilla, expedientes de regulación de empleo, prejubilaciones, despidos, congelaciones o bajadas salariales, etcétera, etcétera, etcétera.

Otros, para mantener a flote sus compañías en momentos de caída abrupta de los ingresos, o para salvar su negocio por cuenta propia.

Y otros, quienes se han llevado la peor parte, aquellos que se han descolgaron del maltrecho mercado de trabajo, para retornar al mismo en momentos en los que las oportunidades laborales brillaban por su ausencia, asumiendo además salarios considerablemente menores que los conocidos antes de este difícil periodo.

Señales de advertencia en el empleo

Después de la pérdida de 3,2 millones de puestos de trabajo en nuestro país ha sido muy complicado comenzar a recuperar el empleo perdido, y en los casi tres años transcurridos desde que comenzó el crecimiento de la ocupación se ha ganado apenas la mitad de la ocupación que se destruyó.

Una mejora que puede comenzar a ponerse en riesgo atendiendo a las señales que ha enviado hoy la última EPA. Aunque sigue creciendo el empleo y bajando el paro, la intensidad ha disminuido en el último trimestre de forma significativa. El ritmo de creación de nuevos puestos de trabajo se ralentiza del +3,29% interanual al +2,43%.

Y los ocupados sumados en los últimos doce meses pasan de +513.500 en el segundo trimestre de 2015 a +434.400 en el mismo periodo de este año.

Aún queda demasiado empleo y tejido empresarial por recuperar como para comenzar a ponerlo en peligro porque los líderes políticos no sean capaces de alcanzar los pactos a los que obliga la fragmentación electoral. La ciudadanía, en general, y a buen seguro que los 4,5 millones de parados, en particular, así se lo han encargado ya por dos veces.

No a unas terceras elecciones

Pero hasta ahora no parecen ser capaces de demostrar a los españoles que ellos también pueden realizar los sacrificios y renuncias que buena parte de los trabajadores del país han tenido que aceptar en los peores años de las dos recesiones consecutivos que hemos vivido recientemente. Demasiado recientemente aún.

Unas terceras elecciones consecutivas el próximo invierno no es lo que conviene a los 4,5 millones de desempleados especialmente. Bajo ninguna óptica. Mantendrían la incertidumbre durante casi medio año más, en un momento en el que hay que afianzar la recuperación económica y su traslación al mercado laboral y a la microeconomía, a través de la reducción del paro y la generación de más y mejores empleos.

Nadie cuenta con un gobierno de salvación nacional en el que los cuatro fueran capaces de ponerse de acuerdo para apuntalar definitivamente el futuro a corto y medio plazo del país.

Pero desde casi la misma noche del pasado 20-D muchos hemos hablado de la posibilidad y conveniencia de sumar al menos tres de esas cuatro fuerzas en una gran coalición, al estilo de la que gobierna en Alemania. Véase, PP, PSOE y Ciudadanos. Una opción a la que se muestran abiertos dos de los tres responsables de alcanzarlo. ¿Ta difícil es sumar al tercero?

Ese pacto podría convertirse en una gran oportunidad. Dicen que las mejores siempre surgen tras las peores crisis. Pero hay que tener visión y voluntad para saber aprovecharlas.

Los beneficios de la gran coalición

En este tipo de coaliciones no pueden imponerse mayorías. Las partes, en este caso una fuerza de derechas, una de centro y una de izquierda, se ven obligadas a buscar los puntos de encuentro, que suelen llevar a la moderación y el término medio. Ya saben, donde estaba la virtud para el sabio Aristóteles.

Un gobierno de este tipo podría modular nuestro sistema de relaciones laborales tras la última reforma del mercado de trabajo, corta aún para los empresarios y excesiva para los sindicatos y muchos trabajadores. Este tipo de pactos suelen pervivir más en el tiempo haciendo olvidar aquello de que con cada nuevo gobierno una nueva ley y vuelta a empezar. Alejan la ley del péndulo.

Y lo mismo sucedería en los otros dos grandes desafíos que debería afrontar nuestro país en los próximos años, ambos relacionados en buena medida con el empleo.

Una reforma educativa que mejore los resultados de nuestros estudiantes y reduzcan el fracaso escolar. Y otra reforma del sistema de pensiones que apuntale las jubilaciones del futuro ante las maltrechas arcas de la Seguridad Social por el creciente proceso de envejecimiento de nuestra sociedad.

Pacto con estudiantes, pensionistas y parados

Hasta ahora el único de los tres líderes involucrados que rechaza esa posibilidad es el secretario general del PSOE. Es comprensible su temor a participar en un gobierno con el eterno enemigo ideológico, que dejaría despejado el camino de la oposición de izquierdas a su nuevo enemigo: el Podemos de Iglesias.

Pero llegados a estas alturas del viaje es tratarnos a los ciudadanos por mucho más tontos de lo que somos. De verdad no creen los responsables de este partido que los electores le agradecerían en una futura contienda electoral en 2020 cuatro años de capacidad de entendimiento entre las fuerzas políticas, algo insólito en nuestra España; de capacidad para proporcionarnos un mejor mercado laboral, un mejor modelo educativo y un mejor sistema de pensiones; de capacidad de realizar las cesiones y sacrificios que hacen cada día 40 millones de ciudadanos y 4,5 millones de parados.

Yo, sinceramente, creo que les premiarían. A riesgo de pecar de iluso, buena parte de la sociedad española es más inteligente y pragmática, y está menos ideologizada de lo que nuestros políticos acostumbran a pensar.

Señores Rajoy, Sánchez y Rivera, pacten con nuestros estudiantes, pacten con nuestros pensionistas y pacten con nuestros 4,5 millones de parados. Aunque sólo sea por egoísmo propio. A ustedes también les irá mejor.