Investigadores murcianos detectan niveles contaminantes medibles en la Antártida y una disminución de pingüinos

Miguel Motas, uno de los investigadores, destaca su expedición a la Antártida como "la mejor experiencia de su vida"

MURCIA, 17 (EUROPA PRESS)

Los investigadores del área de Toxicología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia (UMU), Miguel Motas y Silvia Jerez, que han estado más de dos meses en la Antártida desarrollando un proyecto del Ministerio de Ciencia e Innovación dentro de la Campaña Antártica Española 2008-2009, han detectado niveles de contaminantes medibles en este continente, mayores donde hay presencia humana, así como una disminución en la población de pingüinos.

Según informó a Europa Press Motas, profesor titular de la Unidad Organizativa de Ciencias Sociosanitarias de la UMU, estos hallazgos se corresponden con resultados preliminares, y aún quedan por examinar muestras congeladas que llegaron hoy al Puerto de Cartagena a bordo del Buque de Investigación Oceanográfica (BIO) Las Palmas y que permitirán dilucidar con más exactitud el desencadenante de estos contaminantes tóxicos en una zona del planeta que, a priori, es "la más pura del mundo", alejada de la humanidad.

El estudio de estos contaminantes adquiere "especial importancia" en estos momentos para el análisis de la influencia del cambio climático, que derrite los polos y libera los agentes contaminantes almacenados durante años de actividad industrial y vertidos humanos en estratos inferiores de hielo. Así pues, estos agentes liberados pueden repercutir en los pingüinos y en la fauna antártica, por un efecto de vertido.

De esta forma, el objetivo del proyecto fue determinar la influencia del cambio climático en la salud de los pingüinos, desde el punto de vista de la acción de las bacterias, los parásitos y la recogida de muestras para estudios toxicológicos, con la intención de ver la posible contaminación en la zona.

Y es que la Antártida se convierte en un sitio "especial" desde el punto de vista de la toxicología, puesto que es "probablemente la zona más pura del Planeta al haber estado aislada de la actividad humana e industrial y constituye el mejor laboratorio natural que tiene la especie humana", explicó Motas.

Precisamente, esta circunstancia llevó a los dos investigadores murcianos a 12.325 kilómetros de distancia de su hogar, como parte del proyecto de investigación consistente en recoger muestras de pingüinos papúa, barbijo y adelia, evaluando la exposición a los agentes contaminantes del entorno que se creían, hasta hace poco, inexistentes o de poca relevancia.

Motas, a la espera de las muestras tomadas en la Antártida, avanzó que los tóxicos que han detectado en este continente tienen una procedencia "multifactorial", y no garantizó que el cambio climático esté detrás de estas consecuencias observadas. "Puede que el cambio climático haga que nuevas especies de bacterias y parásitos afecten a los animales, pero a lo mejor no, y sólo responden a movimientos migratorios que no tenemos controlados", especuló.

Por ello, apuntó posibles múltiples factores de influencia en la disminución de los pingüinos, como la reducción del 'Krill' --unos crustáceos que sirven de alimento y que cimientan la cadena trófica de la fauna del continente--, así como la presencia humana, en general, que "trae consigo contaminación, como los combustibles utilizados por los barcos, las pinturas, los barnices, las cerillas, el cemento, o el material fotográfico".

No obstante, Motas descartó que los niveles de contaminantes "sean suficientes como para matar un animal", aunque especificó que "lo que hay que ver es si esos niveles pueden hacer que el animal tenga problemas para reproducirse, si pueden aumentar la presencia de tumores, si pueden disminuir la supervivencia de la progenie, o que comprometa su sistema inmunológico".

Otro de los objetivos del proyecto consistirá en comparar los parámetros detectados en la Antártida con otras zonas, pero Motas ya advirtió que "normalmente, a mayor presencia humana, mayor presencia de contaminantes", por lo que dedujo que en una zona tan remota como la Antártida "tienes menos contaminantes que en una zona rural, y esta menos que en una urbana".

De todas formas, afirmó que el nivel de contaminación de la Antártida "es el nivel basal sobre el que comparar con otras zonas y, si allí aumentan las cosas, supondrá una alarma para el resto del mundo, ya que es extraño que en una zona tan pura se empiecen a notar este tipo de problemas". Por todo ello, estimó que la investigación supone "una labor de toxicovigilancia".

Las muestras que hoy recibirán los investigadores llegarán en el BIO Las Palmas "refrigeradas y congeladas, como cadáveres, por ejemplo, si teníamos la suerte de que no hubiesen atacados otros predadores". Los investigadores de la UMU recogían todos los órganos importantes desde el punto de vista 'toxicocinético', como el riñón, el hueso, el músculo, o el contenido gástrico, que permiten comprobar cómo el tóxico se reparte en el organismo".

Este tipo de muestras aclaran si los animales mantuvieron una exposición aguda al contaminante --como el cadmio, el plomo o el mercurio-- o si, por el contrario, fue crónica, dependiendo de su proporción. Y es que la exposición aguda es "en un corto espacio de tiempo, a una cantidad realmente importante de contaminante, mientras que la crónica, normalmente, son a pequeñas cantidades del tóxico durante mucho tiempo".

LA MEJOR EXPERIENCIA DE SU VIDA.

Los dos meses de estancia que Motas pasó en la base antártica Gabriel de Castilla representaron una experiencia profesional "muy provechosa, por el aprendizaje y por la convivencia con más de 20 personas en la base, entre la dotación militar y otros científicos como sismólogos, geólogos, y vulcanólogos, todos ellos de diversas nacionalidades, españoles, rusos, portugueses y argentinos, entre otros".

"Desde el punto de vista humano, por resumirlo en una frase, es la mejor experiencia que he tenido en mi vida, ya que las relaciones personales fueron muy buenas en aquellas situaciones extremas y duras de convivencia las 24 horas, han salido amistades", añadió Motas.

La otra investigadora de la UMU, Silvia Jerez, que partió unos 15 días después de Motas en dirección a la Antártida, se encontraba en otra base argentina permanente en la isla Rey Jorge, y se dedicó a complementar, sobre todo, los experimentos toxicológicos.

La distancia no impidió a los dos investigadores permanecer en contacto "cuando el correo electrónico lo permitió". Y es que ésta fue una de las dificultades que los dos investigadores tuvieron que pasar en su estancia, con un acceso limitado de 300 kilobytes diarios al 'mail' --que estuvo dos semanas estropeado--, y con acceso a Internet durante no más de 15 minutos los sábados.

No obstante, Motas y Jerez mantuvieron actualizado un blog en Internet sobre su 'Expedición antártica', que se puede consultar en 'http://expedicionenlaantartida.blogspot.com/', donde fueron publicando todos los detalles de la expedición y que suscitó un gran interés, como demuestran las 4.643 visitas que recibió de 36 países o territorios distintos.

Pero los dos investigadores tuvieron que pasar otras penurias y situaciones que entrañaban peligro, como encontrarse con leones marinos, que son animales "salvajes y defienden su territorio, por lo que tienes que tomar medidas de precaución, como no cortarles nunca la salida natural al agua, puesto que, de ser así, van a atacarte o a amedrentarte".

La climatología también fue un factor de riesgo, ya que "cambia mucho el tiempo, con vientos fuertes y sensación térmica de menos diez grados", motivo por el que "hay que ir bien equipado, y ser previsor". El agua también era peligrosa, y era obligatorio vestir el 'Vicking', un traje especial aislante, así como no ir nunca sólo y asumir otras precauciones básicas de "sentido común".