Una treintena de halcones patrulla cada día para prevenir choques entre aviones y aves

  • Madrid, 10 may (EFE).- Una treintena de halcones "patrulla" cada día Barajas para evitar que bandadas de aves se acerquen al aeropuerto y choquen con los aviones, especialmente durante las maniobras de despegue y aterrizaje, momento en el que estos impactos pueden resultar fatales.

Una treintena de halcones patrulla cada día para prevenir choques entre aviones y aves

Una treintena de halcones patrulla cada día para prevenir choques entre aviones y aves

Madrid, 10 may (EFE).- Una treintena de halcones "patrulla" cada día Barajas para evitar que bandadas de aves se acerquen al aeropuerto y choquen con los aviones, especialmente durante las maniobras de despegue y aterrizaje, momento en el que estos impactos pueden resultar fatales.

Según los asesores legales estadounidenses de "Aviation Law", de entre las 33 primeras causas que pueden provocar la caída de un avión los impactos con aves ocupan el puesto número 29.

En términos económicos suponen unos 480 millones de dólares anuales a la aviación estadounidense, de acuerdo con los cálculos de la Federal Aviation Administration (FAA) de EEUU.

Por ello, en los aeropuertos se utilizan distintos métodos para ahuyentar a las aves, como los sonidos de alarma o los detonadores. Estos sistemas funcionan en un principio porque asustan a los pájaros, pero se llegan a acostumbrar a ellos.

Esto es lo que opina Jesús Rero, que lleva casi cuarenta años al frente del Servicio del Control de Fauna del aeropuerto madrileño, creado por Félix Rodríguez de la Fuente en 1970.

El equipo del naturalista llegó a Barajas dos años después de que "los americanos" les contrataran para alejar con halcones los pájaros de la base aérea de Torrejón.

En Torrejón trabajaban con seis halcones, los mismos con los que empezaron en Barajas. Ahora son casi un centenar de varias especies: harries, azores, aplomados e híbridos, entre otros. De ellos, 34 están operativos y el resto en cría, "fuera de servicio" o en fase de muda.

Durante las 24 horas de los 365 días del año, los halcones de Barajas recorren el aeropuerto para ahuyentar a las aves.

Se utilizan dos métodos, según Rero. Uno se aplica cuando se detecta que hay aves en las pistas. Entonces, se sueltan los halcones, previamente adiestrados, para que las espanten.

El otro es "el sobrevuelo constante" en las parcelas donde pueda haber más riesgo para que las aves no se acerquen.

"No se trata de matar. Es un control disuasorio. Las aves saben que los halcones son su enemigo natural y no se acercan", explica Jesús Rero, que asegura que todas las horas son buenas para hacer estos vuelos, aunque en verano son mejores las primeras horas del día o las últimas de la tarde.

Los halconeros están en contacto directo con la torre de control. Cuando se registra un impacto entre un ave y un avión, se dirigen a la aeronave para sacar fotografías y redactar un informe. En él se especifica el tipo de "pájaro con el que se chocó y la zona donde se produjo el incidente".

Rero, que trabaja con la empresa Alcántara de la Matilla, propiedad de la viuda de Rodríguez de la Fuente y concesionaria del servicio en Barajas desde su creación, explica con orgullo que este método de control de fauna ha sido implantado ya en unos 36 aeropuertos civiles y militares de España.

Da especial importancia a que estas aves de presa sean criadas en el aeropuerto porque "desde su nacimiento ya están acostumbrados a los ruidos de las instalaciones".

La vida laboral de los halcones suele ser de unos 15 ó 16 años. A partir de ese momento empiezan a tener problemas de vista y ya no son tan operativos. Pasan entonces a ser utilizados para la reproducción.

En honor al legendario naturalista, Jesús Rero sigue poniendo a los halcones los nombres con los que los bautizó Rodríguez de la Fuente.

"Les ponía nombres medievales porque en esa época la cetrería alcanzó su esplendor". Las seis aves de presa con las que se empezó a trabajar eran Minaya, La Perla, Durandal, Doña Aldonza, Doña Elvira y Don Mendo.

Todavía se ponen estos apelativos y ya vamos por "Don Mendo III", explicó Rero, que puntualizó que también se han introducido otros nombres más modernos.