No nos engañemos: habrá que 'tocar' las pensiones


  • No se trata de ideologías políticas ni de eficacia en la gestión, que puede ayudar, pero el sistema a largo plazo no se sostiene: cada vez hay más jubilados y menos población activa.

  • Los 9 millones de pensiones actuales serán 15 millones en 2050 y aunque aumentase la natalidad, las nuevas generaciones no comenzarían a cotizar hasta dentro de 16 años.

Las mejores imágenes del debate a cuatro

Las mejores imágenes del debate a cuatro

El viernes por la tarde saltaron las alarmas en diversos medios de comunicación porque el Ejecutivo en funciones echa mano de nuevo de la llamada hucha de las pensiones para hacer frente a la paga extra de verano que nuestros jubilados perciben en el mes de julio.

Adiós necesario a la demagogia y el populismo

"El Gobierno vuelve a meter la mano en la hucha de las pensiones y saca 8.700 millones de euros", titulaban algunos de forma amarillista, a mi modesto parecer. "El fondo de reserva de la Seguridad Social se queda con 25.176 millones de euros. Podría agotarse a finales de 2017. Rajoy ya ha sacado en sus años de Gobierno 55.901 millones", subtitulaban los mismos tremendistas.

Pues que vayan preparando el mismo titular para dentro de 6 meses, gobierne quien gobierne, y se pongan como se pongan oposición, sindicatos, empresarios o medios de comunicación. Hoy, el Secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos, reconocía de nuevo: "No vamos a conseguir el equilibrio" en la financiación del sistema.

Osea, que el próximo mes de diciembre el nuevo Gobierno resultante tras las elecciones del 26-J, sea del color que sea, deberá volver a echar mano de la famosa hucha de las pensiones para hacer frente a la paga extra de Navidad de nuestros pensionistas.

¿No pagar las pensiones?

Pero, ¿cuál es la alternativa a la defensa numantina de no tocar la famosa hucha? Pues a día de hoy, mientras la financiación del sistema siga siendo la misma, la única sería no pagar la extra de los jubilados.

Algo que no creo que nadie se plantee. No olvidemos que esos pensionistas en número creciente son nuestros padres y madres, tíos y tías, abuelos y abuelas, hermanos y hermanas... Y que, tampoco olvidemos, trabajaron y cotizaron para percibir esa pensión durante no pocos años.

Porque parece que ahora otros se alarman también de que la cuantía de las pensiones medias en España crezca y se acerque cada vez más a los salarios medios que reciben los trabajadores actualmente en activo y ocupados. Tampoco hay que olvidar que si nuestros jubilados cada vez perciben una mayor cantidad a final de mes, es fruto también del desarrollo económico que el país ha experimentado en las últimas décadas.

Esa mejora es la que explica en gran medida la positiva evolución de la retribución de nuestros mayores, más seguramente que las electoralistas subidas, o bajadas o congelaciones, que de todo hemos vivido en la última década, que decrete cada Gobierno de turno según la coyuntura económica y política. Y es que los nuevos jubilados que acceden al sistema cobran mayores pensiones que los que dejan de percibirlas por fallecimiento.

Vuelta al espíritu del Pacto de Toledo

Es decir, que ese "meter la mano en la hucha de las pensiones" no es ni más ni menos que lo previsto en el Pacto de Toledo, aprobado por la práctica totalidad de los grupos políticos de nuestro Parlamento, hace ya más de dos décadas (1995), a iniciativa de CiUy bajo gobierno socialista de Felipe González. El objetivo principal: garantizar la sostenibilidad del sistema en el futuro.

Las pensiones salían así, en teoría, de la batalla política y las contiendas electorales. Por encima de ideologías, en nuestro país nadie o casi nadie pone en cuestión que los trabajadores al retirarse perciban una pensión tras años de cotizaciones.

Ese Pacto de Toledo, con la venia también de los sindicatos, creaba entre otras herramientas el denominado Fondo de Reserva de la Seguridad Social, con la intención de atenuar los efectos de los ciclos económicos. Se propuso alimentarlo con los excedentes que pudieran existir en los momentos de bonanza, de forma que permitiesen actuar en los momentos bajos del ciclo sin tener que recurrir a incrementos de las cotizaciones o reducciones de prestaciones.

Y así lo cumplió el siguiente Ejecutivo, liderado por José María Aznar. Y el que le siguió, el presidido por José Luis Rodríguez Zapatero.

La crisis acelera el proceso, pero no lo origina

Pero hete aquí, llegó una de las peores crisis que se recuerdan. Una crisis brutal en materia de empleo, que es de vital importancia para la sostenibilidad de las pensiones porque éstas se alimentan con las cotizaciones de empresas y trabajadores. Se perdieron 3,25 millones de cotizantes a la Seguridad Social desde el histórico máximo de 19,4 millones de cotizantes hasta los 16,15 millones de febrero de 2013, en plena recesión.

Y entonces cobró sentido el previsto Fondo de Reserva de la Seguridad Social o hucha de las pensiones. Porque para eso se creó. Para que cuando no llegase para pagar a los jubilados, se recurriese a él, en lugar de tener que bajar la cuantía de las mismas o elevar las cotizaciones, que castigarían aún más al dañado empleo en nuestro país.

El problema no es tener que echar mano de la hucha, que para eso se creó y se ha nutrido durante años. Tampoco los es el pago de unas justas pensiones cada vez de mayor cuantía. Ni el crecimiento del número de jubilados que las perciben, consecuencia de la mayor esperanza de vida.

En 2006, hace una década había en nuestro país 7,3 millones de pensionistas que ahora son ya 8,5 millones. Y se pagaban 8,1 millones de pensiones hace 10 años (hay más pensiones que pensionistas) y ahora 9,4 millones.

Una tendencia imparable: en el año 2050, según los cálculos del servicio de estudios del BBVA habrá 15 millones de pensionistas en España.

Por el contrario, la ocupación ha descendido. De los mencionados 19,4 millones que llegamos a alcanzar en 2008, justo antes de la crisis, a los 17,7 millones del pasado mes de junio según los datos de afiliación a la Seguridad Social conocidos hoy mismo.

De forma que hay menos de 2 cotizantes por cada pensionista. Algo, según todos los expertos en la materia, insostenible si el sistema no se modifica y apuntala de alguna manera. Porque la crisis no ha hecho más que obligar a disponer más rápida e intensamente de la hucha de las pensiones. Pero el problema de fondo viene de largo, y se ha advertido del mismo desde hace más de dos décadas. Ya en 1993, mi profesora de Economía nos advertía de que no cobraríamos una pensión tal y como las entendemos ahora.

Una simple cuestión demográfica

Ese problema es bien sencillo de entender: cada vez vivimos más, por lo que  cada vez perciben su pensión más jubilados y durante más años. Por contra, la base de la pirámide no se nutre en la misma medida. Más bien todo lo contrario, cada vez se nutre menos.

Es España uno de los países con menor índice de natalidad el mundo. De hecho, desde que comenzó la crisis hay 1,9 millones de personas menos en España en la franja de edad de 16 a 39 años. Y no porque hayan emigrado masivamente, sino por ese bajo índice de natalidad que se prolonga en nuestro país desde hace varias décadas.

Y, aunque ésta repuntase, esas nuevas generaciones no comenzarían a cotizar y alimentar el sistema hasta dentro, al menos, de 16 años, como es lógico. La edad mínima para trabajar en España.

Hay quien achaca también los problemas de financiación del modelo al descenso de ingresos provocado por unos sueldos menores, que por lo tanto cotizan menos. Y por las tarifas planas que se han puesto en marcha para intentar impulsar la creación de empleo, algo que por otra parte era imperioso con 5 millones de parados. Pero, aunque fuese así, es pecata minuta, no resuelve el verdadero reto.

Algunas soluciones

El problema no tiene fácil ni demagógica solución a corto ni a medio plazo. Evidentemente hay que apuntalar el crecimiento económico y que éste se traduzca en incremento del empleo para que un mayor número de afiliados a la Seguridad Social alivie las tensiones del sistema de pensiones. Y en aumentos salariales que eleven las bases de cotización.

Pero no parece suficiente, porque la marea seguirá siendo alta e irá ganando metros: el número de jubilados con prestación crecerá en mayor medida que el de cotizantes. Según el BBVA para sostener a esos 15 millones de pensionistas que se prevén en 2050 deberíamos alcanzar los 27 millones de afiliados. Algo que se antoja difícil teniendo en cuenta los actuales 17,7 millones.

Según ese servicio de estudios del BBVA, los españoles tenemos tres fórmulas para sostener el actual sistema de pensiones: aceptar una disminución de la cuantía de las pensiones al tiempo que se fomentan los planes privados de jubilación; incrementar la financiación del sistema vía impuestos o recortando el gasto público en otros capítulos; o realizar reformas estructurales que consigan aumentar el número de empleados cotizando y elevar los salarios de nuestros trabajadores, para que coticen en mayor medida.

Funcas, la Fundación de las Cajas de Ahorros, ha propuesto también en alguna ocasión financiar parte de las pensiones emitiendo deuda, con la intención de trasladar parte del coste de las pensiones de los años de mayor envejecimiento a los de menor envejecimiento.

Copiar de los mejores: la 'mochila austríaca'

También podría abrirse el debate de la denominada mochila austríaca. Las empresas cotizan en un fondo individual de cada empleado un 1,53% de su salario bruto. Y cuando éste se queda sin trabajo puede elegir entre capitalizarlo en forma de indemnización por despido (del que se olvidan para siempre los empleadores, favoreciendo al tiempo la generación de puestos de trabajo). O bien, si al trabajador no le resulta necesario, puede dejarlo intacto hasta su jubilación, para complementar su pensión pública.

Varios países que han abordado ya los problemas de su sistema de pensiones han adoptado diferentes fórmulas basadas en modelos de capitalización.

Favorecer la natalidad y la conciliación profesional

Tampoco habría que olvidarse de las políticas para una mejor conciliación de la vida laboral y personal, aunque aparentemente poco puedan tener que ver con la jubilación o la pensión. Pero sí que la tienen. Facilitan que las mujeres no abandonen o interrumpan durante años su carrera profesional cuando son madres. Y podrían facilitar un cierto incremento de la tasa de natalidad, lo que contribuiría a largo plazo a la sostenibilidad del modelo.

En este terreno la empresa española aún puede avanzar mucho. A no pocos empresarios, los árboles del cortoplacismo imperante en los resultados del negocio no les dejan ver aún este bosque, que puede llegar a convertirse en laberinto sin salida.

Holanda y Alemania apostaron en su día por fomentar un aumento de la natalidad.

Junto a la educación, el mayor desafío para España

Pues elegir la solución al que se ha convertido, junto a la mejora de la educación, en uno de los mayores desafíos para nuestro país, es la tarea del próximo Parlamento. No sólo del nuevo Gobierno, sino de la mayor parte de las fuerzas políticas. Porque una reforma del calado de esta debe contar con consenso político suficiente, como en el Pacto de Toledo, para que perviva y de unos frutos que sólo se perciben a medio y largo plazo.

Seguramente no haya que adoptar una sola de esas tres fórmulas planteadas por uno de los servicios de estudios económicos más prestigiosos del país. Probablemente, nuestros políticos propongan una combinación de las mismas: mejorar la lucha contra el fraude, fomentar los planes privados de ahorro para la jubilación, seguir facilitando la creación de empleo, son las sencillas, porque no son impopulares

Pero, el quid de la cuestión, deberá elegirse también entre financiar con nuevos impuestos el sistema, lo que tampoco ayuda a la recuperación económica, con el consiguiente riesgo para el déficit público; o bien reducir las pensiones y alargar de edad del retiro laboral aún más, como ya se hizo de forma más o menos velada en las consecutivas modificaciones de 2011 (Zapatero) y 2013 (Rajoy).

No nos engañemos, gobierne quien gobierne, y se mire por donde se mire, en la próxima legislatura tendremos que elegir entre esas alternativas. Y no es un reto sencillo. A ver si damos la talla unos y otros, de una vez por todas. Políticos, sindicatos, empresarios, ciudadanos y medios de información.