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Tres años para recuperar la mitad de los empleos perdidos en la crisis


  • Desde el peor momento para el empleo en febrero de 2013, se ganan 1,5 millones de afiliados y baja el paro en 1,15 millones de personas.

  • Ha costado tres años, sangre, sudor y lágrimas recuperar la mitad de los empleos perdidos. Hay que coger el toro por los cuernos para recuperar un millón y medio más.

En los nuevos formatos políticos televisivos se oye hablar poco de medidas concretos de empleo.

En los nuevos formatos políticos televisivos se oye hablar poco de medidas concretos de empleo.

Ha costado sangre, sudor y lágrimas, y aún hay demasiados desempleados que no logran retornar al mercado laboral. Y lo más preocupante, todavía tenemos 1.610.900 hogares con todos sus miembros en paro, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de este año. Pero no hay que desdeñar el camino ascendente andado desde que nuestro mercado laboral tocó fondo, hace algo más de tres años.

Desde que se alcanzó el triste récord de desempleo en nuestro país, en febrero de 2013 con 5.040.222 parados, el descenso del número de desocupados supera el millón cien mil: hay exactamente 1.148.819 parados menos.

Y, desde el peor momento para el empleo, también en febrero de 2013, cuando el número de afiliados a la Seguridad Social se redujo hasta 16.150.747 (tras perder 3,25 millones de cotizantes durante la crisis), el sistema ha ganado más de un millón y  medio de ocupados. Exactamente ha sumado 1.511.093 cotizantes.

España se quiere poco

Es el nuestro un país que se quiere poco, se minusvalora mucho y que demuestra una cierta tendencia al castigo de sí mismo. Sin caer en la autocomplacencia, los datos del paro registrado en las oficinas del antiguo INEM y los de afiliación a la Seguridad Social vienen a demostrar que a pesar de las dificultades económicas, de las estrecheces para llegar a fin de mes y de los recortes en diversas materias de gasto público, este país sabe levantarse y superar las adversidades, adaptarse a las circunstancias y trabajar duro.

Especialmente relevantes son los resultados en cuanto a recuperación de puestos de trabajo. Cuando se conoce el volumen de las listas del paro, muchos hablan del efecto desánimo, que lleva a muchos desempleados a no inscribirse en los servicios públicos de empleo por las escasas esperanzas de conseguir una ocupación a través de este organismo o porque ya no perciben ninguna prestación por desempleo.

Una recuperación objetiva

Pero los datos de afiliación a la Seguridad Social son objetivos. Se trata de trabajadores por cuenta propia que cotizan como autónomos o de profesionales por cuenta ajena que han sido dados de alta por una empresa y ambos pagan el denominado ‘impuesto al trabajo’. Es decir, sus cotizaciones sociales.

Tampoco salen de un sondeo sobre ocupación laboral, como sucede en la Encuesta de Población Activa (EPA), donde son los propios entrevistados quienes declaran si trabajan o no, y no siempre tienen por qué estar interesados en contestar la verdad. En este sentido, puede hablarse menos de que las estadísticas distorsionen la fotografía de nuestro mercado de trabajo.

Pues bien, en nuestro país hay ya 1,5 millones de trabajadores más cotizando en la Seguridad Social. Es decir, que ha costado algo más de tres años recuperar prácticamente la mitad de los 3,25 millones de afiliados que se perdieron durante los años de la dura crisis que tuvo como aldabonazo la caída de Lehman Brothers.

Un balance creo, sin duda, que puede calificarse como positivo, que ha sorprendido incluso a los expertos en cuanto a la intensidad de la recuperación del empleo, y que nos señala que hay que seguir en la senda económica tomada.

Y, además, que nos recuerda la profundidad de la crisis económica vivida, y nos debería resultar de lección para aprender de nuestra Historia reciente e intentar evitar los mismos errores en el futuro.

Reflexión para el futuro

Aún es necesario sumar a la Seguridad Social al menos otro millón y medio de empleados para que este país pueda acercarse a los 20 millones de afiliados a la Seguridad Social, que marcan las cotas de casi pleno empleo, como en los años inmediatamente anteriores al estallido de la crisis. En 2007 se registró un máximo histórico de 19.493.051 cotizantes. Aún estamos en 17.661.840.

Queda camino por recorrer, pero debemos reconocer el valor de lo conseguido por nuestro país, generando un millón y medio de nuevos empleos.

Con unas nuevas elecciones generales a la vuelta de la esquina, se suceden los nuevos formatos televisivos en los que los líderes políticos han de someterse a todo tipo de nuevas y a veces pintorescas situaciones, pasear por la calle con periodistas, participar en un interrogatorio con niños de 6 a 12 años, bailar en los platós de programas de entretenimiento, colgarse de una montaña con Jesús Calleja, hacer debates en un bar y el etcétera que sean capaces de imaginar los creadores televisivos. Pero poco oigo hablar de propuestas concretas y serias para fortalecer nuestro mercado laboral y favorecer la creación de empleo.

La incertidumbre política que genera la fragmentación del mapa parlamentario, y que será similar tras los próximos comicios, no ayuda. De entrada, es ya un hándicap. Mayor motivo aún para pensarnos muy mucho qué hacemos con nuestra economía y, por ende, cómo contribuimos al empleo. No limitemos la reflexión para la jornada previa a la cita electoral. Comencemos a pensárnoslo con calma y frialdad, y a debatirlo en serio.

¿Qué hacemos con el coste del despido?

¿Por qué España siempre ha tenido, históricamente, una tasa de desempleo mucho mayor que la de nuestros vecinos europeos? La pregunta del millón, a la que algunos expertos económicos se atreven a poner respuesta: la distorsión del paro español se debe al coste de las indemnizaciones por despido.

Aunque nos duela, los empresarios son finalmente quienes crean empleo en mucha mayor medida, no los gobernantes ni la Administración Pública. Y los empresarios se frenan a la hora de crear empleo estable, entre otras cuestiones, porque descuentan el precio que tendría para su negocio si se produce un hipotético despido en el futuro. 

Seguramente por eso, cuando más empleo hay en España sube la tasa de temporalidad. Aunque podría parecer que en un mejor marco laboral se reduce lo que los sindicatos llaman precariedad laboral, sucede justo lo contrario.

Cuando crecemos, lo hacemos a base a de trabajadores eventuales. Y, paradójicamente, cuando el empleo va peor y se dispara el paro, se reduce la tasa de temporalidad. Porque a los primeros que se despide en una crisis es a esos empleados temporales. ¿Por qué? Sencillamente, porque es mucho más barato hacerlo.

Qué malvados empresarios, pensarán algunos. No lo sé, habrá de todo, como en botica. Pero si cierran sus empresas porque son insostenibles, no sólo hay despidos, caros o baratos, sino que toda la plantilla se queda sin trabajo, comienzan a engordar las listas del paro, disminuyen los ingresos de la Seguridad Social por cotizaciones (poniendo en riesgo el futuro de las pensiones), aumenta el gasto del Estado en prestaciones por desempleo, cae el consumo, se frena la inversión... y comienza a girar la perversa bola de nieve que hemos vivido en la crisis.

Pues lo dicho, piénsenlo bien y debatamos, en serio y de una vez para siempre. Nuestro país, es decir, sus personas, se lo merecen.