Un nuevo mapa político para viajar al Norte… o al Sur de Europa

  • La patronal de agencias privadas de empleo prevé que en 2016 podrían crearse 450.000 nuevos empleos, pero la incertidumbre política puede dañar las perspectivas.

  • Es el momento para un gran pacto de Estado con el empleo como uno de los ejes principales de Gobierno, si queremos acercarnos a los envidiados países del Norte y Centro de Europa.

Pedro Sánchez y Mariano Rajo en su encuentro postelectoral en La Moncloa.

Pedro Sánchez y Mariano Rajo en su encuentro postelectoral en La Moncloa.

Albert Rivera y Mariano Rajo en su entrevista tras el 20-D en el Palacio de La Moncloa.

Albert Rivera y Mariano Rajo en su entrevista tras el 20-D en el Palacio de La Moncloa.

El pasado año ha finalizado con algo más de 350.000 parados menos y más de 500.000 empleos netos generados, según los últimos datos conocidos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) -el antiguo INEM- y la Seguridad Social.

Pero si echamos la vista un año más atrás los datos son esperanzadores para los algo más de 4 millones de parados que sigue habiendo en nuestro país. Al menos, para una parte de ellos, porque los desempleados de larga duración y con escaso nivel de formación siguen, y me temo que van a seguir teniendo, enormes dificultades para retornar al mercado de trabajo. Sobre todo los de edades avanzadas, los grandes denostados por nuestras empresas.

Si comparamos los datos ahora conocidos y que completan el balance del año 2015 con los de dos años antes, en 2013, la mejora del mercado laboral puede considerarse de intensa y casi sorprendente teniendo en cuenta la dinámica destructiva que en términos de empleo habíamos sufrido desde el estallido de una de las peores crisis de la Historia.

Una intensa recuperación

Y es que, en dos años, en nuestro país se han generado casi un millón de nuevos puestos de trabajo y algo más de 600.000 desempleados han abandonado las listas del paro registrado.

Es más, desde que se tocó suelo en términos laborales, en febrero de 2013, cuando se produjeron los peores registros de afiliación a la Seguridad Social y aumento del desempleo, la mejora es considerable. En los 34 meses transcurridos desde el peor momento de la crisis han dejado las listas del desempleo casi 1 millón de personas y se han ganado 1.157.000 empleos en nuestro mercado de trabajo.

Perspectivas de futuro

Una evolución más que positiva, que podría continuar en el futuro, al menos a lo largo de este 2016. La patronal de agencias privadas de colocación,Asempleo, ya había vaticinado que podrían crearse unos 450.000 empleos en 2016. Es decir, casi otro medio millón, que es más o menos lo que se ha creado en cada uno de los dos últimos ejercicios. Se recuperarían de esa forma 1,5 millones de puestos de trabajo en tres años.

Pero en este 2016 las quinielas sobre el posible comportamiento de nuestro mercado de trabajo parecen hacerse más complicadas por el incierto panorama político. Si de algo huyen los agentes económicos es de la inestabilidad política, institucional o legislativa, justo lo que va a caracterizar a la nueva etapa que afronta casi irremediablemente nuestro país tras los últimos comicios generales del 20-D.

El panorama que han dejado esos comicios dibuja un Congreso con nuevas fuerzas que pueden suponer una energía regeneradora de una democracia que ha ido adquiriendo algunos vicios. Pero lo indudable es que deja también un horizonte mucho más ingobernable, inestable e incierto. Algo que, si no es bien entendido y aprovechado con un alto sentido de la responsabilidad, puede ir seriamente en contra de las decisiones de inversión de las empresas que, al final y al cabo son las que crean empleo y generan riqueza.

Nos jugamos un país más pobre o más rico

Nos estamos jugando, aunque algunos no parezcan darse cuenta, seguir en la senda de la creación de empleo iniciada que permite tener mejores esperanzas de futuro, o volver a la etapa ya superada de destrucción de empleo, aumento de la desigualdad (provocada en buena medida por los altos índices de paro) y, en definitiva, incremento de la pobreza del país y pérdida de bienestar, con todas las consecuencias económicas y sociales que esas situaciones acarrean.

Aún es complicado dibujar la futura composición del próximo Ejecutivo y mucho menos de sus líneas maestras en materia económica y laboral. Si se trata de un Gobierno en minoría muy minoritaria, mal asunto para seguir haciendo las reformas de calado necesarias para modernizar nuestro mercado de trabajo y tejido productivo, que contribuyan a erradicar el altísimo nivel de desempleo histórico en nuestro país.

Pero si se trata de un Gobierno apoyado por un camarote de los hermanos Marx con fuerzas de izquierda, nacionalistas, populistas e independentistas, la estabilidad del futuro Gabinete y la idea y venida de ocurrencias políticas en materia laboral puede ser también un lobo feroz para la inversión y la creación de empleo que viene, por más que algunos lo pongan en duda, de la iniciativa privada fundamentalmente.

El resultado podrían ser las medidas que irían precisamente en la dirección opuesta a las que necesita un país europeo moderno para apuntalar el crecimiento económico, la confianza empresarial y la generación de nuevos puestos de trabajo.

Unas elecciones en la próxima primavera tampoco serían buenas, paralizarían el país, alargarían la incertidumbre y no asegurarían en absoluto que el nuevo resultado en las urnas despejara el panorama de la gobernabilidad del país.

Un complicado puzle en el que se requiere una alta responsabilidad y sentido de Estado para convertir la inestabilidad en oportunidad. Si queremos andar el camino que dirige al norte y centro de Europa, es el momento para la gran alianza entre las tres fuerzas que podrían ponerse de acuerdo: PP, PSOE y Ciudadanos.

Si no queremos iniciar un viaje que nos acerque a Grecia o Portugal.